Ungido para evangelizar a los pobres

Jesús: "Yo voy al Padre, y voy allá a prepararles un lugar. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida".

DOMINGO QUINTO DE PASCUA.09.05.2017.

El Evangelio de esta domínica pascual, narrado por el Apóstol San Juan(Jn. 14,1-12), nos sitúa en un momento muy especial.Jesús está diciendo su Palabra a sus discípulos. Pero, esta Palabra, esta vez, para los discípulos, tiene un dejo de tristeza, suena a una despedida de su querido Maestro:

"Ahora me toca irme al Padre".(v.12). Antes les había dicho: "Hijos míos, yo estaré con ustedes por muy poco tiempo. Ustedes me van a buscar... . Les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: no podrán ir a donde yo voy". (Jn. 13,33).

Todo sucede en el contexto de la Última Cena.
"Ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el proyecto de entregar a Jesús. Y él sabía que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, y que de Dios había salido y a Dios volvía". (Jn. 13,2-3).

"Antes de la Fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de salir de este mundo para ir al Padre, así como había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el extremo".(Jn. 13,1).

"Se levantó mientras cenaba, se quitó el manto, se ató una toalla a la cintura y echó agua en un recipiente. Luego se puso a lavarles los pies a sus discípulos y se los secaba con la toalla". (Jn. 13,4-5).

Jesús, cuando llegó ante Pedro, para lavarle los pies, éste reacciona, y le da la oportunidad a Jesús de hacerle una insinuación a sus discípulos acerca de la situación de Judas Iscariote :

"Ustedes están limpios, aunque no todos. Jesús sabía quién lo iba a entregar; por eso dijo: No todos están limpios".( Jn. 13,10-11).

Y más adelante insiste:

"El que come el pan conmigo se levantará contra mí".( Jn. 13,18)...
"Jesús se conmovió y dijo con toda claridad: En verdad les digo uno de ustedes me va a entregar". (Jn. 13,21).

Los discípulos estaban sobrecogidos, y desanimados por estas afirmaciones y gestos premonitorios del Señor, aunque no comprendieron que se trataba de Judas. Y a esto - además de los avisos de partida - Jesús le hace un aviso premonitorio a su amigo Pedro, aviso de que tendrá miedo y que lo negará:

"¿Tú dar tu vida por mí? En verdad te digo: antes que cante el gallo me habrás negado tres veces". ( Jn. 13,38).
Imaginémonos el ambiente de tristeza, desánimo y de miedo de los discípulos, hombres frágiles, con virtudes y defectos, no obstante con un amor grande hacia su amigo Jesús.

En Evangelio de hoy, ya citado al comienzo, podemos leer las palabras con las que Jesús, pretende animar a sus discípulos: hombres tristes, abatidos, desanimados y con un tanto de miedo. Así estaban los discípulos. Por eso, para comprender su situación, he narrado puntos claves del capítulo 13 de San Juan.

El desánimo es una tentación, de las peores de cualquier cristiano, que de verdad quiere seguir a Cristo. Es una tentación al miedo. Miedo de haber perdido el tiempo; miedo de no saber a dónde ir; miedo por la partida, pérdida y ausencia de Cristo. Se produce un abatimiento y tristeza. Eso sucedía con los Apóstoles. Ante esta situación y tentación de desánimo y miedo a estar solo sin Jesús - que también nos puede suceder a nosotros en algunas etapas de nuestra vida - hagamos muy nuestras, con alma y vida, las palabras de Jesús a los Apóstoles en el Evangelio de hoy:

"No se turben; ustedes creen en Dios, crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas mansiones, y voy allá a prepararles un lugar (si no fuera así, se lo habría dicho). Pero, si me voy a prepararles un lugar, es que volveré y los llevaré junto a mí, para que, donde yo estoy, estén también ustedes.
Para ir a donde voy,ustedes saben el camino".

Tomás, el de "ver para creer", el con tendencia al pesimismo; con temor a la desilusión y al desánimo, entra en escena:

"Tomás le dijo: Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?

Y aquí viene la gran respuesta de Jesús. Respuesta que a todos nosotros, cristianos amantes y seguidores de Jesús, nos debe llenar de gozo, fortaleza, de fe esperanza y amor en Él, como nuestro único Señor de vida, y de vida en abundancia:

"YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA".

Él es Dios, que se hizo Hombre, para acompañarnos y salvarnos: verdadero Dios y verdadero Hombre."El Señor es mi Pastor qué me puede faltar". Jesús es el Amor. Él nos ha guiado, al igual que a sus Apóstoles, para que nuestro amor sea en la Verdad y sea de Vida y no de solas palabras. Si es el Camino, la Verdad y la Vida, no podemos volver atrás.
Estoy suponiendo, en nosotros y en nuestras vidas cristianas, un encuentro personal con Jesús de cada uno y de todos, y un seguimiento radical y perseverante con Él.
Si volvemos atrás por miedo a la incomprensión, al riesgo, a la persecución, quiere decir que nuestros pasos en el Camino, en su seguimiento y en nuestros compromisos, por Él, por ejemplo, con los más pobres, han sido solo fuego de paja, y que nuestra entrega a Cristo no ha sido basada en un amor verdadero a su persona. Tal vez todo se ha basado en normas frías y conceptos abstractos; en un mero voluntarismo; tal vez todo fundamentado en "algo" y no en "Alguien".

Jesús no nos está diciendo: Les muestro el camino que deben recorrer, tampoco, les doy un libro y un tratado de la verdad que deben creer, como palabras y conceptos fríos, sin calor y vida, sino:

"Yo soy el Camino,la Verdad y la Vida".

