Un país a la deriva

Rebelión: ni sedición, ni conflicto político.

14.04.18 | 12:13. Archivado en Política Nacional

UNA INDEPENDENCIA UNILATERAL NO ES UN CONFLICTO POLÍTICO / LA EUROORDEN NO SIRVE PARA NADA EN CASOS IMPORTANTES.


Es una vergüenza ver cómo aumentan los testimonios y declaraciones de personajillos de diverso pelaje empeñados en circunscribir lo que es una rebelión sin paliativos a un mero conflicto político que debe ser resuelto como tal y nunca por medios judiciales. Entre los “expertos” opinadores figuran sujetos como el expresidente del Ecuador, Rafael Correa, o el expresidente del Parlamento europeo, el irlandés Pat Cox. En el primer caso, basta decir que fue íntimo amigo del dictador Hugo Chávez de Venezuela. Alguien incapaz de aceptar las críticas y controlador de los medios de comunicación y la disidencia al igual que su amigo. Así que su opinión está totalmente desautorizada. En cuanto al segundo, no creo que sea el más adecuado para opinar cuando es evidente su parcialidad en cuanto a ver con simpatía la reunificación de su propio país con la incorporación desea parte de la isla, Irlanda del Norte y el apoyo indisimulado al terrorismo del IRA durante la ocupación militar del Reino Unido.

No quiero dejar de denunciar la nula respuesta por parte del Gobierno de España y de la estructura de embajadas y consulados, principalmente en los países de la UE, para desmontar estos mensajes que intentan vender una realidad inexistente. Porque el independentismo no puede ser considerado una opción política aceptable al llevar implícita la destrucción de la Nación, en este caso de España. Y ello porque se ha estado inculcando un sentimiento nacionalista beligerante con el resto de España, retrotrayéndose a más de 300 años y una guerra de secesión de la que España no salió bien parada con pérdidas importantes de territorios y la creación de una colonia británica en la misma península, la zona del Peñón de Gibraltar que sigue siendo un punto de conflicto territorial y de soberanía. Pero es que la realidad histórica se aleja mucho de la que se han inventado los nacionalistas catalanes. Una región más de España que ha sido siempre favorecida por los Gobiernos centrales de España desde los comienzos de la revolución industrial junto a las provincias vascas en detrimento del resto de regiones.

Solo la debilidad del Estado fue la que propició en determinadas etapas el que el nacionalismo tanto catalán como vasco, intentasen dar un paso decisivo hacia la independencia de sus territorios de España. Todos ya conocen como fue la respuesta contundente de la República ante la rebelión y declaración de independencia con la ocupación militar y la detención de los principales líderes políticos sublevados. Una respuesta que no es comparable a la más que contenida intervención del Gobierno de España apoyada en una aprobación por la mayoría del Senado de medidas concretas bajo el amparo del artículo 155 de la Constitución. En ninguno de ambos sucesos los nacionalistas contaban con el respaldo de la mayoría de los ciudadanos de Cataluña, aunque en el golpe de Estado del 2017, los partidos independentistas disponían de mayoría parlamentaria. Es verdad que mínima y gracias a una ley electoral dudosamente democrática al permitir que los escaños que se adjudican no tengan igualdad de votos requeridos necesarios en función de la circunscripción electoral.

Lo que tiene de característico el acto de rebelión del 2017 es precisamente el que a la violación de la Constitución y del Estatuto de autonomía, con la aprobación de leyes encaminadas a consolidar la declaración de independencia y de la soberanía del pueblo catalán y a avanzar como nueva República con estructuras de Estado propias, se sucedió la realización de un referéndum ilegal con la complicidad de las fuerzas policiales autonómicas y de asociaciones civiles independentistas que usaron a sus militantes para enfrentarse a ls FFyCCSE del Estado encargadas de impedir dicho referéndum. Un enfrentamiento que nada tuvo de pacífico y que ha sido el argumento esencial para contemplar el delito de rebelión, mucho más grave que el de sedición. En ningún caso se puede aducir que la rebelión o la sedición sean de índole política y no revolucionaria con componente de violencia, ya que ésta existió y no como casos aislados sino de forma global en todo el territorio de Cataluña con la aparición de masas fanatizadas atacando a las FFyCCSE con la pasividad y complicidad demostrada del cuerpo policial autonómico.

