Un país a la deriva

Escapadas privadas Reales.

13.08.17 | 18:21. Archivado en Política Nacional

Se ha armado un revuelo de los que dan carnaza a las revistas del corazón y programas ídem de la llamada telebasura televisiva. El caso es que hoy, con el auge de móviles llamados “inteligentes” con objetivos de varios megapíxeles capaces de sacar fotos y videos de calidad más que aceptable, nadie está libre del Gran Hermano de millones de ojos dispuestos a inmortalizar momentos y escenas. Y eso además de los profesionales de los medios, los “paparazzis”, auténticos aguilillas en esto de pillar “in fraganti” a cualquier personaje, personajillo o famosillo de turno. En este caso ha sido el asuntillo del encuentro entre el rey emérito y la mallorquina Marta Gayá, otra de las innumerables “amigas entrañables” del monarca que abdicó. Pero esto, con ser un bombazo informativo sobre la constatación de la vida privada de separación de hecho de D. Juan Carlos y Dª Sofía, solo suma en el desprestigio de una Familia del Rey, desestructurada donde estos comportamientos mundanos y plebeyos, incluido el caso Noós de los Urdangarín – Borbón pendiente de resolución del recurso, o el del nietísimo Froilán (Felipe en la intimidad) de costumbres digamos distendidas y dispersas propias de una casta elitista, no contribuyen precisamente a mantener el apoyo de los ciudadanos en momentos duros de recuperación económica.

Pero aun siendo eso una gran losa, hay que añadirle el peso de una forzada interpretación por parte de la reina Dª Letizia de lo que quiere parecer una claudicación sobre la tradicional estancia veraniega de los reyes de España en el palacio mallorquín del complejo palaciego de Marivent. Y aquí, tras la actitud reacia de los pasados años, la reina Dª Letizia parece haber transigido con una breve estancia en una especie de pacto matrimonial en el que el rey D. Felipe puede disfrutar de uno de sus deportes favoritos, navegar en regatas con viejos amigos en el Club Náutico de Palma y la reina junto a sus hijas, se deja ver y fotografiar sin perder ocasión para la educación cultural de las Infantas, como ha sido la visita en Soller de una exposición sobre Picasso y Joan Miró. Tampoco debemos olvidar la tradicional Audiencia, ágape incluido, a las autoridades y sociedad de Baleares, ni el “despacho” protocolario entre el Rey, Jefe del Estado y el Presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy. Y fin de la foto veraniega oficial.

Tras ese paréntesis, parece que de obligado cumplimiento, ha llegado la fase B vacacional, la otra ya tradicional escapada privada de toda la Familia Real, esto es, el matrimonio y las dos hijas, hacia destinos desconocidos y por duración igualmente oculta a todos, excepto se supone que al Gobierno. Y como siempre, en esa obsesión de la reina de intentar separar su “trabajo” oficial de su vida privada en aquello de ser reina de lunes a viernes y colgar los hábitos los fines de semana. Una curiosa forma de practicar el camaleonismo y las tácticas de despiste que muchos personajes famosos utilizan en el juego del ratón y el gato con los medios de comunicación que les ponen en su objetivo, en este caso el de las cámaras y flashes. Pero como dije antes, en este mundo que es un pañuelo no hay lugar donde esconderse del Gran Hermano y siempre habrá un objetivo dispuesto a sacar del anonimato a cualquiera, por muy recóndito y exclusivo que sea el retiro buscado, casi siempre de un lujo asiático. Y si no que se lo pregunten al rey emérito experimentado en eso del pillado fotográfico.

Y es verdad que, en teoría, todos tenemos derecho a una vida privada. Pero esa realidad no es de aplicación en quienes ostentan unos cargos de tanta y alta responsabilidad pública, ya que es imposible separar cargo y persona física. El desempeño de determinadas funciones tiene dos caras, dulce y amarga, la primera la de gozar de privilegios inherentes al cargo y el reverso la de la servidumbre del cargo en cuanto a libertad de movimientos y comportamientos. Un ejemplo es la insistencia de la reina Dª Letizia en acudir junto a amigas íntimas a conciertos musicales de aquellos grupos por los que siente una especial predilección. O hacer ver como normal la asistencia a sesiones de cine de estreno en plan “familia normal” cuchipandi y enrollada con el personal. No se puede aspirar a ser reina de día y mujer de noche. Porque los Borbón y Grecia – Ortíz Rocasolano no son una familia cualquiera, sino nada menos que la Familia Real de España, heredera de una dinastía monárquica que lleva más de trescientos años subida al trono de España salvo algún paréntesis republicano y de dictadura.

Como contribuyente y ciudadano creo de mi interés y el de mis conciudadanos saber cuánto nos va a costar sufragar el veraneo privado y si este dispendio corre a cargo de la asignación que recibe el Rey D. Felipe VI para asuntos privados y de libre disposición. También me gustaría saber si las dependencias del complejo de Marivent podrían ser de uso privado como alquiler vacacional durante las largas temporadas en que esta instalación no está siendo usada por nadie de la Familia Real, ni de la Familia del Rey, o Patrimonio Nacional la tiene reservada en exclusiva. Aparte de esta astracanada mental, sinceramente creo que no contribuye en nada este tipo de actitudes para hacer de la monarquía una Institución cercana y aceptada por la mayoría de los españoles. Aunque siempre habrá panolis cortesanos que se derritan por mostrar esa pleitesía plebeya y dejarse deslumbrar por el oropel, las salas suntuosas de tapices y alfombras interminables.

Supongo que más pronto que tarde tendremos alguna exclusiva con todo lujo de detalles de la escapada veraniega de esta entrañable familia.

¡Que pasen un plebeyo día de verano y gocen de su forzado anonimato en el chiringuito!


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