El Sr. Zapatero está confundiendo el Congreso con su coto particular desde donde imponer su especial, por no decir infame y totalitaria, forma de gobernar. Hablar de que "desea que la sentencia del Tribunal Constitucional confirme lo que (él) votó en el Congreso, es decir la constitucionalidad del texto", supone una injerencia inadmisible de las muchas que ya se han escuchado desde este Gobierno de España y desde los círculos de poder y mediáticos de Cataluña. Una injerencia en confundir los deseos con las imposiciones descaradas.
Porque es un acto de totalitarismo decir que todo lo que el Congreso aprueba no admite réplica, ni discusión, ni puede ser recurrido. Nada más lejos e la realidad, sobre todo cuando lo que se aprueba va en contra del sentido común, de la propia Constitución e incluso de las libertades de los mismos ciudadanos que les otorgaron su voto. El Congreso es la foto de un determinado momento por el que se nombran a representantes por una legislatura. Lo que no es cierto es que es legislatura sea inamovible y mucho menos infalible. De hecho, el Congreso puede legislar con el único aval de las mayorías simples.
Por eso, para que exista una garantía sobre la validez de lo que ejecuta el poder legislativo, la propia Constitución prevé el órgano de vigilancia y juez supremo inapelable, el Tribunal Constitucional. Lo malo de esa Institución es su absoluta falta de independencia de los partidos políticos y del Gobierno. No hace falta recordar la bronca pública que la Sra. de la Vega le propinó a la Sra. Casas, o los lamentables episodios de intentar mantener mayorías para que las sentencias se ajusten a las pretensiones partidistas en uno u otro sentido.
Así que por un lado tenemos un Congreso que con una doble vara de medir es capaz de rechazar el Estatuto Vasco, llamado “Plan Ibarretxe”, mientras que por otro aprueba sin entrar a analizar el fondo del articulado el Estatuto de Cataluña y todo porque ha sido una “promesa” y una decisión personal del peor Presidente de Gobierno de la democracia, el Sr. Zapatero, al que le gustaría ver cumplidos sus deseos y que el TC no le fastidie su plan. Es claro que ese Estatuto es el “Plan Zapatero” acordado con Artur Mas de CiU y apoyado de modo entusiasta por un PSC radicalizado en el nacionalismo.
El Sr. Zapatero no se cansa de pedir “prudencia” cuando le conviene para otros asuntos de Estado. Sin embargo, en el caso del Estatuto de Cataluña, se ha sumado al acoso mediático y desvergonzado de todos los líderes políticos catalanes, con amenazas de insumisión del Presidente de la Generalidad, el Sr. Montilla y las llamadas a la “dignidad catalana”. Una dignidad que brilla por su ausencia y se convierte en descaro, en desafío y en una falta total de respeto hacia las Instituciones como el TC. Y solo porque existe una mínima posibilidad de que algunos jueces tengan un acto de conciencia profesional y de ética y dictaminen de acuerdo a la Ley y no de acuerdo a los “deseos” de nadie.
Sr. Zapatero, ¡Cállese de una vez! Sus buenos deseos son simple palabrería hueca y cortinas de humo que solo convencen a quien está cegado por la ofuscación sectaria o por los cómplices subvencionados que solo ven el color del dinero, oídos para sus mentiras y permanecen mudos ante los atropellos a sus conciudadanos. Si los deseos secumplieran, usted Sr. Zapatero estaría fuera del Gobierno hace tiempo. Yo también deseo que eso llegue a ser pronto una realidad.
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Caminant,
Es cierto que al Sr.Zapatero todo le da igual salvo seguir en la Moncloa. Lopeor es que no parece que nadie le esté disputando el puesto.
un abrazo
El sr.Rodríguez tiene bastante con pactar,asegurarse su permanencia y lo demás le trae al pairo.
Un abrazo.
Sábado, 2 de junio
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Julio César Izquierdo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel