Un país a la deriva

Parlanchines y lenguaraces inexpertos.

09.04.18 | 12:31. Archivado en Política Nacional

EL PP DESPRECIA A CIUDADANOS PORQUE LE PONE ANTE EL ESPEJO. ORIOL JUNQUERAS SE APUNTA AL DIÁLOGO SIN CONDICIONES PREVIAS CON EL ESTADO.

Lo de ayer de Mariano Rajoy como colofón de una Convención sin contenido, hipotecado por el caso “Máster” de Cifuentes y por la suelta de Puigdemont por los jueces alemanes, como se dice en ciertos foros fue de “aurora boreal”. Y es que por mucho que se empeñe, Mariano Rajoy es la antítesis del líder carismático capaz de enaltecer a las masas con su discurso. Y eso que lo intenta, pero es que se nota la impostura, la falta de convicción y, sobre todo, ese aire rancio de otro tiempo que huele a naftalina. Ninguna auto crítica, ninguna propuesta. Solo un mensaje encendido de “salir a ganar e ir con la cabeza bien alta”. Un cierre de filas como aquella clásica maniobra de las cohortes romanas llamada “la tortuga” en las que se agrupaban y disponían sus escudos a los flancos y por la parte superior formando una estructura de coraza imitando al caparazón de ese quelonio, lo más parecido a un blindado moderno, pero en plan pedestre.

Pero el discurso también estuvo plagado de referencias al que consideran su principal enemigo, CIUDADANOS y una referencia de orgullo por su propia gestión e ironizando sobre qué habría pasado si “¿Os imagináis lo que estarían diciendo esa colección de parlanchines que se pasan el día dando lecciones si hubieran hecho la mitad? Llenarían España de cartelones. Se acabaría el incienso para tanto botafumeiro y no habría medallas para todos”. Pues la verdad si de algo se ha destacado este Gobierno ha sido en darse autobombo y apuntarse los éxitos de haber salido de la crisis económica, algo que solo ha tenido un coste, el de haber llevado a la deuda de España al nivel más alto de su historia y que solo la deuda del Estado, sin considerar la del sector privado, haya superado el billón de euros. Y es verdad que se ha creado empleo, pero ¿a qué coste? No es cuestión solo de cantidad, sino también de calidad. Y no ha sido precisamente el impulso del Gobierno el que haya propiciado este crecimiento, sino la competitividad de la economía en un mercado favorable con una financiación casi gratuita y una mano de obra barata en régimen de semi esclavitud y con sus derechos mermados y coartados.

Es muy fácil apuntarse los logros y ponerse las “plumas” sin haber hecho nada para merecerlo y sí remar a favor de corriente. Una economía que sigue teniendo los pies de barro en sectores como el de la construcción que vuelve a dar los mismos síntomas que tuvo antes del estallido de la burbuja. Algo que se ve agravado por el encarecimiento desorbitado de los alquileres en las principales capitales de España y el surgimiento de una economía opaca y semi sumergida de alquileres turísticos y no residenciales. Mariano Rajoy siguió con su discurso despreciando al resto de partidos y apropiándose de ser el único capaz de gobernar diciendo “no han sabido gobernar nunca o no han gobernado jamás…por eso lo prometen todo gratis, sin límites y sin compromiso”. Pues supongo que esos partidos a los que alude que no han sabido gobernar incluye al PSOE, que tendrá muchos defectos, los mismos que afectan al PP como el de la corrupción, pero al que no se puede tachar de no saber gobernar, salvo en esa desgraciada etapa de José Luis Rodríguez Zapatero más empeñado en resucitar la guerra civil y ganarla tras más de 70 años, que de afrontar una crisis económica que vino como un tsunami e inundó todo.

Y siguiendo en ese tono descalificador dijo “no tienen una idea sobre España ni tampoco de España y por eso escudriñan y buscan fuera de nuestro país las recetas que se supone que necesitamos: primarias de Estados Unidos o contrato laboral de nueva Zelanda como quien compra imanes para decorar un frigorífico”. Además de parlanchines les acusó de “lenguaraces”. Una parte importante de su discurso lo dedicó al “diálogo” y aquí quiso repartir las responsabilidades implicando a todos los partidos en la gobernanza del Estado y los grandes pactos, así como una extensa mención al desafío secesionista en Cataluña.

