Un país a la deriva

El Yin y el Yang.

09.03.18 | 12:20. Archivado en Política Nacional

EL PLANETA DE LAS MUJERES: LA REIVINDICACIÓN HIPÓCRITA DEL PRIVILEGIADO PRIMER MUNDO.


Todos los periódicos, los medios de comunicación y los partidos políticos se volcaron ayer en las generalizadas y multitudinarias manifestaciones celebradas en España y en todo el mundo, coincidiendo con el “día internacional de la mujer” fijado para el 8 de marzo. Y hoy se centra en analizarlas y en los detalles morbosos más propios de revistas del corazón sin entrar en el fondo del asunto. Porque hay varias cosas que resultan sorprendentes no ya de la propia existencia de ese día de la mujer, sino también de la demagogia populista de los convocantes, al menos en España, y el oportunismo de todos los partidos políticos que rápidamente aprovecharon la convocatoria para presentarse y tomar las cabeceras de las manifestaciones intentando apropiarse del movimiento y acaparar la atención de los medios con su impostado compromiso con no se sabe muy bien qué tipo de reivindicaciones.

Porque veamos, si era el día de la mujer como símbolo de la parte de la humanidad que representa más de la mitad de la población, las reivindicaciones solo partían de aquella minoría que es la que vive en el llamado primer mundo o mundo desarrollado y civilizado, que tan solo representa a menos de un tercio de la población femenina. Por otro lado, esa parte minoritaria, por el solo hecho de vivir en ese mundo gozan de derechos y libertades impensables para aquellas otras mujeres que sobreviven en el resto del mundo. Y estamos en lo de siempre, en la hipocresía más abyecta de una sociedad privilegiada que basa su poder y su nivel de vida en la actitud supremacista llevada a cabo durante siglos apoyada en la fuerza, en la conquista yen el expolio de los recursos naturales de aquellos a los que sometían y esclavizaban.

Que el mundo ha estado durante milenios dominado por el machismo es innegable, así como que ese dominio se ha ejercido por una determinada élite gobernante con mano de hierro en sistemas donde la democracia fue solo un corto espejismo. Como lo sucedido en las polis griegas o en el inicio del mundo de la república de Roma y su avanzada lex romana con derechos como el repudio, el divorcio. Un machismo bendecido por las religiones la otra gran fuerza represiva de la humanidad brazo espiritual del poder para controlar a los pueblos. Otro espacio vedado a las mujeres y que se limitaba incluso en los tiempos modernos a su papel de retiro espiritual en conventos de clausura para escapar del mundo terrenal donde se les trataba como mercancía, objetos sexuales y mano de obra esclavizada. Simplemente a la mujer incluso se le negaba el que tuviera “alma” y se la equiparaba a los animales.

Pero eso que era genérico no aplicaba en muchos casos a esas mujeres de la élite gobernante. De hecho ha habido mujeres que han desempeñado papeles de relevancia en la Historia. Son singulares los casos en que las crónicas nos ponen de ejemplos a reinas o conspiradoras como las patricias de la vida romana que estaban en la cúspide del poder. Ejemplos como el de Pompeya (segunda mujer de Julio César) o Agripina (madre del emperador Nerón) y a nivel patrio aquellas memorables Blanca de Navarra, Isabel la Católica, Juana la loca, Isabel II y su absolutismo. Y otras que destacaron por su lucha por la desigualdad y el papel de la mujer como Santa Teresa de Jesús, Mariana Pineda (mujer liberal que pagó con su vida su lucha contra Fernando VII), Concepción Arenal, Elena Maseras y una larga lista de mujeres que fueron pioneras en la reivindicación de la mujer en un mundo dominado por los hombres.

