¡Vida! Qué gran palabra, pero quizá la tenemos tan oída que no sabemos darle su justo valor.
Qué maravilloso es poderse levantar cada mañana encontrándonos con un precioso amanecer o una espectacular puesta de sol, saberlo hacer con ilusión y ganas de disfrutar, sacando lo mejor de esta vida que tenemos por delante y que cada día se nos regala sin ser demasiado conscientes de ello.
Intenta levantarte con una sonrisa, aunque no siempre sea fácil de conseguir, pero inténtalo, sé optimista. Observa lo que tienes a tu alrededor y descubre el lado positivo, que seguro que lo hay. Reconcíliate contigo mismo y sé feliz, porque ser feliz es un derecho y un deber, a pesar de que no siempre sea fácil. Piensa que, en medio de todo, eres afortunado por tener lo que tienes, sea mucho o poco. Siempre habrá alguien en peores condiciones. Proponte ayudar a los demás, sin pensar que vas a recibir algo a cambio porque la vida ya te lo da de por sí. Ella no te quita las cosas, sino que te libera, te ayuda a volar, a alcanzar la plenitud en la mayor medida de lo posible.
Mira a las personas, descubre en ellas sus cualidades; siempre acostumbramos a entresacar lo peor, pero todos tenemos más de positivo que de negativo. Seguro que a lo largo del día te encuentras con alguien que te ofrece una frase, una mirada, una palabra en un momento quizá de dolor o de enfermedad. Son como esos ángeles que no tienen alas, son como nosotros pero que están en el camino ayudándonos a superar una realidad que forma parte de la propia vida y con la que tenemos que aprender a convivir. Por eso, es importante aprovechar cada momento sabiendo que, a través de las lágrimas, también puede nacer una sonrisa.
Quizá sería bueno que cada uno nos preguntásemos, desde dónde vivimos, para qué vivimos, en qué vivimos y desde qué vivimos. Puede que sea una buena reflexión…
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GRACIAS POR LA VIDA
La vida es el primer regalo que hemos recibido.Con él nos vienen todos los demás regalos de que gozamos a diario y la posibilidad de disfrutar de la naturaleza a través de los sentidos: de ver, oír, palpar, oler; de gozar de la palabra que nos junta por dentro a otros seres humanos, la posibilidad de amar, de ser razonablemente felices, de hacer un poco más felices a los otros.
Habrá que repensar las actitudes con que se acoge cada nuevo brote de vida. No sólo la madre y el padre, sino todo el alrededor participa de la responsabilidad de acogida: fomentar las condiciones (sociales, económicas, jurídicas, políticas, psicológicas...), para hacer posible recibirla como don. Como decía Juan Pablo II, no podemos olvidar que en cada aborto procurado, la víctima no es sólo el feto, sino también la madre (cf. Evangelium vitae, 195, nn. 58 y 59).
Sábado, 2 de junio
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató