Un país a la deriva

¡Pobres pensionistas! (literalmente)

14.03.18 | 10:28. Archivado en Política Nacional

EL PACTO DE TOLEDO: NOCHES TOLEDANAS DE EMBOZADOS. CONTRIBUCIONES: FRAUDE PIRAMIDAL.


Hoy se debate en el Congreso el sempiterno tema de las pensiones que es uno de los mayores gastos del Presupuesto General del Estado, que es lo mismo que decir de los impuestos de todos los españoles. Pero lo que no tenemos que olvidar es que además el otro gasto más importante es el de la Sanidad, un servicio universal en el que solo la parte de medicamentos está parcialmente subvencionada para los trabajadores y pensionistas, Pero también no menos importante es el gasto en las diferentes Administraciones del Estado, incluyendo claro está a las 17 autonomías en cuanto a sus competencias exclusivas. Las pensiones alcanzan este año los 144.000 millones de euros que representan el 40% del PGE, a los que hay que sumar los casi 20.000 millones de gasto en desempleo. Los ingresos del sistema de contribuciones son claramente insuficientes y en 2017, por primera vez y tras agotar la llamada “hucha de las pensiones”, hubo de acudirse a un préstamo para poder abonar la paga extraordinaria de diciembre. Un concepto el de “extraordinaria” que hasta ahora ha servido como excusa para tratarlas como a una concesión “graciosa” no por que tenga gracia, sino porque se concede como dádiva, cuando en realidad forma parte de un todo que es un bruto.

Porque la forma de abono del bruto total en 14 pagas, dos extraordinarias fijadas en junio y diciembre, es algo meramente administrativo que podía resolverse como se hace en la mayoría de las empresas privadas, esto es, con un prorrateo de estas repartiéndolas en el resto y abonado solo doce mensualidades de igual monto. Porque otra alternativa, obligaría a elevar lo que se considera mensualidad base que se ha tomado como 1/14 avo del total bruto. No existe ninguna razón para seguir manteniendo un sistema de abono de 14 pagas, salvo el que he dicho del puramente administrativo, ya que los presupuestos se basan en ingresos que a su vez dependen de las cotizaciones mensuales de los trabajadores con independencia del reparto de las pagas. Los temas puntuales de la caja solo pueden resolverse mediante créditos o traspasos de fondos. Pero como es ya sabido por todos, la hucha que contuvo en su día hasta 67.000 millones de euros, hace tiempo que el PP la ha vaciado.

Parece que la culpa de todo este problema la tienen los nuevos pensionistas porque se jubilan pronto, porque cobran pensiones mucho mayores al haber cotizado al máximo y porque viven demasiado tiempo. Una ruina insoportable en un sistema piramidal que está fallando estrepitosamente por la crisis económica. Porque este sistema contributivo se basa en que los actuales trabajadores cotizantes, -los del mercado negro no cotizan, ni sus empleadores-, son los que soportan a aquellos que tras una larga vida laboral de cotización se jubilan y se transforman en receptores de pensiones. Hay que mencionar que el Estado también paga una parte no despreciable de las que se llaman “no contributivas” a aquellos que evidentemente nunca cotizaron. Una labor social encomiable aunque discutible, pero que debe salir de los impuestos de los españoles. Y es que es muy fácil gastar del dinero de los demás y ser generoso y solidario.

Y en este escenario es donde los partidos políticos discuten hoy de cómo no arruinarnos a todos y cómo cumplir con el compromiso de ese contrato pactado con los trabajadores para recibir unas pensiones que no se queden congeladas con la “foto finish” del cálculo de prestación “in aeternum”. Porque al igual que las contribuciones aumentaban proporcionalmente con el IPC, ahora las prestaciones deben obligatoriamente estar sujetas al IPC. Algo que el PP de Mariano Rajoy suprimió en el 2012 con la excusa de que también los pensionistas deberían asumir su parte de esfuerzo a la salida de la crisis económica. Un esfuerzo que ha supuesto una perdida real de poder adquisitivo del 10%, a pesar de las dádivas de los ridículos incrementos del 0,25%. Porque no es de recibo haber realizado rescates de la Banca y Cajas de Ahorros que han superado con creces los 250.000 millones de euros, y ahora venir a decir que no se puede cumplir el contrato y mantener la congelación de hecho de las pensiones.

Es cierto que hay mucha demagogia y populismo como el que practica Pablo Iglesias y PODEMOS cuando quieren hipotecarnos en mas de 80.000 millones de euros sin dar soluciones para evitar la quiebra del sistema. Pero mientras se decide la forma de financiar el déficit de ingresos sin un horizonte cercano de recuperación de la base piramidal de empleo y cotizaciones, lo que no es admisible es que sean los más débiles los que se vena abocados a hora a la subsistencia cercana a la pobreza. Se necesitan entre 20 y 22 millones de cotizantes para mantener esa pirámide y la realidad es que estamos muy lejos de alcanzar esa cifra. Así que no queda otra solución que aumentar impuestos de forma general o aumentar la deuda y el déficit presupuestario si la UE nos lo consiente, cosa nada probable. Todo lo demás es marear la perdiz y prorrogar un sufrimiento que lleva a una muerte segura del sistema. No hay paliativos posibles.

El PP se empeña en reeditar el pacto de Toledo para repartir responsabilidades. Cuando desligó las pensiones del IPC, no consultó entonces con el resto de las fuerzas políticas ni sociales, ni tampoco cuando subió esa miseria del 0,25% que casi todos han considerado un insulto y un desprecio a la dignidad de los pensionistas. La solución pasa por un pacto de Estado que esté a salvo de los vaivenes políticos y de los diferentes intereses partidistas del momento. Se trata del más importante pacto social, además de la Sanidad, que representa la mitad de los Presupuestos Generales del Estado. Ora cosa es que a partir de ahora se piense en implantar otro sistema de forma progresiva que se incluya en las nuevas incorporaciones de trabajadores al sistema. Se trataría de que el Estado fuese asumiendo los compromisos adquiridos hasta hoy y que se contemple el nuevo sistema de aportaciones empresariales y de los trabajadores a fondos de pensiones debidamente garantizados y asegurados por el BCE como banca de la UE.

Soluciones las hay, pero debe abandonarse este sistema piramidal cuya principal componente se basa en disponer de un flujo necesario de entradas a la base de cotizantes que no puede asegurarse en épocas de crisis económicas cuando no solo no aumentan, sino que puede disminuir y transformar la pirámide en un cilindro inestable.

Hoy se puede cumplir el dicho de “reunión de pastores, ovejita muerta”, me temo lo peor para las pensiones y los pobres pensionistas.

¡Que pasen un buen día!


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