Un país a la deriva

El largo camino a la normalidad (4)

26.12.17 | 08:23. Archivado en Política Nacional

LOS NUEVOS "TERCIOS DE FLANDES" EN CONDICIONES VERGONZOSAS. EL JUEZ PABLO LLARENA NO SABE CON QUIÉN NI QUIEN SE LA ESTÁ JUGANDO.

Ayer leí, más que con asombro con tremenda crispación, que el Gobierno de España, en este caso por el Ministerio de Interior y el Ministro Sr. Zoido, se sigue manteniendo a la policía y guardias civiles destacados en Cataluña en unas condiciones vergonzosas. El caso es que solo han cambiado el barco de “Piolín” por otros de casco menos “cantoso” pero con las mismas deficiencias de cumplir como un alojamiento digno y adecuado. Y esto me recuerda la centenaria costumbre de trato a nuestras tropas a las que se abandonaba a su suerte con medios inadecuados para cumplir con su misión. Y sí, como en cualquier aspecto de la vida, se nota que España está a años luz de distancia del trato que otros países dan a sus FFAA destacadas en el extranjero y a sus FFyCCSE. Algunos dirán que es anecdótico, pero el caso es que las denuncias y los vídeos en youtube son lo suficientemente elocuentes para hacernos una idea de las condiciones reales en las que estos servidores públicos del Estado deben enfrentarse y además cumplir con su deber. Y la noticia de ayer fue la del menú de rancho de la cena de Navidad, que consistió en un primer plato de espaguetis y un segundo a base de croquetas y un pescado rebozado y cuatro panecillos, ¡Menudo lujo!

Una dejación completa de quienes creen que estos servidores públicos, por el hecho de serlo, deben soportar estoicamente esas condiciones y además conformarse con la promesa de un futuro económico mejor de quien así les trata y posiblemente deje de estar en el Gobierno para cumplirla. Ni la Policía Nacional ni la Guardia Civil son el servicio de seguridad privado de nadie, y mucho menos del Gobierno de turno. Su juramento o promesa de lealtad y de servicio, no contempla tener que soportar condiciones vergonzosas y miserables que el Estado no se atreve a dar a los presos comunes y mucho menos a los golpistas que mantiene en prisión preventiva, a los que concede un trato exquisito de favor con toda suerte de comodidades. El Gobierno presupone que el cumplimiento del deber debe ser lo primordial, pero se equivoca. Hasta grandes estrategas y ambiciosos líderes como lo fue Julio César, compartía con sus tropas rancho y confraternizaba en sus hogueras en las campañas bélicas. Y así es cómo se ganaban el respeto y la lealtad de sus hombres. Aquí no se pide tanto, pero sí que las condiciones sean dignas y acordes con el sacrificio personal y familiar que se les exige.

Me he permitido la licencia literaria, aunque puede que haya exagerado un poco, en calificar a estas fuerzas como los nuevos tercios de Flandes. Pero la realidad es que Cataluña es un territorio hostil dentro de España y una anomalía en Europa donde el independentismo campa a sus anchas y tiene la calle tomada, contando con la connivencia y complicidad de unas FFyCCS autónomas como los Mossos que han dado ya suficientes pruebas de ello. Y es en ese ambiente hostil donde se les ha exigido devolver la legalidad y controlar la situación. Una labor condenada desde el principio al fracaso, no solo por la baja moral de esas fuerzas públicas, sino por la limitación en la respuesta ante verdaderos ataques a su integridad física, como los hechos vergonzosos de verles perseguidos por la multitud que les lanzaba piedras y cócteles molotov nada improvisados, acosados en sus lugares de residencia, insultados, desafiados y controlados todos sus movimientos por aquellos que deberían ser los responsables de controlar la situación y unos presentadores y medios de comunicación que alentaban esos comportamientos. Entre ellos los Mossos, a los que teóricamente estas fuerzas deberían complementar en su misión de control y cumplimiento de las órdenes recibidas. Solo faltaba en este terrorífico escenario, el que además esa moral se resquebrajase con el trato indigno que se les está dando a nivel personal y como colectivo. ¡No hay vergüenza en este Gobierno!

