Recientemente compartía esto con una preciosa joven boliviana.
Seguro que todos sabéis lo cariñosos y cercanos que son estas personas de América del Sur. Me hablaba de Dios como la experiencia y sentimiento más fascinante y Absoluta de su vida.
Ella le llamaba “Diosito”, yo me quedaba atónita escuchándola y pensaba lo lejos que estamos en esta Europa, orgullosos de pertenecer a ella, y ser un país adelantado y enriquecido (aunque ahora estemos en “crisis”), pero cuanto nos falta para llegar a ese “Diosito” del que ella me hablaba…
Creo que nuestro Dios, aquel del que se nos llena la boca y tanto nos gusta predicar y enseñar en el catecismo, está demasiado lejos de ese “Diosito” suyo, de su pueblo sencillo y quizá alejado de lo que la Iglesia predica y aconseja. Sin embargo Jesús cuando hablaba o actuaba, siempre lo hacía con autoridad, pero de forma sencilla, desde la vida, con ejemplos cotidianos sacados del día a día y la gente lo entendía…
Yo me pregunto: ¿de verdad, el pueblo llano y sencillo de hoy entienden la liturgia, las homilías, encíclicas…? O somos nosotros los que fallamos preocupándonos más de las formas exteriores, ritos, normas etc. sin ser capaces de llegar a la profundidad del Evangelio y transmitirlo a los pobres…
¿No va siendo hora de dejar un poco a un lado todo este círculo exterior y adentrarnos en su núcleo, en lo que verdaderamente merece la pena?
Siento una vez más, y cada vez estoy más convencida, que son ellos quienes nos evangelizan a nosotros.
Como decía Monseñor Romero: ¡escuchemos la voz del pueblo!
Seamos conscientes de que ellos son el lugar teológico y hermenéutico privilegiado para comprender el Evangelio.
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Estoy de acuerdo contigo en que cada día que pasa más difícil es el lenguaje que utilizamos para referirnos a este Papá-Dios que es el motor de nuestras vidas. Pero claro los "intelectuales" nos tacharán de inmaduros e infantiles. Pero si no recuerdo mal, el mismo Jesús dijo aquello de acoger a un niño, ser como niños si queremos entrar en el reino de los cielos, abrazaba y bendecía a los niños...¡En fin!
Sábado, 18 de febrero
Francisco Baena Calvo
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