Un país a la deriva

Fernández Vara: cambio radical.

17.07.17 | 17:23. Archivado en Política Nacional

Lo que define a un político sin escrúpulos es su modo de actuar como una veleta que siempre apunta en la dirección del viento que sopla. En el socialismo federal militante han surgido en los últimos tiempos como setas. Un caso espeluznante por su cambio radical es, sin duda, el del actual reelegido Secretario General de los socialistas en Extremadura y Presidente de la Comunidad extremeña, el super mediático Guillermo Fernández Vara. Un hombre que formó parte del ala dura de los que defendieron la dimisión cese de Pedro Sánchez y que apostó por la candidatura de Susana Díaz en las primarias, y que ahora, que vienen aires de plurinacionalidad no duda en alinearse con el también reelegido Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez. Y no me digan que eso no es curioso, aunque algunos opinamos que más bien es despreciable.

Este sujeto cuya opinión resulta tan poco creíble y veraz como su camaleonismo político, intenta lavar sus excesos y críticas contra el “victorioso líder”, que no se sonroja al actuar como altavoz y pregonero de las sandeces alienantes de este irreconocible PSOE radicalizado hasta la náusea. Fernández vara afirma que “Cataluña no cuenta con el Estatuto de autonomía que los catalanes quisieron tener” y que esta situación ha de ser reparada para contener las singularidades propias y sean reconocidas. Eso sí, da por supuesto que la acción de los Alto Tribunales al anular artículos inconstitucionales fue la culpable de aumentar el número de independentistas porque “fueron a votar un referéndum y llegó un Tribunal y lo tumbó”. Para ahondar en su visión esquizofrénica admite que “hay una realidad incontestable, y una vez no se discuta la unidad de España ni que la soberanía reside en el pueblo español, lo demás ya se incorporó en la Constitución de 1978”. ¿Entonces Sr. Fernández Vara, de qué se va a dialogar y cuáles son esas singularidades nuevas?

Lo primero es que un Estatuto de autonomía es solo el poner en un texto legal aquello que se ha consolidado como descentralización de determinadas competencias desde la Administración Central del Estado. Un sistema administrativo de gestión para una teórica mayor cercanía de las administraciones a los administrados. Una forma de dar contenido a unos Parlamentos autonómicos que no son como algunos se creen, parlamentos nacionales legitimados por la soberanía de unos inexistentes pueblos. Porque eso no es lo que dice ni contempla la Constitución de España que es la que da sentido y contenido a ese sistema autonómico, el de mayor grado en toda la UE y que se ha demostrado ser una fuente de conflictos donde se llega a cuestionar al Tribunal encargado de dilucidar en ellos y sentenciar.

Porque los Estatutos de Autonomía, sin excepción, deben contemplar en primer lugar que su legitimización y subordinación provienen de la Constitución de España. Y es por ello que los diferentes cargos electos en los Parlamentos autonómicos y sus respectivos Gobiernos, deben prestar juramento o promesa en la toma de posesión asumiendo la prevalencia de la Constitución de España y su compromiso en su acatamiento y defensa. Bien es verdad que en contra de esta exigencia hay parlamentos que han admitido fórmulas alternativas que no tienen validez legal y nunca debieron ser admitidas por aquellos que tenían la responsabilidad de ser notarios de esos juramentos y promesas antes de dar por buena la entrega del Acta de Diputado o confirmación del cargo de responsabilidad otorgado.

Los Estatutos no son los que los ciudadanos de la autonomía (que no pueblos) desean tener, sino aquello que es legal y constitucionalmente válido, con independencia del Texto que se someta al referéndum. Porque por desear, algunos desean hasta la independencia, pero ningún Estatuto de Autonomía, ni es la forma ni el modo de consolidarlo. Y eso solo porque hay una ley suprema, la Constitución de España que, como bien reconoce Fernández Vara, contempla a España como nación indivisible y al pueblo español al único depositario de la soberanía nacional. Eso es desde luego incuestionable y caso de hacerlo, existen formas y espacios para someterlo a la votación del pueblo español. Podemos hablar de todo, incluso de acabar con España y su actual sistema de monarquía parlamentaria, pero todo ello tiene un cauce legal y un sitio para tratarlo, el Parlamento español, el Congreso de los Diputados y el Senado. Y luego, si hay consenso cualificado (dos tercios) someterlo al referéndum de todos los españoles, tal y como se hizo cuando se aprobó la Constitución de 1978.

Porque el mismo derecho tendrían los extremeños a los que representa Fernández vara, que los andaluces de Susana Díaz, o los madrileños de Cristina Cifuentes, así como la totalidad de ciudadanos de las 17 autonomías reconocidas en España, donde las “singularidades históricas” ya fueron incluidas incluso violando y contraviniendo derechos fundamentales en cuanto a igualdad entre todos los españoles. No se trata de seguir ahondando en aquello que nos separa, sino avanzar en que se cumplan realmente los derechos fundamentales de todos los españoles sin distinción de su nacimiento o lugar de residencia habitual. La unidad de España no es negociable, ni tampoco admitir encajes a la carta donde se reconozcan derechos exclusivos para una determinada parte de la sociedad española. Y es mejor que se sepa esto antes de sentarse a ninguna mesa a negociar con lo que nadie está legitimado para hacerlo.

Solo espero que Fernández Vara reciba políticamente la respuesta de repulsa de sus antiguos camaradas y que le avergüencen de su cambio radical de opinión que solo demuestra la falta total de escrúpulos y de convicciones políticas. Si tuviese un mínimo de decencia política, debería presentar su dimisión y renuncia inmediata a cualquier cargo público. Eso sí, en el PSOE de Pedro Sánchez, puede que sea acogido como el hijo pródigo arrepentido, perdonado y abrazado para la causa. Igual otros siguen su ejemplo y esto no ha hecho más que empezar. Al fin y al cabo, esto es el PSOE y basta con revisar su historia y sus personajes.

¡Que pasen un buen día!


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