Ungido para evangelizar a los pobres

El Seguimiento de Cristo en toda circunstancia de nuestra vida.

Domingo Veinte y Cuatro Año Ordinario B. 16.09.2018.

(Marcos 8,27-35).

"Luego comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los notables, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley; que iba a ser condenado a muerte y que resucitaría después de tres días. ... Luego llamó no solamente a sus discípulos, sino a toda la gente y les dijo: "Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues quien quiera asegurar su vida la perderá; y quien sacrifique su vida por mí y por el Evangelio, se salvará".

Seguir a Jesús significa saber perderse.
Es necesario perderse a sí mismo: Perderse como Abraham, que, siendo ya viejo, salió a tierras extrañas.
Perderse como Moisés, que aceptó ser jefe de un pueblo irresponsable.
Perderse como María, que entró en un camino tan singular que nadie ya la podría comprender ni ayudar.
Deshacernos de esta existencia provisoria para poder renacer de Dios, como lo expresaba el mártir Ignacio, condenado a ser devorado por los leones:"Trigo soy de Dios: sea yo triturado por los dientes de las fieras para convertirme en pan puro de Cristo. Las pasiones están en mí crucificadas, ya no hay fuego carnal que me queme, sino que ha brotado en mí una fuente que murmura y que me dice desde dentro: Ven al Padre".

Jesús nos dice que seguirlo es seguir el mismo camino que lo llevó a la cruz:

"Tome su cruz".

Para llegar a nuestra madurez cristiana es necesario renunciar a "nuestra vida", o sea, arriesgarnos por lo que es noble en vez de asegurar nuestro porvenir; buscar un estilo de vida que nos lleve a superarnos en el camino del amor; aceptar que nuestra vida sea un fracaso, según el modo de pensar de la gente:

"El que trata de salvar su vida la perderá; en cambio, el que la sacrifica la hace renacer para la vida eterna". (Lucas 17,33).

"Jesús declaró: "Ha llegado la hora en que el Hijo del Hombre va a recibir su gloria. En verdad les digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que ama su vida la destruye, y el que desprecia su vida en este mundo la conserva para la vida eterna".
(Juan 12, 23-25).

Tomando "nuestra cruz", es decir, cargando libremente con la obediencia y los sacrificios que el Padre nos propone diariamente, encontramos también, ya aquí abajo, algo más maravilloso que lo que sacrificamos: más libertad y una felicidad más profunda:

"Pues recibirá cien veces más en la presente vida... no obstante las persecuciones, y en el mundo venidero la vida eterna". (Marcos 10, 30).

El hijo de la Iglesia que practica las palabras de Cristo sin temor al qué dirán, es ferozmente atacado por los mismos que ensalzan la religión cristiana. Esto sucede en medio de una gente "adúltera", es decir, en gente que diciéndose de Iglesia con la boca, tienen muy poco o nada de sentido de Iglesia, y menos de Jesús: Tienen otros dioses al que sirven de hecho con sus actos y palabras:

"Ningún servidor puede quedarse con dos patrones, porque verá con malos ojos al primero y amará al otro, o bien preferirá al primero y no le gustará el segundo. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al dinero". (Mateo 6, 24).

"Jesús les dijo: "Si Dios fuera el Padre de ustedes, ustedes me amarían, porque de Él salí yo y de Él vengo. Yo no he venido por iniciativa propia, sino que Él me envió. ¿Por qué, pues, no reconocen mi lenguaje? Porque no pueden aceptar mi mensaje. Ustedes tienen por padre al Diablo, y quieren realizar los malos deseos del diablo. Él es asesino de hombres desde el principio. No ha permanecido en la verdad. Cuando habla, de él brota la mentira, porque es mentiroso y padre de toda mentira". (Juan 8, 42-44).

El Evangelio de este domingo se da en un contexto de preguntas de Jesús a sus Apóstoles:

"¿Quién dicen los hombres que soy yo? ... Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?".

Los Apóstoles han llegado a un punto de mayor madurez en su conciencia cristiana. Habían comenzado siguiendo a Jesús como su Maestro y un Profeta, y aunque hubieran estado dispuestos a cualquier cosa por Él, su perspectiva mesiánica era aún limitada a una liberación religioso-temporal, que instauraría el reino de Israel y expulsaría a los romanos.
A un cierto punto sus ideas sobre el reino que Jesús traía y sobre la naturaleza de su mesianismo se han purificado un poco más. La confesión de Pedro significa que ya Jesús se les había manifestado como más que un profeta y mesías temporal. Era el Hijo de Dios vivo:

"Pedro le contestó: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo". (Marcos 8,29 y Mateo 16, 16).

Pero lo que más le interesa a Jesús es la aplicación de estas respuestas a la vida de sus Apóstoles. Es fundamental en el cristianismo y en un hombre de Iglesia creer que Jesús es el Hijo de Dios, pero también, es fundamental creer en la naturaleza de su liberación y de su mesianismo: porque se sigue a Jesús, Hijo de Dios hecho Hombre, no sólo con la fe, en su liberación, sino colaborando y actuando en un compromiso de verdad con Jesús y su Iglesia, en la misión salvadora y liberadora. Toda verdad del Evangelio nos compromete a una práctica; el cristianismo es tanto ordodoxia como ortopraxis.

El mensaje evangélico de Jesús anunciando su cruz es un llamado claro a sus Apóstoles:

"Sí, yo soy el Hijo de Dios vivo que vino a liberar a los hombres y mujeres. Pero no crean que mi misión es triunfalista, fácil, milagrosa y espectacular. Porque el Hijo de Dios es amor y entrega total, y su misión es destruir desde su raíz al pecado y a la muerte. Esta liberación no se puede realizar sin una entrega, sin una gran fidelidad a la verdad. Y esto traerá persecución, incomprensión, críticas negativas y una cruz de verdad. Precisamente no soy un Mesías temporal, mi camino de liberación no es al modo de los poderosos. Pero tengan esperanza; mi resurrección será el sello de la liberación que les he traído".

Y añade: En adelante ustedes mis Apóstoles me seguirán en esta línea:

"El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame".

"Pues quien quiera asegurar su vida la perderá; y quien sacrifique su vida por mí y por el Evangelio, se salvará".

Y salvará también la vida de muchos otros.

Al hablar Jesús hoy día, quiere ser Evangelio para sus seguidores, y la Iglesia, en la liturgia de la palabra, quiere llamarnos a ser hombres de acción y compromiso aunque sea con cruz. Hay que evitar un cristianismo de sólo especulación y conceptos. No basta "saber" que Cristo es Dios. No basta saber los dogmas. Se hace imperioso que la sabiduría se convierta en una práctica:

"La fe sin obras es fe muerta".

Hay que actuar en la línea de Cristo que entregó su vida por los demás.
Es lo que San Pablo llama la sabiduría de la cruz.

Les pido que cada uno saque, para su vida de hoy, sus propias conclusiones con respecto a la Palabra de este domingo. Y que lo haga en un contexto de hombre o mujer de una Iglesia que hoy sufre una grave y dolorosa crisis:

¿Cómo estoy siguiendo a Cristo hoy?
¿Qué estoy haciendo por la Iglesia de Jesús?
¿Qué actitud tengo frente a Jesús y su Iglesia en crisis? ¿Es de amor comprometido con Jesús y con su Iglesia?
¿Soy una amigo positivo con Jesús?
¿Actúo con amor hacia los cambios que nuestra Iglesia necesita?
¿Estoy siendo de Iglesia o soy un franco tirador en la "vereda del frente"?
¿Estoy siendo un hombre de oración en estas circunstancias?
¿Cuál es mi actitud frente a las víctimas? ¿También frente a los victimarios?
¿Cuál es mi actitud y compromiso frente a la Jerarquía? ¿Cómo es nuestro acompañamiento?
¿Y frente al Papa Francisco, al que incluso algunos le han pedido su renuncia?

En fin, habría que hacer un examen de conciencia frente a esta situación. Habría mucho de qué cuestionarse. Reconociendo los delitos y abusos. Reconociendo la necesidad de verdad, justicia y debida reparación, habría que ver si no hay un aprovechamiento interesado de algunos por perseguir, dividir y denostar la esencia misma de la Iglesia de Jesús. También se hace necesario una conciencia crítica frente a todo tipo de Prensa.
Termino con algunos otros textos de la Palabra, que nos ayudan a seguir a Cristo y su Iglesia en cualquier circunstancia de nuestra vida verdaderamente cristiana:

"Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los cielos".

"Dichosos ustedes cuando por causa mía los maldigan, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así trataron a los profetas que hubo antes que ustedes".

Así trataron a Cristo, Nuestro Señor de la Vida.

"Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues quien quiera asegurar su vida la perderá; y quien sacrifique su vida por mí y por el Evangelio, se salvará".

Pbro. Eugenio Pizarro Poblete+


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