Y lo que hay que reconocer es el gran valor de esas mujeres que con su determinación dieron el primer paso hacia la reivindicación del papel de la mujer en el mundo desarrollado. Una labor que tuvo su punto de inflexión cuando se consiguió el voto por la acción de la llamada Alianza Internacional de mujeres y el acceso a aquellas actividades hasta entonces vedadas a ellas en el mundo laboral. Eso sí, casi limitadas a labores en interminables cadenas de producción donde su habilidad era netamente superior en eficacia a la de los hombres en labores rutinarias, o bien como colaboradoras en oficinas como secretarias eficientes o en nuevos trabajos como el de telefonistas o actividades relacionadas con la sanidad como el de enfermeras. Raros eran entonces las que seguían carreras universitarias y prácticamente residuales las que lograban cargos de responsabilidad ejecutiva. Eso sí, eran absolutamente excepcionales aquellas que destacaban en otros campos como la investigación, como fue el caso de Mme. Curie.

Y esa está siendo una lenta y costosa evolución en el mundo desarrollado, en sociedades refractarias a realizar cambios y modificar el papel de la mujer como “ama de casa, reproductora y cuidadora de la prole”. Los avances han sido importantes, pero no suficientes. Es verdad que ahora la mujer “occidental” del mundo desarrollado goza de privilegios impensables para el resto de las mujeres del mundo. Es por eso por lo que su papel reivindicativo no debe solo centrarse en lograr la igualdad total para que se cumplan las leyes en cuanto a derechos reconocidos en la totalidad de las Constituciones de los países democráticos, sino también en luchar por esa mayoría de mujeres sin derechos que viven en el resto de los países donde siguen siendo tratadas como hace milenios e incluso peor. Hay que tener amplitud de miras y no quedarse mirando el ombligo de forma ruin y egoísta. Se trata de hacer justicia y no solo de lograr victorias pírricas solo en cuestiones económicas cuando realmente es un problema de concienciación social, familiar y empresarial.

Porque la realidad es que ningún Gobierno que sepa lo que hace, ni ningún partido político se arriesgará a no atender esas reivindicaciones, aunque solo sea por interés electoral. Pero es que las leyes ya existen y solo falta la voluntad para que se apliquen. Y esa es la verdadera lucha donde hay que concentrar los esfuerzos y no quedarse en meras manifestaciones casi folclóricas que en unos días serán olvidadas en la vuelta a la realidad. Hablan de transversalidad en la participación de las manifestantes, pero lo importante era la unidad de acción en las reivindicaciones, sin que ningún partido se diese por aludido ni responsable. Una hipocresía sobre todo de aquellos que han tenido responsabilidades de Gobierno como el PSOE y el PP y ahora otros nuevos como CIUDADANOS y PODEMOS a nivel más localista o regionalista.

Evidentemente yo no soy mujer y he sido de esa generación educada en un papel predeterminado para el hombre de esa sociedad de la época, y además, coincidente con una dictadura donde se exacerbaba el papel de la mujer en las “labores del hogar” y de “pilar de la familia” como núcleo de la sociedad. Una mentalidad que aún persiste en muchos hombres y también mujeres. Pero sobre todo persiste en aquellos que ven peligrar su poder y ponen toda serie de trabas a que las mujeres compitan en igualdad de oportunidades con los hombres. Por supuesto que hablar de equilibrio y paridad es intentar poner un parche que más parece una concesión puramente estética y magnánima cuando debe ser un derecho, al menos a acudir en igualdad de oportunidades. Claro que siempre podrán poner ejemplos de mujeres triunfadoras que llegan a lo más alto, pero son una excepción. La realidad es bien distinta.

Falta aún mucho por hacer para cambiar a la sociedad de mentalidad. Pero debemos ser conscientes de que esta reivindicación debe servir también para liberar a esa otra gran mayoría de mujeres que siguen sufriendo en países subdesarrollados o con regímenes no democráticos como las dictaduras totalitarias islamistas, o las comunistas del culto al líder supremo de países como Corea del Norte. Esto del supremacismo del hombre sobre la mujer viene de antiguo, desde costumbres tribales y de épocas oscuras bien arraigadas en la memoria colectiva genética y que es un reflejo más de la eterna lucha entre el yin y el yang, las dos fuerzas opuestas y complementarias que rigen todo el universo. Va siendo hora de que esas dos fuerzas alcancen el equilibrio y se complementen en vez de empeñarse en predominar una sobre otra.

¡Que pasen un buen día!


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