Y esto me lleva al segundo asunto en el que Mariano Rajoy sigue enquistado en su huida hacia adelante sin hacer la mínima auto crítica y negando la mayor, el que CIUDADANOS ha sido el vencedor y el PPC, al que él personalmente arropó durante toda la campaña electoral, se ha convertido en una fuerza residual en Cataluña con ahora 4 escaños de los 11 que tenía, lo que sin duda redundará en las elecciones generales. De ahí su negativa a extrapolar estos resultados a nivel nacional y negarse a adelantar las elecciones. Este enroque póstumo no lo podrá mantener por mucho tiempo y no solo por las conspiraciones palaciegas para su relevo, sino porque Pedro Sánchez no va a tardar en lanzarse a la yugular de su enemigo al que solo le une un condicionado y temporal apoyo a las medidas de intervención del 155 en una tregua que está a punto de expirar tras las Navidades. De hecho, todo va a depender de un solo hombre, el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena y sus actuaciones a partir del 4 de enero. Y lo primero es decidir si el Diputado autonómico Oriol Junqueras obtendrá la libertad condicional para acudir a tomar posesión de su acta y participar libremente en las sesiones de constitución del Parlamento y, quizás de su propuesta de candidato a la presidencia del Gobierno de la Generalidad. O si finalmente, aunque muy improbable, decidiera suspender temporalmente la orden de detención contra Carles Puigdemont y facilitarle el regreso, cosa que nadie entendería, aunque el Gobierno de Rajoy respiraría mucho mas tranquilo, pues esa era su primera intención, la de permitir que entrasen en el juego democrático pese a la intervención, como así han hecho aunque las calificasen de ilegítimas.

Mariano Rajoy mantiene intacta su estrategia de esconderse tras las togas de los jueces, tanto del Tribunal Supremo como del Constitucional. Ha judicializado todas las actuaciones políticas en una clara dejación de funciones y de impulsar iniciativas en el legislativo para evitar el esperpento de ver cómo los golpistas, que de presuntos no tienen nada y por eso están encausados y a espera de juicio y sentencia, mantienen intactos sus derechos a sufragio y han podido formar parte de las listas electorales y ser elegidos. Una situación aberrante y anómala del todo incomprensible para el común de los ciudadanos, agravada por las intenciones de los golpistas de reeditar el Gobierno cesado e incluso la presidencia de la Mesa del Parlamento autonómico. Y entonces ¿para qué habrán servido las famosas medidas de intervención? Una situación kafkiana de retorno a lo que se conoce como el día de la marmota o vuelta a la casilla de salida en el juego de la oca.

Mariano Rajoy debe asumir su parte más que notable de responsabilidad en la torpeza y actitud melindre de la respuesta y los desastrosos resultados obtenidos, exclusivamente por precipitación y falta de determinación. Debe dejar de esconderse tras los jueces y dar un paso al frente para gobernar, con todo lo que eso significa en cuanto a poner en su sitio a esa oposición desleal y obligarles a retratarse ante los ciudadanos y, al menos, dar un postrero ejemplo de dignidad y valor asumiendo los propios errores y dejar en manos de los españoles que decidamos sobre nuestro futuro. Sé que es mucho pedir para quien no está dispuesto a renunciar a nada, lo que me lleva a preguntarme cuales son las verdaderas razones que le hacen mantener esa numantina posición. La respuesta que intuyo es muy preocupante porque, de ser cierta, me confirmaría la sospecha de que sea por no gozar de plena libertad por estar sometido a presiones externas por alguna causa concreta no edificante y de profundo calado político y personal.

La próxima semana sabremos si el juez Pablo Llarena decide terminar con la prisión preventiva o acelera la Instrucción en su expansión de imputaciones que van camino de superar a la del caso de los falsos ERE’s y el "fondo de reptiles" durante la fase de Instrucción de la jueza Mercedes Alaya. Y ya sabemos cómo está esa macro causa que comienza su andadura por fascículos en los juicios orales. Se quiera o no , la Justicia se inmiscuye, normalmente a su pesar, en asuntos políticos, al igual que la política se inmiscuye de forma vergonzosa en asuntos judiciales. En ambos, la democracia sale perdiendo y los ciudadanos vemos cómo corruptos y golpistas pueden “salirse de rositas”, sobre todo si pertenecen a la casta política que actúa como un sindicato gremial en la defensa de sus miembros e intereses, sin importarles las consecuencias para el resto de los ciudadanos.

¡Que pasen un buen día!


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