Ungido para evangelizar a los pobres

CONVERTIRNOS AL AMOR DE DIOS:

DOMINGO CUARTO DE CUARESMA AÑO B. 11. 03.2018.

(Juan 3, 14-21).

Antes del Evangelio de hoy, ha sucedido la visita nocturna de Nicodemo a Jesús. Nicodemo era un hombre religioso preocupado por conocer las cosas de Dios, y fue a Jesús como un Maestro en religión. Pero lo que necesitaba no era tanto recibir una enseñanza, como que se produjera un cambio en él. Y eso mismo necesitamos nosotros. Y eso es lo que debemos hacer en este tiempo de Cuaresma. Debemos reconocer nuestra impotencia para pasar solos la barrera hacia la vida auténtica. Por más que hayamos acumulado experiencia y sabiduría, somos hombres "envejecidos", igual que Nicodemo. Y debemos recurrir a Jesús para que se produzca el cambio de vida en nuestra Cuaresma.
Jesús dice que debemos "nacer de nuevo y nacer de arriba". Nadie se da a luz a sí mismo, y así como recibimos de otros la vida "según la carne", así también recibimos del Espíritu la vida de los hijos de Dios.

¿Cómo puede ser esto? preguntaba Nicodemo. Para entrar a la vida del Espíritu necesitamos conocer el plan de Dios respecto de nosotros. Pero nadie puede hablar en forma debida de estas cosas sino el Hijo de Dios.
Él ha visto las "cosas del cielo", es decir, la vida íntima de Dios; y también habla de las "cosas de la tierra", es decir, del Reino que Dios nos trae.
Jesús nos revela, o sea, nos descubre lo que no podemos saber por nosotros mismos. Así que un cristiano no es el que "cree en Dios" así simplemente, sino que cristiano es el que cree en el "testimonio de Jesús" respecto de Dios y su plan de salvación.

En este plan hay un punto difícil de aceptar: el Hijo del Hombre debía morir en la cruz y resucitar:

"Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado en lo alto, para que todo aquel que crea tenga por él la vida eterna".

Pero "ser levantado en alto" significa tanto morir como resucitar.
Jesús recuerda lo de la "serpiente en el desierto".

Este suceso de la Biblia figuraba de antemano la suerte de Jesús, pero los judíos no habían aprehendido el sentido de este mensaje; en realidad, pasaban al lado de todos los anuncios del sufrimiento de su salvación sin entenderlos.

También hay otro punto acerca del cual los judíos debían modificar sus ideas. Creo que también nosotros.
Lo judíos esperaban una venida de Dios para condenar al mundo y castigar a los malos. En cambio, Dios enviaba a su propio Hijo a la cruz "para salvar al mundo".

En otras páginas del Nuevo Testamento se dice que no debemos amar al mundo; esto parece contradecir lo que hoy nos anuncia el Evangelio: "Dios ama al mundo".

La razón de este problema está en que la palabra "mundo" tiene varios sentidos.

En primer lugar, el "mundo" significa la creación, la cual es buena, puesto que es obra de Dios. Pero el centro de la obra divina es el hombre, el cual se ha hecho esclavo del Demonio:

"En verdad les digo: el que comete pecado es esclavo del pecado". "Ustedes tienen por padre al Diablo, y quieren realizar los malos deseos del diablo. Él es asesino de hombres desde el principio. No ha permanecido en la Verdad. Cuando habla, de él brota la mentira, porque es mentiroso y padre de toda mentira". (Juan 8, 34 y 44).

Todo lo que crea el hombre pecador, riqueza, cultura, vida social, es influenciado, desfigurado y utilizado por el Malo. Por eso Dios envía a su Hijo "a salvar al mundo".

Ahora bien, a pesar de que la resurrección de Cristo inició su poder invencible sobre la historia, hay una corriente poderosa que sigue arrastrando a todos aquellos que no quieren definirse frente a la verdad. A veces llamamos a esa corriente mala "el mundo". Sería mejor decir: la gente que se entrega al Amo del mundo. A ellos se refiere la Biblia al decir:

"No amen al mundo, o: Ustedes no son del mundo".

Pero citemos las mismas palabras de Jesús en Evangelio de hoy, creamos en el "testimonio" de Jesús respecto a Dios y su plan de salvación:

"Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo Único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Dios no mandó a su Hijo a este mundo para condenar al mundo, sino que por él ha de salvarse el mundo. El que cree en él no se pierde; pero el que no cree ya se ha condenado, por no creerle al Hijo Único de Dios".

