Un país a la deriva

El hundimiento de España (19)

20.10.17 | 08:29. Archivado en Política Nacional

LOS GOLPISTAS PROCLAMARÁN LA INDEPENDENCIA ANTES DE QUE EL GOBIERNO HAGA EFECTIVAS LAS MEDIDAS SELECTIVAS DEL ARTÍCULO 155 DE LA CONSTITUCIÓN.

Ayer eché en cara que Mariano Rajoy no modificase su agenda de trabajo y se fuera a la cumbre de Jefes de Estado en Bruselas, para obtener la foto del apoyo de la UE a su plan de actuación con el manido 155. Una crítica que también hice extensiva al Jefe del Estado, el Rey D. Felipe, por ocupar de nuevo su agenda con actos variopintos donde destaca la cena gala de esta noche de los premios Princesa de Asturias en el Teatro Campoamor en Oviedo. Un acto en el que su presencia no era del todo imprescindible, ya que la reina Dª Letizia bien podía haber desempeñado su representación en nombre de la Princesa de Asturias, la Infanta Leonor. Solo recordar que precisamente hoy se cumplen 36 años (1981) de la primera presidencia y discurso del actual Rey en esos premios con tan solo 13 años. La princesa Leonor está a días de cumplir los 12 años. Lo destacado políticamente del acto de hoy radica en el premio a la concordia concedido a la UE por los responsables del certamen, y que va a contar con la presencia de las máximas autoridades de la UE con el Presidente de la Eurocámara, Antonio Tajani, el Presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Junker y el Presidente del Consejo Europeo, Donal Tusk, actuando de anfitrión el Presidente del Gobierno de España Mariano Rajoy. Y todo eso, bajo la amenaza real de una próxima declaración de independencia, que puede ocurrir en cualquier momento tras el Consejo de Ministros retrasado a mañana sábado 21 de octubre.

Porque lo que es del todo incuestionable es la gran limitación, no solo psicológica, sino real que tiene el Gobierno de España para actuar con otras medidas mucho más ágiles y rotundas que la descafeinada y tremendamente limitada del artículo 155 de la Constitución. Y mucha culpa de ello la tienen los partidos que se dicen constitucionalistas, y principalmente un PSOE irreconocible que se ve obligado a dar un apoyo para algo en lo que no cree. Un PSOE al que yo defino como PSPS (Partido Socialista de Pedro Sánchez) donde se ha renegado del actual sistema constitucional y se ha aprobado en su Congreso en Granada reconocer la existencia de unos pueblos diferenciados y con derechos a decidir su futuro, definidos como naciones y sujetos de derecho y decididos a modificar la Constitución para que se reconozca esta nueva concepción de España como nación de naciones. Así que de un plumazo se pretende acabar con la definición de España recogida en la Constitución de 1978: constituida como “Estado social y democrático de Derecho”, con la Soberanía Nacional “La soberanía nacional reside en el pueblo español” repartiéndola en una tarta incomestible y en cambiar el sistema político de “Monarquía parlamentaria” a “República plurinacional, en forma de República Federal de las naciones españolas, una RFNE, o unos Estados Unidos de Iberia, EUI, si a este proyecto se une Portugal, o las siglas que se les ocurran.

Es decir, el PSPS está dispuesto a ahondar en lo que nos divide y no enmendar el gran error de partida de haber reconocido de facto al menos a dos comunidades autónomas, las llamadas “históricas”,-como si el resto no compartiesen la misma Historia e incluso la superasen en muchos aspectos, como los reinos de Castilla y León que, con su integración, dieron lugar a la nación moderna más antigua de Europa. Y es por eso que este PSPS no es un socio de fiar, ni su apoyo va más allá de cubrir las apariencias y esperar que las aguas vuelvan a su cauce para retomar su objetivo principal de asaltar el poder, aunque sea apoyado por las fuerzas anti españolas, en las que incluyo expresamente a los de PODEMOS y sus marcas regionales. Sus excesivas y graves limitaciones al alcance y duración de las medidas propuestas por el Ejecutivo, son conscientemente restrictivas como para llegar a hacerlas ineficaces y fuente de mayores conflictos que no se van a solucionar con unas elecciones autonómicas. Lo malo es que tampoco el Gobierno de España presidido por un timorato Mariano Rajoy, se atreve a dar en solitario los pasos necesarios para asegurar la neutralización de los golpistas y el control de la autonomía para implantar las bases de una regeneración, que será costosa y larga, de una situación gravemente enquistada tras décadas de inacción de los Gobiernos de España de PSOE y PP .

