Ungido para evangelizar a los pobres

Jesús y la Mujer.

Tercer Domingo de Cuaresma Año A. 19.03.2017. (Juan 4,5-22).

Antes de referirme al Evangelio de este domingo que trata de Jesús y su encuentro con la mujer samaritana, quiero, al igual que el domingo pasado, entregarles algunos textos del Evangelio, para que se encuentren personalmente con Cristo en la oración. Jesús nos habla y se encuentra con nosotros en Evangelio. Hoy esta Palabra, que tiene variados y muchos anuncios, que ustedes podrán encontrar y meditar; a mí, me llama a tocar un tema que nos está urgiendo a salir del "machismo" y a dar valor y acogida a la mujer en nuestra sociedad. En el desarrollo de este escrito, encontrarán otras citas bíblicas, que recomiendo tomar en cuenta.

Hoy se está insistiendo contra todo tipo de discriminación. Se dictan leyes y condenaciones contra cualquier tipo de discriminación. Los insto, si el Espíritu les indica, a orar, a acoger y a valorar a la mujer como lo hace Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida. Creo que es necesario hacerlo entre nosotros como una transformación nuestra en nuestro caminar cuaresmal vía a la gracia y resurrección pascual.

Por el hecho de ser mujer, la mujer era marginada. No podía participar en la sinagoga ni ser testigo en la vida pública. ¡Mayor injusticia imposible! Pero, también había gente que no estaba de acuerdo con marginar a la mujer. Había una oposición a ello, de la que formaba parte Jesús. Pero Él no temía enfrentarse a las autoridades para salir en defensa de las mujeres marginadas y excluidas. Jesús tomó partido por ellas:

a) La joven "prostituta" encuentra amor y perdón y la defiende del fariseo. (Lucas 7, 36-50).

b) La mujer "encorvada" es aceptada como "hija de Abraham" y la defiende del jefe de la sinagoga que la expulsaba. (Lucas 13, 10-17).

c) La mujer considerada "impura" a causa del flujo de sangre la recibe sin reprenderla y la cura de su enfermedad. (Marcos 5, 25-34).

d) A una mujer "adúltera" la recibe y la defiende de los fariseos que querían apedrearla y matarla. (Juan 8, 2-11).

e) La mujer "extranjera" de la región de Tiro y Sidón logra, con su fe, cambiar la prueba que Jesús le hace, según la costumbre judía, y consigue ser atendida por él (Marcos 7, 24-30). El Maestro quiere enseñar que no hay que discriminar a la mujer, y que ésta tiene tanto o más valores que los discriminadores.

f) Las madres con hijos pequeños son acogidas y bendecidas por el Señor contra la voluntad de los discípulos que querían apartarlas. (Mateo 19, 13-15).

g) María Magdalena, considerada "poseída" por siete demonios (Marcos 16, 9), fue curada por Jesús (Lucas 8, 2) y recibió de Jesús Resucitado la misión de anunciar la Buena Nueva de la Resurrección. Se podría decir, que Jesús, al enviarla a anunciar el Evangelio a sus hermanos, la convierte en la primera mujer apóstol y en la primera en ser enviada en misión evangelizadora. (Juan 20, 16-18).

h) Jesús hizo suyo el proyecto del Padre donde la mujer y el varón, aunque diferentes, son iguales en dignidad y valor (Mateo 19, 3-5). Y a los discípulos que querían "seguirlo" no les permite que mantengan el dominio sobre la mujer (Mateo 19, 9-12).

Como se podrá comprobar en nuestra oración del Evangelio con estos textos, más otros bíblicos indicados en este escrito, caminando en cuaresma hacia la Pascua, podremos ver, que es muy necesario en nuestra conversión, acoger y valorar a la mujer.

En Lucas 7, 36-39, uno puede comprobar cómo se describe un contraste: Jesús come en casa de un fariseo practicante, y una mujer tenida como pecadora besa los pies a Jesús. El fariseo expresa el contraste: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién es y qué clase de mujer es la que lo toca: una pecadora".

Las palabras del fariseo están llenas de desprecio, de condenación y discriminación de la mujer. En tiempos de Jesús, la mujer estaba muy marginada; se le consideraba inferior al varón: Digo "varón" por que "Dios creó al "hombre", y los hizo varón y mujer"; hoy día se ocupa la palabra "hombre" indicando al varón; la mujer, en Biblia, fue también hecha hombre=mujer, igual que el varón, por tanto al referirme al hombre o a los hombres, para mí, se trata del varón y de la mujer).
Muchas mujeres llegaron a considerarse inferiores al varón, creando en ellas un gran complejo de inferioridad. Algunos de los proverbios que se encontraron en la Biblia revelan esta discriminación (Sirácides o Eclesiástico. 42, 9-14; 22,3).