"La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas: ahí está la condenación. El que obra mal, odia la luz y no viene a la luz, no sea que su maldad sea descubierta y condenada. En cambio, el que camina en la verdad busca la luz, para que se vea claramente que sus obras son hechas según Dios".

Esta Palabra de Jesús es el testimonio que debemos creer de él. Este testimonio de Jesús es el que debe dar credibilidad y también ratificar el título de este escrito: "CONVERTIRNOS AL AMOR DE DIOS".
Se trata que nosotros en Cuaresma no nos quedemos en un tiempo de pesimismo, negativo, preocupado tan solo del pecado y la penitencia. Por el contrario debe ser,para nosotros, un tiempo en que debemos profundizar en que hemos sido salvados, no por nuestros méritos, sino por que "Dios nos amó primero".
Vivir la Cuaresma es aceptar y convertirnos a ese amor de Jesús que llegó hasta dar la vida por nosotros.

Esa es la idea del Evangelio de hoy: Jesús nos revela ese amor del Padre que produce nuestra santificación y nuestra felicidad:

"Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo Único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna".

¡Jesús es la Palabra y el Amor de Dios Encarnado!

"Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios.
Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
El que no ama, no ha conocido a Dios, pues Dios es amor.
Envió Dios a su Hijo Único a este mundo para darnos la Vida por medio de él.
Así se manifestó el amor de Dios entre nosotros.
No somos nosotros los que hemos amado a Dios sino que él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados: en esto está el amor.
Queridos, si tal fue el amor de Dios, también nosotros debemos amarnos mutuamente.
Nadie ha visto nunca a Dios, pero si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se dilata libremente entre nosotros.
Dios nos ha comunicado su Espíritu; con esto comprobamos que permanecemos en Dios y él en nosotros.
Nosotros mismos hemos visto, y declaramos que el Padre envió al Hijo para salvar al mundo.
Si alguien reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.
Nosotros hemos encontrado al amor de Dios presente entre nosotros, y hemos creído en su amor.
Dios es amor.
El que permanece en el Amor, en Dios permanece, y Dios en él".
(1-Juan 4, 7-16).

Cristo vino al mundo no para condenar sino para salvar. Y no hay algo más positivo y optimista que el amor de salvación de Jesús. En esta Cuaresma en que tomamos conciencia de nuestras fallas y pecados, la Iglesia y sus hijos cristianos deberían hacer de esta palabra del Evangelio de hoy, un programa de vida: en vez de hacer una fuente de condenación y pesimismo. Los cristianos debemos ser en el mundo una reserva de esperanza y optimismo. Debemos "realizar la verdad, y acercarnos a la luz"; no tener miedo de que esta luz de Jesús muestre lo bueno y lo malo en nosotros y en la sociedad. El cristianismo es verdadero; por lo mismo crítico: señala lo que es mentira y tinieblas. La Cuaresma es un tiempo en que queremos identificar mejor las tinieblas, no para simplemente condenar - como es nuestra tendencia habitual - sino para salvar. Y no se salva sino aquello que se asume; aquella realidad en que la sal y la luz de los cristianos penetra y purifica.
Porque "Jesús quería salvar y no condenar", tomó el camino de asumir nuestra condición humana, para iluminarla y conducirla hacia Dios. Tomemos más conciencia, en esta Cuaresma, del mal que hay en nuestra sociedad, en nosotros, a nuestro alrededor, pero no para hacernos amargos y severos, sino para imitar la actitud de Jesús; asumir todo con amor y desde ese amor, purificar y subir nuestra vida. Porque esa realidad tan ambigua, por decir lo menos, que nos rodea es amada por Dios con un amor gratuito, con un amor que asume, que salva, y que nos impulsa a ser sus instrumentos para acercarla a la luz del Evangelio del amor. Esto debe también hacerse presente en nuestro corazón, con actitud a la manera de Jesús, para salvar a una Iglesia chilena, que se dice en crisis por pecados de miembros de ella. Veo mucha condenación tanto de hombres de Iglesia como de los Medios de Comunicación. La crisis se salva con amor y no con tanta condenación, metiendo a todos "en el mismo saco". La Iglesia de Jesús es mucho más que los abusos de algunos de sus miembros.

Que en esta Cuaresma la luz, la verdad del amor de Dios, avance en el mundo que nos rodea, por nuestro compromiso y conversión al amor de Dios. Amén.

Pbro. Eugenio Pizarro Poblete+


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