Y en este tema hay que destacar el que Oriol Junqueras se haya sumado al mensaje de Carles Puigdemont pidiendo diálogo diciendo “Queremos dialogar de todo, sin limitaciones por ninguna de las dos partes”. Claro que el diálogo siempre pasa por lo mismo, reconocer a los ciudadanos de la Comunidad autónoma de Cataluña el derecho a decidir sobre si quieren seguir o no perteneciendo a España. Es decir, delegar la Soberanía Nacional de todo el pueblo español, en solo una parte de la ciudadanía. Y eso es mucho delegar. Este diálogo parte ya de una condición previa inaceptable para una de las partes, que somos el resto de los españoles que no estamos de acuerdo ni en que exista ese derecho, ni en ceder el nuestro. Porque lo primero que habría que recordar, por obvio, que la Constitución de España se basa en la indisoluble unidad de la nación y eso impide el que puedan aceptarse las aspiraciones separatistas, ni siquiera planteadas de forma “pacífica”. Y desde luego mucho menos con la violencia que han demostrado las fuerzas separatistas al dar el golpe de Estado.

Los golpistas no dejan de apelar al diálogo con una premeditada perversión del lenguaje cuando lo que quieren decir realmente es ultimátum. O la independencia o la rebelión. Y han optado por lo último. Y ha sido esa y no otra razón a que ahora estos golpistas se tengan que enfrentar a la justicia por sus actos. Pero ha habido algunos, como Carles Puigdemont, que cobardemente han huido para eludir asumir sus responsabilidades y se refugian en otros países con la esperanza de obtener comprensión y amparo ante el Estado español. Un discurso plagado de acusaciones difamatorias, de mentiras, que por desgracia ni este Gobierno, ni la oposición, son capaces de rebatir y de exigir a esos países una solidaridad que parecen lejos de dar, poniendo en riesgo la propia esencia de la UE al cuestionar las decisiones judiciales y el mismo Estado de Derecho de un país miembro y socio. Una actitud que pone en peligro el ya deteriorado apoyo de los ciudadanos a unas Instituciones incapaces de consensuar una política común en los aspectos más esenciales como la economía, la defensa y la seguridad de sus ciudadanos, con un sistema judicial disperso y heterogéneo que se demuestra ineficaz.

El caso de Carles Puigdemont y el resto de fugados puede ser un punto de inflexión en nuestra relación con la UE. Y creo que de producirse una negativa a la extradición avalando el golpe de Estado perpetrado por los ya presos en España y por los fugados en Bélgica, Reino Unido, Suiza y ahora Alemania, podría resultar en un cambio radical en la opinión pública sobre la conveniencia de seguir perteneciendo a la UE en estas condiciones y mantener el espacio de libre circulación, retornando al control de fronteras más estricto.

No se trata de que España justifique cómo actúa su justicia, ya que está absolutamente reconocida y homologada con el resto de países de la UE y en algunos aspectos es mucho más permisiva como el de que puedan existir partidos que aspiran a destruir España independizando una parte de su territorio. Lo que hay que hacer es cumplir con los pactos y aplicarlos cuando se trata de facilitar la acción de la justicia y no entorpecerla como están haciendo los diferentes estamentos judiciales de esos países como Suiza y Bélgica, o de sus estados federados como Escocia en el Reino Unido, o Schleswig Holstein en Alemania.

Solo espero que impere la sensatez y finalmente se den curso sin restricciones a las euroórdenes de detención y extradición que ha solicitado el Tribunal Supremo de España a la justicia de los países que han acogido a esos prófugos y les dan cobijo. La independencia judicial no puede estar por encima de la ley, en este caso la que recoge en toda la UE cómo se ha de actuar ante la emisión de una euroorden.

¡Que pasen un buen día!


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