Sobrecogida ante tanto dolor e impotencia por la catástrofe de Haití, no tengo fuerzas para escribir hoy nada.
Solo pedirle a Dios que ponga su mano ante tanto dolor en tantos hermanos nuestros. ¡Cómo puede una persona llegar a sufrir tanto!...
Una vez más la tragedia se vuelve a cebar con los más vulnerable, son los pobres…
Sin palabras…
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¡Qué desgracia no poder soportar la desgracia!No es a la muerte a lo que hay que temer, sino a una vida llena de injusticias y desgracias.
Para poder hallar un hombre en la prosperidad, encontramos cien en la adversidad; pero no debemos desesperar en la adversidad, ni confiar en la prosperidad.
Un abrazo.
Sábado, 2 de junio
Orlando Carmona
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