Cada mañana cogemos nuestra mochila con más o menos peso, nos ponemos en marcha disponiéndonos a recorrer una parte de ese camino hasta que un buen día,consigamos llegar a esa meta que nos espera. Sabiendo que nuestro caminar siempre será único e irrepetible, intransferible y virgen,camino que nadie puede recorrer por nosotros…
Nos encontramos con días en los que ese recorrido se nos presenta más arduo. El calor aprieta, los baches y piedras son más pronunciados pareciendo que no alcanzásemos a ver el final de la jornada. Sin embargo, otros días, esos barrizales ya no son tan barrizales, iniciamos el día soñando utopías, algo, por otra parte, bonito y necesario, sabiendo disfrutar de lo que me sale al encuentro: esa sonrisa, ese saludo, ese gesto no esperado, esa preciosa flor salida de la nada, ese arco-iris que nos sorprende con colores resplandecientes y únicos sólo para nosotros… hemos sabido encontrar esas huellas que ayer no veíamos por ningún sitio, pero Él siempre ha estado ahí, desde los inicios de la vida con esa Alianza al pueblo de Israel con el que quiso comprometerse hasta las ultimas consecuencias, revelándose y ofreciéndose también hoy, a nosotros, como camino, verdad y vida…
Él es ese camino que nos conduce y lleva, que nos invita a proseguir cada día. A seguir caminando a pesar de las espinas, de las curvas y baches, a veces necesarios para poder crecer como personas. Si de vez en cuando no nos encontramos con ese desierto polvoriento, con esa ceguera tan incomprensible por nuestra parte, pero tan necesaria por otra, ¿seríamos capaces de levantar nuestra mirada al infinito y sentir esa experiencia de encuentro y acogida?...
La fe también forma parte de ese camino, un camino con un horizonte abierto que,sin duda,nos conduce al Padre.
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Solo hay un camino para llegar, y mil para alejarse.
No daré tropezón ni desatino qe no me haga adelantar camino. Además, en ese caminar, cuento con la fe, que para mí, es la fuerza de la vida.
Solo hay un camino para llegar, y mil para alejarse.
No daré tropezón ni desatino qe no me haga adelantar camino. Además, en ese caminar, cuento con la fe, que para mí, es la fuerza de la vida.
Bien dice el poeta: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar" y se hace más ligero y profundo con esa Fe que nos sustenta, la que recibimos de Nuestro Señor y la de aquel que va a nuestro lado. Ese camino es Cristo y Él es Camino Verdad y Vida.
Gracias por tu meditación.
Sábado, 2 de junio
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