Seguro que todos conocemos a Narciso y también algún que otro corazón con ese nombre, ya que es más común de lo que podemos creer o debería de ser.
Son esos corazones que se pasan la vida contemplándose, creyendo ser los mejores y naturalmente autosuficientes.
Están tan metidos en su egocentrismo que ello no les permite ver la acogida y el amor de otros corazones. Se sienten tan ocupados en sí mismos que se pierden la belleza de la vida, en ocasiones con amargura y sin ser conscientes del daño que se están provocando.
Aparentemente se creen únicos porque no necesitan de nadie, pero solo “de cara a la galería”, ya que en lo más profundo de ellos mismos, precisan más que nadie, sentirse reconocidos y admirados, siendo poco amigos de que se les cuestione.
Generalmente son personas superficiales e incapacitadas para sentir la fraternidad.
Todo ello no les facilita un encuentro consigo mismos. Quizá por miedo a lo que puedan descubrir ya que su inseparable amigo Narciso, no les da la oportunidad de descender a lo más profundo de ellos.
Puede que algo de esto nos suene y seguro que todos conocemos a alguien. Hagamos lo posible para que por lo menos haya una consciencia de nuestro ser.
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Me siento muy identificado con algunas de las carcterísticas del ególatra. La única diferencia es que no me siento como algo especial, sino más bien muy necesitado de los demás. Esto me lleva a una contínua introspección que me inhabilita muchas veces para ejercer la fraternidad con mis hermanos.
Gracias por su artículo. Intentaré seguir su consejo, y abrirme más a los demás.
Sábado, 2 de junio
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
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Asoc. Humanismo sin Credos
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