Un país a la deriva

Seguridad Nacional.

08.04.18 | 10:39. Archivado en Política Nacional

CONGRESO DEL PP CON CRISTINA CIFUENTES EN PLAN ESTELAR. PUIGDEMONT PONTIFICA DESDE BERLIN SIN OPOSICIÓN.

¡Menudo Congreso este del PP! El de la pre-feria de Sevilla. Un Congreso que pasará a la historia de ese partido como el de las lealtades inquebrantables y el del culto al líder. Una imagen muy poco ejemplar en un partido que no realiza ninguna auto crítica y antepone sus intereses cortoplacistas sobre todo lo demás. Un Congreso donde solo una voz discrepante con el aborregamiento general puso una nota de mínima ética al no dar por buena la versión oficial y plantear dudas razonables sobre lo que ha dominado la atención durante este fin de semana, el caso “Master” de Cristina Cifuentes, la actual Presidenta de la Comunidad de Madrid. Es voz no podía ser otra que la de quien está llamado a ser el sucesor de este petrificado Mariano Rajoy. Gallego como él, Presidente de la Comunidad de Galicia y hombre pragmático y de consenso que nada entre las dos aguas del nacionalismo gallego emergente y del constitucionalismo tradicional. Un difícil equilibrio que se evidencia en un constante descenso de esa cómoda mayoría del PPG desde la época de Manuel Fraga.

Porque el PP con ese “cierre de filas” en torno a Cifuentes y ese lema de ¡hay que apoyar a los nuestros”, transmite una imagen de partido más empeñado en conservar el poder que en resolver los graves problemas internos que le afectan. Principalmente el de la corrupción y un liderazgo alejado de su propio electorado, empeñado en aplicar políticas confiscadoras propias de una socialdemocracia escorada a la extrema izquierda. Su nula voluntad de mantener cortafuegos con aquellos implicados en asuntos nada ejemplares por acción o por omisión, es la responsable de su caída en intención de voto. Y hace muy mal en fijar su dianas en CIUDADANOS y no en quienes son su verdaderos oponentes políticos, esa coalición de izquierdas de PSOE- UNIDOS PODEMOS que no ocultan su ansiedad por conseguir esa revancha y desplazar a la que llaman coalición de derechas.

Una situación de descomposición de la derecha tradicional que fortalece a un liberalismo de izquierda empeñado en camuflarse un utópico centro moderado heredero de la antigua CDS de Adolfo Suarez. Y es que lo peor que puede haber es la impostura. Ni la derecha puede disfrazarse de izquierda socialdemócrata, ni la izquierda, por muy liberal que sea, puede ocupar ese espacio de la derecha tradicional. Lo que parce claro es que la izquierda se ha agrupado en el extremismo radical con un PSOE desnortado e incapaz de dar un mensaje coherente a su electorado que no comparte esas alianzas. Porque hay algo mucho más importante que las propias ambiciones de esos partidos, y es el resurgimiento del sentimiento nacional español como respuesta a los ataques del independentismo radical en Cataluña y la falta de contundencia del Ejecutivo y legislativo que ha dejado todo en manos del poder judicial. A lo que hay que añadir el ejemplar comportamiento del Rey D. Felipe VI en su determinación para condenar y rechazar de pleno las intenciones de los golpistas catalanes.

El PP ha defraudado a millones de españoles por su actitud numantina de defensa de esas manzanas podridas sin sacarlas del cesto. Un código ético demasiado laxo que elude adoptar medidas políticas y lo fía todo a las causas judiciales. Porque la lealtad no puede ser ciega cuando los hechos parecen ser tozudos y son sólidos indicios de comportamiento irregular o presuntamente delictivo. La fe no puede sustituir a la razón. Y es verdad que siempre hay que anteponer la presunción de inocencia, pero eso hay que circunscribirlo al proceso judicial, pero no al político. Porque es mucho más importante mantener los principios y aplicarlos con determinación y rotundidad, que hacer como si no pasase nada o se tratase del típico ataque o persecución o conspiraciones de enemigos o amigos en una cacería “ad hominem”. Una realidad que no exime de que los hechos existan y otros intenten aprovecharlos para sus fines.

