La corrupción de la Transición. Un callejón sin salida
17.06.09 @ 10:41:45. Archivado en Política Nacional
Siempre se pone a España como un ejemplo de civismo sobre la transición de un régimen de dictadura hacia la democracia. Una Transición con mayúsculas que tras más de 30 años, ha derivado en una alternancia bipartidista y en un nacionalismo agresivo y extremista, para ejercer la corrupción y la dictadura de los partidos, lo que unos llaman con el nuevo vocablo de “partitocracia”. Una evolución que ha desencantado a los ciudadanos que alguna vez confiamos en que tras siglos de malos gobernantes corruptos, al final llegaría la verdadera democracia.
Ni hay democracia real, ni existe Justicia, ni la Constitución es la Ley que marque los derechos fundamentales de los españoles. La Constitución es un papel mojado que solo decora una vitrina y sirve como excusa para la renovación mediática de un sistema que ha llevado a España a una era de máxima desunión e insolidaridad entre las regiones que la conformaban. Y digo que la conformaban, porque es ahora cuando esa insolidaridad se ve aumentada por las reivindicaciones secesionistas y las imposiciones lingüísticas como medio de anulación de cualquier vínculo con lo que representaba España.
Y todo esto viene con la complicidad y el impulso personal de los propios políticos, esa casta de apátridas que consienten la corrupción y hasta la practican con la certeza de saberse inmunes al controlar todos los resortes del poder. Se compran voluntades mediante sobornos. Se prevarica desde todos los estamentos. Se malversan los fondos públicos y se hace abuso de poder en el propio beneficio. Se silencian las conciencias como las de los sindicatos. Se acallan las críticas mediante la monopolización de los medios de comunicación. Se manipulan datos o se niegan con total desfachatez. En fin un panorama dantesco en el que los ciudadanos somos las víctimas, unos por ceguera y obstinación mental y otros por apatía y dejadez.
Ya se toma la corrupción y la prevaricación como algo inevitable y un peaje a pagar. El silencio de los corderos es aquí la vergüenza de toda una sociedad que es incapaz de tomar una acción para decidir sobre su propio futuro. Esta corrupción no puede quedar impune, ni los delitos prescribir por cuestión de plazo. Eso no es Justicia, eso es una tomadura de pelo . Los delitos de malversación, apropiación indebida, desfalco al erario público, no pueden prescribir y menos que se exima al o los responsables la devolución de lo robado. Es escandaloso además y escandalosamente mezquino, los acuerdos entre Justicia e imputados para mitigar las penas sin causa que lo justifique, como está ocurriendo en el caso Malaya.
¿A dónde hemos llegado con esta Transición? A la victoria de la peor enfermedad de la democracia, a la corrupción generalizada. Es la corrupción de la Transición, una democracia podrida por una clase política sin escrúpulos ni ideología salvo la de apoyarse en el poder para su beneficio. Mucho han de cambiar esos partidos políticos que se dicen democráticos y defensores de los derechos de los ciudadanos. Mucho tienen que limpiar en sus casas para que no se vea la suciedad que las llena, como en los que padecen el síndrome de Diógenes y que no tengan que poner cortinas tupidas para que sus vergüenzas no queden a la vista.
Mucho han de cambiar las formas de enfrentarse a este cáncer de la sociedad para que ésta vuelva a tener confianza en estos líderes tan maleables y amoldables en sus principios. España necesita una nueva Transición, pero esta debe ser desde la corrupción hacia la honestidad. Desde el sectarismo partidista hacia la alternancia natural. Desde la insolidaridad y la secesión hacia la Unidad. Desde el descontrol del Gobierno hacia la sensatez y un Proyecto común.
¿Es mucho pedir? Quizás es que para eso se necesita que la sociedad quiera. Los españoles han demostrado que si quieren, pueden. Pues ha llegado la hora de demostrarlo una vez más.
Comentarios:
Pero hay que empezar a dar muestras claras de que por lo menos algunos ciudadanos no nos vamos a resignar con esta imposición. España se merece una oportunidad y nosotros el que sea una realidad.
un saludo
Un saludo.
Un saludo.
Lo que expongo claramente es que necesitamos hacer una nueva Transición y cambiar las reglas de juego. No podemos seguir tolerando como normal el nivel de nepotismo y de corrupción que creíamos olvidado de la etapa de González.
un abrazo
¿Estamos dispuestos a ese cambio?.
¿Seremos capaces de asumir nuestra responsabilidad o preferiremos ser esclavos con coche,casa y con un poco de suerte trabajo o pensión?.
Es la gran duda que me ronda una y otra vez,al mismo tiempo que el deseo de hacer algo por mi Patria,a la que amo y respeto.
Un abrazo.
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Vicente A. C. M.