Los golpistas saben que el Estado es muy poderoso, pero es de movimientos lentos y torpes. Una ventaja que no están dispuestos a despreciar. De ahí que su amenaza de declarar la independencia en cuanto se conozcan las medidas que el Gobierno de España piensa plantear al Senado respecto al artículo 155, es su forma de culminar un proceso y presentarse al mundo como la nueva República de Cataluña, para inmediatamente pedir la mediación de la mismísima ONU tras el más que probable reconocimiento del nuevo Estado por países tan “democráticos” como Venezuela, Colombia, Cuba, Letonia, Rusia y otros de similar pelaje. El escenario político ya sería muy diferente y ya no se trataría de una intervención a una autonomía basada en una Constitución que ha sido anulada por la Ley de Transitoriedad Jurídica del nuevo Estado, sino de un choque de legalidades, la del Parlamento de Cataluña o la del Gobierno de la Generalidad si es él que finalmente hace la declaración formal, y la del Parlamento de España en el Senado. Se estaría en una situación de conflicto entre dos Estados y no entre un Estado y una de sus autonomías.

Y ante esta realidad, el Gobierno de España ha estado manteniendo y aún mantiene una actitud de esperanza suicida en que los golpistas desistan de su objetivo y renuncien a todo lo realizado para volver humilde y mansamente al redil de la Constitución. La misma que no se han cansado de violar y desobedecer. Una estrategia gravemente errónea por la autolimitación en las respuestas al desafío secesionista y la subordinación a las exigencias de los partidos que, como el PSPS solo buscan su propio rédito en unas futuras elecciones generales o en una moción de censura con alianzas bastardas e interesadas para destruir el actual sistema autonómico y transformar España en un puzle de naciones insolidarias, cuyo final es su disgregación. Una balcanización al estilo de la extinta Yugoslavia o la de la también extinta URSS.

Y es esa esperanza en la vuelta a casa del hijo pródigo y la torpeza e ineficacia en la respuesta por su lentitud en su aplicación y lo limitado de su alcance, lo que será causa del fracaso del Estado de Derecho y la culpable de la irrecuperable vuelta a la legalidad y el triunfo de los golpistas. Haber demorado la toma de decisiones y no haber optado por gobernar, con todo el sentido que contiene esta palabra, yendo a remolque del paso marcado por los golpistas, demuestra hasta qué punto este Gobierno de Mariano Rajoy no ha estado a la altura de lo que la sociedad española demanda y que ha reclamado en las calles hace bien pocas jornadas ante la actitud remisa y acobardada de sus dirigentes. Como siempre, un pueblo, el español, que está muy por encima de sus gobernantes, a pesar del empeño de estos en intentar propugnar y acrecentar aquello que nos separa, en vez de fomentar y alentar aquello que nos une desde hace más de 500 años. Y es que la casta política y los partidos se han convertido en el problema y no pueden ser parte de la solución.

Este Gobierno no puede seguir al mando de este barco que ya no está a la deriva, sino que tiene abierta una vía de agua gigantesca que le afecta al 20% del casco y que ya ha comenzado su hundimiento. Se puede ser torpe y excesivamente crédulo y bien intencionado, pero no se puede ser cobarde.

¡Que pasen un buen día!


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