Este Congreso ha sido todo un desperdicio de la oportunidad de cambiar el mensaje a los ciudadanos. Se ha evidenciado la imposición del discurso monolítico de una ejecutiva anquilosada y no dispuesta a renovarse ni a renovar el partido dejando paso a nuevas generaciones más pegadas a la realidad política de España y sin el lastre de la corrupción.

En otro orden de cosas, seguimos con el culebrón de Carles Puigdemont, el payés errante como le identifica el periodista José Domínguez, el fugitivo cocomocho, o cualquier otro epíteto que pueda definir a este cobarde prófugo de la justicia que tanto daño está haciendo a España. No sin la complicidad de la justicia de terceros países que, como Bélgica y ahora Alemania, evidencian la nula efectividad de la política común de la UE, donde algo tan esencial como la justicia actúa de barrera y favorece la huida y refugio de delincuentes y golpistas. Porque la supuesta no injerencia en asuntos judiciales ha sido vulnerada de forma totalmente inaceptable por la Ministra de Justicia de Alemania al posicionarse gravemente comentando la decisión judicial de liberar al prófugo y exonerarle del principal cargo que la euroorden reflejaba, emitiendo un juicio de valor sobre el fondo del asunto, algo fuera del espíritu de agilidad y confianza entre sistemas judiciales de países miembros de la UE que, además, comparten el espacio Schengen de libre circulación de personas.

Un esperpento más que añadir a la ya larga fuga de cinco meses donde Carles Puigdemont sigue aprovechándose de los medios de comunicación y de los apoyos de otras formaciones políticas afines separatistas en su mayor parte, o simplemente de ideología pretendidamente progresista como esta socialdemocracia alemana que ahora gobierna en coalición con el partido demócrata. Ayer el fugitivo dio una nueva rueda de prensa donde no ahorró acusaciones a España y al Gobierno pidiendo su injerencia en el poder judicial para imponer la candidatura del preso golpista Jordi Sánchez a la Presidencia de la Generalidad. Vuelve a pedir diálogo, tal y como lo entienden los golpistas, en un trágala y permitir algo inaceptable como es el robo de la soberanía de cuarenta y tres millones de españoles por solo dos millones de fanatizados independentistas. Un discurso que no por repetirlo mil veces deja de ser una gran mentira, una manipulación grosera por quien demuestra su cobardía eludiendo a la justicia y dejando que sean otros los que carguen con la prisión.

Solo faltan días para que la justicia, encarnada por el juez del tribunal Supremo Pablo Llarena, culmine su labor, sea firme su Auto de procesamiento y se dictaminen las inhabilitaciones a los procesados para ejercer cualquier cargo público, cuyo plazo se determinará cuando se emita sentencia en el juicio. Mientras tanto, hay que hacer lo posible para que no se produzca un fraude de ley. No se puede permitir que un procesado por delitos tan graves como el de rebelión, pueda someterse a una investidura como candidato a la Presidencia del Gobierno de la Generalidad. Los derechos constitucionales no están intactos como pretenden imponer los golpistas apoyados en una mera admisión a trámite del organismo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra (Suiza), país que ni siquiera cumple con los requisitos de extraditar a una de las principales responsables de l golpe de Estado, Marta Rovira de ERC.

La ONU no puede imponer nada sin haber escuchado a ambas partes y mucho menos establecer medidas cautelares que bloqueen el normal desarrollo de la justicia en un asunto que es de Seguridad Nacional. Ya es vergonzoso el que un tribunal extranjero haya querido dar lecciones a la justicia de España pronunciándose sobre la legislación existente y cuestionando la euroorden y los delitos reflejados en ella. Y no solo eso, sino negando la extradición por el principal delito que su propia legislación contempla incluso con mayores condenas penales. Una actitud inadmisible que debe ser rotundamente protestada ante los organismos de la UE y nate el propio Gobierno de Alemania.

Creo que aquí, como ya hizo el Reino Unido, se puede apelar al interés de la Seguridad Nacional, para evitar que los golpistas puedan salirse con sus pretensiones de mantener vivo el conflicto con el Estado de Derecho usando argucias legales y los plazos ineludibles de la justicia. Debemos evitarlo a toda costa.

¡Qué pasen un buen día!


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