Creo urgente impulsar una campaña diplomática a gran escala a nivel europeo donde parece estar cogiendo cuerpo las tesis favorables a considerar esta insurrección como un acto político donde se discute incluso la existencia de violencia. Una opinión que se ha instalado desde que la propaganda de los golpistas difundió la mentira de la existencia de más de 800 heridos achacados a la dura represión policial, cuando fue precisamente todo lo contrario. La incompetencia e incapacidad del Gobierno de España y de sus embajadores y cónsules para desmontar esas mentiras es lo que nos ha llevado a esta situación de escarnio y burla, donde cualquier tribunal de provincias de un país como Alemania se atreve a dudar de nuestro sistema de independencia entre poderes del Estado y del respeto a los derechos democráticos de los ciudadanos.

Un solo juez, por muy del Tribunal Supremo y con arrestos que sea, no puede competir con esa propaganda subversiva que ha calado en el subconsciente de muchos ciudadanos de la UE y de sus Gobiernos. Esa y no otra razón es la que hace de la euroorden un papel mojado.

Y en esa situación es en la que se encuentra actualmente el juez Pablo Llarena manteniendo una lucha desigual donde ya se ha visto obligado a retirar una vez la euroorden para que no se viese devaluada e incluso rechazada. Una dificultad agravada por una norma europea que en vez de aunar legislación sigue permitiendo legislaciones inconexas y hasta discrepantes en el tratamiento de determinados delitos, precisamente los de mayor gravedad a efectos de la integridad territorial de un Estado. Una situación aberrante no solo en el orden judicial sino también en el meramente fiscal, que permite la existencia de auténticos paraísos donde encuentran refugio defraudadores, oportunistas y delincuentes. Así que no es de extrañar el que los golpistas hayan encontrado refugio y hasta comprensión en esos países dando por buena su versión de los hechos y poniendo en cuarentena y bajo duda la versión de la Justicia española y del Gobierno de España.

Y así no vamos a ningún lado. Porque como ya dicen muchas voces de euroescépticos, la UE no parece ser un club tan atractivo si consideramos los serios inconvenientes en cuanto a la pérdida de Soberanía y libertad de movimientos a la hora de impartir justicia, sin que los beneficios obtenidos los compensen. No es de extrañar que vaya en aumento ese escepticismo y que se transforme en amplio rechazo en muchos países siguiendo la estela del Reino Unido. Yo soy europeísta convencido de que la unión hace la fuerza. Pero lo que no veo por ningún lado es esa unión ni voluntad de avanzar. A los USA la unión les costó una guerra entre Estados de la que aún quedan secuelas y heridas importantes. Y es que se cumple aquello de “unidos, pero no revueltos”. Así que cada Estado conserva su parcela de autonomía legislativa, aunque finalmente esté supeditado a una norma federal que parte del Senado. En la UE falta esa federación real y una confluencia de legislaciones donde el simple hecho de cruzar un Estado no represente inmunidad para los delincuentes.

Falta mucho por hacer. Solo espero que el juez Pablo Llarena no se vea forzado a renunciar a aplicar la ley por la resistencia ante sus demandas de la euroorden que creo que está debida y suficientemente argumentada y avalada por nuestro sistema judicial, tan respetable y garantista como el de cualquier otro socio de la UE y del espacio Schengen de libre circulación de ciudadanos.

Solo espero que el Gobierno de España cumpla con la parte de cometido política que le corresponde para exigir el cumplimiento de los pactos a la UE.

¡Que pasen un buen día!


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