Unos vendrán que de tu casa te echarán. Y se está cumpliendo. Los musulmanes son el colectivo que más se está implantando en Europa. Hasta hora, había una especie de “integración” motivada por las nuevas generaciones nacidas en los sistemas democráticos y que se amoldaban a los usos y costumbres de las sociedades que les acogían. Unas costumbres basadas en una historia de conquistas sociales, sobre todo de derechos de las mujeres y su emancipación y equiparación con el mundo de los hombres, algo impensable en la cultura musulmana.
Pero los tiempos parecen haber cambiado y estamos asistiendo a una rebelión, por ahora pacífica, de unas masas nada desdeñables que quieren imponer sus usos y costumbres a sus anfitriones, acusándoles de racistas y de intolerantes cuando se oponen a sus pretensiones. Es una lucha para doblegar la voluntad de una sociedad que ha sentido cómo su seguridad era violada por la acción terrorista de grupos radicales islamistas. Se ha logrado que la sociedad occidental abjure de su patrimonio cultural cristiano y se transforme en un laicismo belicista con el cristianismo y excesivamente tolerante con el islamismo.
Molestan los crucifijos en las aulas, pero no se cuestionan símbolos religiosos represores de las libertades como es el uso del velo, o la yihab y en mayor medida, algo tan degradante y contrario a la dignidad de la mujer como es el burka. Porque una cosa es mostrar respeto mediante símbolos como ponerse un velo una mujer o entrar en un templo con la cabeza descubierta un hombre además de usar ropa apropiada y respetuosa con el lugar de oración. Pero otra cosa es llevarlo a la vida cotidiana de mostrarse en público ocultando las facciones u otras características fisonómicas alegando razones de índole religioso.
Una cosa es el respeto por las costumbres de los demás en la sociedad o país del que provienen y otra cosa es admitirlas como propias en nuestra casa. Porque no lo olvidemos, los invitados y acogidos son ellos, no nosotros. Además, estoy seguro que salvo algunas contadas excepciones, no existe la reciprocidad. Una mujer occidental debe disimular su procedencia usando los velos, y cuantas imposiciones le hagan en el país musulmán que visita o que vive. Además, el extremismo llega al punto de que en dichos países sus derechos se rigen no por las leyes internacionales y los derechos humanos, sino por la barbarie de la Ley Islámica, véase el Corán, interpretado con menor o mayor rigor dependiendo del radicalismo que gobierne.
Así que esta disputa sobre los dichosos velos en un colegio de Madrid solo es un caso más de la notoriedad que quieren alcanzar y del falso victimismo usado como propaganda de la intransigencia que denuncian. Una falsedad que se escuda en la cobarde actitud de tolerancia, cuando solo es una cesión más al chantaje premeditado de una sociedad dispuesta a realizar su particular Yihad, empezando por una inmigración ilegal multitudinaria y posterior implantación y exigencia de derechos para practicar sus rituales, rezos y mantener sus usos, aunque estos sean inasumibles por la sociedad que les ha permitido cumplir con la aspiración de lograr una vida mejor.
Sus imposiciones carecen de legitimidad y no deben ser admitidas. Y para que eso sea así, no se puede dudar de nuestras propias convicciones. Un laicismo no significa que se olviden las referencias democristianas, ni nuestros usos y costumbres. No debemos permitir que se produzca una nueva invasión musulmana que nos eche de nuevo. Por algo se llamó “Reconquista”.
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Ni multiculturalidad, ni respeto a los moritos ni leches:
Lo que buscan los pijoprogres como Seneca (sic) son VOTITOS.
Séneca, le agradezco su comentario
Su ironía es tan respetable como considero que debe serlo mi escrito con el que puede usted discrepar. El "cachondeo" de su comentario me parece inapropiado para alguien cuya auto estima le lleva a ponerse el alias de"Séneca". ¿qué más quisiera usted!
un saludo
Impecable y brillante artículo. "No debemos permitir que se produzca una nueva invasión musulmana que nos eche de nuevo", es tan cierto y trascendente que considero que todo individuo que no esté de acuerdo con esto es un traidor y un enemigo de los lícitos intereses de los españoles. En definitiva: es una persona que no merece vivir en este país e incluso debería ser expulsado de él por tratarse de un un peligro público para la seguridad de las personas.
Dani,
Ya sabe aquello de que se le da la mano y te cogen el brazo. La musulmana es una cultura que choca frontalmente con los valores de la sociedad occidental. Como he escrito, en nuestras democracias se ha ido avanzando en la igualdad de derechos, sobre todo en lo que respecta a la mujer. No es por tanto aceptable volver a perder lo alcanzado porque venga alguien del exterior a nuestra casa a imponernos sus normas. No lo debemos consentir y los ciudadanos debemos oponernos con todas nuestrras fuerzas contra quienes quieren ceder al chantaje. Su cobardía, es una traición a nuestros intereses como ciudadanos libres.
un afectuoso saludo
María, le agradezco su comentario
Comparto su opinión y como he escrito nadie puede venir a nuestra casa a imponer sus costumbres y modos de vida. Si no les gusta lo tienen fácil, que se marchen por donde han venido y que Alá les acompañe en su viaje.
un saludo
Así son nuestros retroprogres, muy beligerantes con el catolicismo pero bajándose los pantalones ante los musulmanes. Pronto veremos el caso, como ya sucedió en Francia, de alumnas musulmanas que se niegan a acudir a clases de Educación Física con sus compañeros varones, o que piden utilizar la piscina en horarios separados, aduciendo motivos religiosos. Estoy en contra de la inmigración musulmana, es un colectivo que no se integra socialmente y forma ghettos apartados, además su mentalidad va totalmente en contra de los usos y tradiciones occidentales. Ellos van poco a poco cuestionando nuestras leyes para imponernos sus normas y restringir nuestros espacios de libertad. Luego habrá quien se extrañe del avance de la ultraderecha en toda Europa.
Hay que ser respetuosos con las costumbres, culturas y pensamientos de otros países. Así, cuando alguien decide emigrar a una civilización diferente a la de origen, sabe que debe asumir y aceptar otras normas y adptarse al país que recibe. Por tanto, la intolerancia es de quien viene, no de quien está en su propio país.
Caminant,
Respeto por todas las creencias, pero beligerancia con quien nos quiere imponer su modo de vida y sus creencias en nuestra propia casa.
un abrazo
Confundir el respeto a los demás con los derechos es lo que se está haciendo.España es una nación tolerante pero los emigrantes,sean los que sean, han de adaptarse a las leyes que regulan nuestra convivencia.
Todo lo demás es dejarse comer el terreno.
Un abrazo.
Domingo, 3 de junio
Vicente A. C. M.
José Pómez
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
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Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
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