Un país a la deriva

La feria de las vanidades.

05.04.18 | 10:52. Archivado en Política Nacional

CRISTINA CIFUENTES ACORRALADA POR LA JAURÍA DE LA IZQUIERDA.

Cristina Cifuentes ha terminado por caer en los peores pecados posibles, la vanidad y la soberbia. Algo clásico en una casta política acostumbrada a sentirse por encima del resto de ciudadanos y con bula para exigir un trato de favor. Y ha sido precisamente eso lo que le ha llevado, algunos dicen que por “fuego amigo”, a ser acusada de haber mentido en su currículo académico al incorporar un Máster cuya realización contiene aparentemente numerosas irregularidades y contradicciones. Un mal endémico por el que algunos intentan “inflar” ese currículo para darle más empaque y una falsa imagen de haber demostrado interés y esfuerzo en proseguir con la formación académica y no limitarla a un simple título de graduación. Es así que es muy normal el que en esos currículos aparezcan Masters, cursos en Universidades de prestigio, simposios diversos, publicaciones de artículos, etc, etc., que normalmente nadie pone en cuestión. Todo en aras en darles un relumbrón que ensalce la figura del político en cuestión.

Y como ya dijo Jesús de Nazaret a los fariseos defendiendo a la mujer acusada de adulterio y que iba a ser lapidada: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Aquí también están los fariseos que se rasgan las vestiduras ante la grave acusación a Cristina Cifuentes de haber mentido en su currículo y no aportar las pruebas que ellos le exigen para demostrar su inocencia. Y claro, la hipocresía es dar pábulo a las acusaciones y como dijo ayer la propia Cifuentes, no aportar ellos ninguna prueba que las sustente. ¿Dónde fue a parar la presunción de inocencia que tanto exigen cuando son ellos los acusados? Y es que no importa qué documentos oficiales aporte, ni que reconozca que la universidad le concedió un trato especial, según ella no inusual en otros casos similares, donde el alumno tiene circunstancias concretas que le impiden una asistencia normal a las clases, aunque deba someterse a las pruebas y trabajo de final de máster en su caso.

Hasta ahora, Cristina Cifuentes ha exhibido diversos documentos oficiales y sobre todo el más decisivo: la certificación de notas de todas las asignaturas del Máster. Las dudas surgen precisamente en la contradicción entre fechas y sobre las firmas en ciertos documentos, así como la insinuación de no haberse presentado ante ningún tribunal para defender su trabajo fin de máster, ni que ese tribunal de profesores se hubiera siquiera reunido, ni que exista ese trabajo que ni la Universidad ni Cristina Cifuentes parecen encontrar. Y toda esa serie de interrogantes no han sido hasta ahora despejados y ponen una losa de sospecha sobre algo que, por desgracia, no es inusual, irregularidades o delitos flagrantes de concesión de títulos por parte de algunas universidades plegándose a intereses políticos muy concretos. Porque nadie puede negar que cada universidad tiene un sesgo político, algunas muy pronunciado donde domina determinada ideología. Y ejemplos los tenemos de todos los colores, como la Universidad Complutense de Madrid y su rectorado de izquierda y extrema izquierda, o la de El País Vasco y su evidente filiación ultranacionalista independentista.

Baste recordar los numerosos beneficios carcelarios de reducción de condena obtenidos por presos de ETA con la realización “a distancia” de supuestos estudios en esa Universidad de El País Vasco desde lejanas cárceles. ¿Dónde están los ejercicios y los exámenes de tan responsables alumnos? Las notas y títulos sí que se dieron. O el caso de Íñigo Errejón y su famosa beca laboral en Málaga por un trabajo presencial, donde exhibió el don de la ubicuidad sin poder justificar esa presencia ni el trabajo, por cierto, ni tampoco se ha dignado devolver el importe recibido aún a la Universidad. Y este sujeto de comportamiento nada ejemplar es el que pretende disputar a Cristina Cifuentes y Ángel Gabilondo la presidencia de la Comunidad de Madrid. Y del PSOE también puedo recordar algunos destacados ejemplos de mentiras escandalosas en los currículos académicos. Y no se trata de poner el ventilador en marcha y esparcir esta inmundicia, pero sí de poner de manifiesto que el fariseísmo es evidente. Y es verdad que, de confirmarse que Cristina Cifuentes ha cometido ese acto de soberbia implicando a la Universidad aprovechándose de su cargo de responsabilidad para obtener ese trato de favor y conseguir un título al que no tendría derecho, sería un delito de falseamiento de documento público en el que resultarían implicados profesores y rectorado de la Universidad firmantes de esos documentos.

Ángel Gabilondo ha anunciado que el PSM quiere impulsar una moción de censura a Cristina Cifuentes, mientras que CIUDADANOS prefiere esperar y crear una Comisión parlamentaria que resuelva este caso y dar tiempo para que se aporten pruebas. Y es muy posible que finalmente esas pruebas aparezcan con la explicación más inverosímil, pero siempre quedará la sombra de la duda en lo que, en pura lógica, no se puede entender. Y es que un documento de la importancia de un trabajo final de máster, la autora no haya conservado ni siquiera el borrador que realizó o le transcribieron de su puño y letra y que fue el que supuestamente presentó y defendió ante ese tribunal para obtener el título. Ha habido demasiadas contradicciones y lagunas en el relato que da la impresión de haber ido elaborándose de forma improvisada y como cortafuegos de las acusaciones.

La comisión parlamentaria solo es una forma de alargar un proceso que sin duda será de desgaste y que a un año de las elecciones autonómicas solo beneficia a los que aparentemente mantienen la posición de defender la presunción de inocencia, CIUDADANOS, cosa que el resto de las fuerzas políticas PSM y UNIDOS PODEMOS han negado sentenciando con una acusación de culpabilidad sin aportar ninguna prueba condenatoria y solo meras conjeturas.

Esto no deja de ser un caso más de esa Feria de las vanidades de William Makepeace Thackeray. Un pecado que afecta a una gran parte de la humanidad. El de querer aparentar lo que no se es. Un signo mas de esa soberbia que caracteriza a la clase dominante para sobresalir sobre la plebe y demostrar que si están ahí es porque se lo merecen, por su valía personal. Y aquí he de acudir al viejo refrán español de “dime de qué presumes y te diré de lo que careces”.

¿Alguna vez alguien pedirá perdón por su hipocresía y la desvergüenza de sus discursos moralizadores?

¡Que pasen un buen día!


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Comentarios
  • Comentario por Teresa 05.04.18 | 13:44

    Excelente artículo y real como la vida misma. Lo he vivido y por eso lo se Un saludo

Lunes, 10 de diciembre

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Editado por

  • Vicente A. C. M. Vicente A. C. M.

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