Un minuto para el encuentro

¿Por qué siempre tienen que ser los mismos?

10.07.10 | 22:28. Archivado en Iglesia
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Sería demasiado fácil dejarme llevar por las últimas noticias sobre la denuncia de Mª Victoria presentada en la Nunciatura contra varios Obispos sobre la coacción a algunos teólogos y Obispos o las palabras de Monseñor Agrelo y viceversa al jesuita y teólogo Juan Masiá, pero me siento demasiado implicada para hacerlo.
A la vez siento que esta buena noticia ha puesto un tupido velo para cegarse de nuevo la desgracia con los más pobres.
230 muertos y más de 200 heridos son las cifras que se barajan ante la explosión de un camión cisterna cargado con gasolina en el Congo.
Me da la impresión que parece importarnos más nuestra economía y nuestra crisis, que por supuesto es importante, porque nuestros pobres crecen y los tenemos en la puerta de casa aunque desviemos nuestra mirada. La diferencia es que nuestra crisis es reciente y ellos han nacido con ella.
¿Por qué siempre les toca a los mismos? Esta vez puede que la causa fuese el exceso de velocidad, aunque no todo ha sido eso porque el fondo ha sido la pobreza. Intentar conseguir unos litros de algo que ha ellos tanto les cuesta comprar aprovechando el accidente, cuando les exploto… La bola de fuego que abrazó al vehículo arrasó literalmente decenas de casas hechas con barro y paja.
¡Cuánto dolor, cuanto sufrimiento! Cómo el ser humano es capaz de aguantar tanto… Estamos ante la cruz de la vida, pero ¿y la cara?
Hace unos días veía atónita un documental en televisión sobre las vacaciones de algunas personas disfrutando en yates cuyo coste ascendía a ¡¡¡ 5.500€ por una tarde de paseo!!! Y no solo son capaces de hacerlo sino que tienen la desfachatez de hacerlo público para que todo el mundo pueda contemplar sus mansiones y lujos…
La vida siempre ha tenido estas dos caras de una misma moneda, el problema es nuestra pasividad ante ello ¿Cuándo seremos capaces de salir de nosotros y empezar a preocuparnos por quienes nos rodean? Seguro que no tenemos que ir demasiado lejos para conocer personas que no lo están pasando bien.
No acabamos de concienciarnos de que el otro también es mi hermano porque todos somos hijos de un mismo Padre. El grito de Dios a Caín, continua oyéndose hoy en nuestro días: “Caín, Caín, ¿dónde está tu hermano Abel? Y la respuesta es la misma: ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano? Parece que ésta continua siendo la respuesta, nuestra respuesta. Pero, ¿dejaría a mi hermano de sangre en la esquina? Pues tampoco lo hagamos con los demás.
Si ellos mal-viven es porque nosotros se lo hemos quitado, porque el mundo, la tierra, da para todos…

3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Silveri Garrell 17.07.10 | 12:13

    No entienbdo esta aversión hacia la Iglesia Católica en el principio del artículo. La Iglesia Católica ha sido en toda la Historia la mejor defensora de los desfavorecidos sin ponerse demasiado en política. Tan solo hay que leer los documentos papales. El otro lado de la Iglesia Católica lo encontramos en el Comunismo, y este movimiento ya sabemos de sobras como acabó, con las purgas a diestro y siniestro eliminando a los críticos. Lastima que el padre Massiá y otros curas de la Aliberación pretendan volver al Comunismo de antaño.

  • Comentario por antiguo alumno salesiano 15.07.10 | 13:53

    Por la calle ví a una niña aterida y tiritando de frío dentro de su ligero vestidito y con pocas perspectivas de conseguir una comida decente. Me encolericé y le dije a Dios: "¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para solucionarlo?".
    Durante un rato, Dios guardó silencio. Pero aquella noche, de improviso, me respondió: "Ciertamente que he hecho algo. Te he hecho a tí".
    "El canto del pájaro"
    ANTHONY DE MELLO

  • Comentario por saruce 08.07.10 | 13:17

    Es comprensible que alguien bien nacido llegue hasta sentirse culpable de las injusticias de este mundo, en base a su impotencia para reconducir situaciones crueles.
    Pero no debemos engañarnos.
    Desde nuestra humildad personal (me refiero a quienes somos ciudadanos de a pié, sin poder alguno para solucionar problemas generales, aunque poseamos buena voluntad) podríamos unirnos para entre todos desarrollar sistemas contra la miseria y las injusticias de todo tipo, y llevarlos a cabo.
    Muchos permanecemos unidos a la iglesia católica porque consideramos que nuestro prójimo será bien atendido desde ella. Y no es del todo cierto...
    Luego, nos percatamos de que no es así, en muchos casos.
    Y quizás no sea por falta de amor o de ética, sino porque tanto los jerarcas como cada uno de nosotros, no somos más que seres humanos, con nuestras virtudes y nuestros defectos.
    ¿Culparnos?. ¿Desesperarnos?.
    Mejor aún, ¿por qué no confiar en Dios?.

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