Y Pedro en la 2ª Lectura nos dice:

"Acérquense a él; ahí tienen la piedra viva rechazada por los hombres, y sin embargo escogida por Dios, que conoce su valor. Y también son ustedes piedras vivas con la que se construye el Templo espiritual. Ustedes pasan a ser una comunidad de sacerdotes que, por Cristo Jesús, ofrecen sacrificios espirituales y agradables a Dios". (1P. 2,4-5).

Se está refiriendo a una Iglesia viva, como don pascual del resucitado: Camino, Verdad y Vida. Es decir, nosotros no sólo debemos hacer cosas agradables a Dios, sino que nosotros, nuestras personas, miembros de la Iglesia, unidos en el amor, somos el sacrificio agradable a Dios. En resumen: el Camino, la Verdad y la Vida se encarnan en una Iglesia comprometida, que nos hace más unidos a Dios y unidos entre nosotros.

Y lo remacha Pedro en su carta:

"Ustedes al contrario son una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo que Dios eligió para que fuera suyo y proclamara sus maravillas. Ustedes estaban en las tinieblas y los llamó Dios a su luz admirable. Ustedes antes no eran su pueblo, pero ahora son pueblo de Dios, ustedes no habían alcanzado su misericordia, más ahora han conocido su misericordia". (1P. 2,9-10).

Y Lucas en los Hechos 6,1-7, 1ª Lectura de hoy, nos muestra que uno de los mayores dones pascuales de la resurrección de Cristo es el desarrollo creciente y persistente de la Iglesia: la Iglesia es un don pascual. Se nos habla del milagroso crecimiento de la primitiva Iglesia, que va abarcando toda clase de gentes, aún sacerdotes judíos. Hasta el punto que los Apóstoles y otros dirigentes y agentes pastorales de la Iglesia primitiva apenas podían dar abasto en su trabajo.
Y como la Iglesia está en las manos de Dios y no en manos de meros instrumentos humanos, hoy, tenemos la fe y esperanza de días mejores para nuestra Iglesia. Una Iglesia, tal vez, más de calidad que de cantidad.
Es decir, una Iglesia de hombres y mujeres que se han encontrado personalmente con "Alguien", con Jesús; hombres y mujeres habitados por el Señor, que en su Camino, Verdad y Vida, se hayan unido existencialmente con Él: con Jesús; y que algún día, en su crecimiento personal y comunitario de cristianos, puedan llegar a decir como San Pablo:
"para mí el vivir es Cristo" (Filip. 1,21); "ya no soy yo quien vive en mí, es Cristo quien vive en mí" (Gal,2,20); "es necesario impregnarse de los sentimientos de Cristo que por amor llegó a la muerte y a la muerte de Cruz" (Filip. 2,6-8); "todo lo he perdido por el amor de mi Señor y sé que no quedaré defraudado". (Filip. 3,7-8).

Uno lo pierde todo por Jesús y así Jesús me encuentra y toma posesión de mi persona y de mi vida.

Muchos cristianos toman su religión como una cosa aparte de su vida. Pero la religión está dentro de nuestra vida, de nuestros compromisos y pasos que damos en nuestro camino de peregrino; pasos que damos para cambiar el mundo, construyendo el Reino desde ya; paso que damos, con hambre y sed de justicia, para que los que tienen más dinero y poder no abusen de los que tienen menos. Pido a Dios y pido a los ricos que se conviertan a Dios. Lo pido, cuando en Chile debe hacerse una exigencia y un esfuerzo grande por una mayor igualdad y justicia; cuando debe cambiarse la Constitución ilegítima existente, que sostiene una economía de "capitalismo salvaje", que hace el "pecado social" que cae pesadamente sobre millones de chilenos, destruyendo sus familias y sus hogares, violando derechos fundamentales de toda persona humana.

Yo creo que de esta forma, con compromiso, nos hacemos también camino para los demás.
Como dice el Evangelio, por nuestras obras y frutos: por nuestro compromiso cristiano límpido y decidido, con nuestros hermanos - que siempre han esperado que nosotros nos acerquemos a ellos y que realmente seamos sus próximos - ellos deberían poder encontrar a Cristo.
Así, daríamos respuesta a la pregunta que se hacen muchos: ¿Qué ganaré con ser cristiano? Mostraríamos que Jesús da el sentido de nuestro actuar y de nuestro esfuerzo y sacrificio; que nos garantiza que no pasaremos en nuestras actividades, de una motivación de amor a una motivación de egoísmo, de ambición y de provecho personal. Que nos haría descubrir nuevos horizontes, transformándonos, poco a poco, en hombres y mujeres nuevos: "sin muros y con mucho horizonte".
Muchos inquietos por este cristianismo comprometido con Jesús y los demás, especialmente los jóvenes, creo yo, encontrarían que Jesús les daría a su natural tendencia inconformista y a su espíritu de cambios radicales en la sociedad, una motivación de fe y de amor, de claridad y de perseverancia.

Queridos hermanos: Creo que es muy difícil que cuando alguien se pregunte sinceramente sobre el Camino y la Verdad de su vida, la Vida, que es Jesús, Él lo deje solo, abatido, desanimado y con miedo.
Ciertamente que los que se hacen esta pregunta con sinceridad, tendrán la respuesta y la experiencia de la persona de Jesús, de un Emmanuel: Dios con nosotros.- Así sea.

Pbro. Eugenio Pizarro Poblete+


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