Lo que más contribuía a la marginación de la mujer era la ley de la pureza. La mujer era considerada impura por ser madre, por ser esposa, por ser hija, por ser mujer. Por ser madre: dando a luz, se hacía impura (Levítico 12, 1-5). Por ser hija: el hijo que nace trae cuarenta días de impureza (Levítico 12, 5), pero la hija que nace trae ochenta días de impureza (Levítico 12, 5). Por ser esposa: la relación sexual la hace impura durante un día (Levítico 15, 18). Por ser mujer: la sangre de la menstruación la hace impura durante siete días.

Quien tocara a una mujer impura, también quedaba impuro o impura (Levítico 15, 19-30). La marginación llegó al extremo de considerar a la mujer como un peligro, como la causa de todos los males (Eclesiástico o Sirácides 42, 13-14; 25,13; 25, 24). Pero había gente que no estaba de acuerdo con esta discriminación de la mujer. Esta voz de oposición está registrada en la Biblia, por ejemplo, en los libros de Rut, de Judit, y en el Cantar de los Cantares.

Algunos se asustan cuando descubren estas cosas en la Biblia, pero no hay por qué asustarse. Tenemos que dar gracias a Dios. La Biblia registra sin error las equivocaciones del pasado. Retrata sin mentira a la sociedad mentirosa, tal como era, con todos sus defectos y virtudes.

El Apóstol Pablo dice que todas estas cosas, las buenas y las malas, fueron escritas para darnos una lección, "a fin de que no nos abandonemos a los malos deseos, como ellos lo hicieron". (1 Cor. 10, 6-11). Todo esto muestra cómo Dios ayuda a su pueblo a crecer. Muestra, sobre todo, la alegría de la Buena Noticia de Jesús para el pueblo de aquel tiempo y para nosotros hoy.

En Lucas 7, 40-42, Jesús comienza a responder al fariseo contando una pequeña parábola sobre dos deudores: uno debía quinientas monedas y el otro cincuenta. Los dos fueron perdonados. Y Jesús pregunta a Simón: "Simón, ¿cual de los dos querrá más al que les perdonó la deuda?". Contestó Simón:"Pienso que aquel a quien se le perdonó más".

Con esta respuesta él se condenó a sí mismo. Tiene más amor aquel a quien más se le perdona. Éste era el caso de la mujer prostituida. Ella estaba mostrando un gran amor, porque se le perdonó mucho.

En Lucas 7, 43-50, Jesús aplica la parábola. Es bueno leerla para comprender: Él acoge a la mujer y la defiende contra el fariseo. Como otras personas de su tiempo, Jesús no estaba de acuerdo con la marginación de la mujer, y no tuvo miedo de enfrentarse con las autoridades para defender a las mujeres marginadas y excluidas.

Hemos visto el caso de la mujer prostituida. Hay otros muchos casos. Por ejemplo, el de la mujer encorvada, que es acogida como "hija de Abraham" y es defendida contra el dirigente de la sinagoga que la expulsaba (Lucas 13, 10-17). En el caso de aquella mujer considerada impura por el flujo de sangre, que es acogida sin censura y curada de su enfermedad (Marcos 5, 25-34). Y la mujer adúltera recibe acogida y defensa contra los fariseos que querían matarla a pedradas (Juan 8, 2-11).

Juan 4,5-25: Ahora tomemos el caso evangélico de Jesús y la Samaritana que corresponde al Evangelio de este Domingo Tercero de Cuaresma.
La samaritana despreciada como hereje, es la primera en recibir el secreto de que Jesús es el Mesías (Juan 4, 25-26).
Los discípulos estaban asombrados porque Jesús hablaba con una mujer. No se trata de que en ellos había malicia con respecto a esta conversación y encuentro de Jesús con la samaritana; más bien se maravillaron porque en su cultura, con una mujer no se tiene conversaciones importantes ni se le dedicaba mucho tiempo hablando con las mujeres. Para ellos, no era de valor, no valía la pena que Jesús, su Maestro, perdiese su tiemplo hablando con una mujer. Más aún con una mujer samaritana: había problemas políticos discriminatorios entre judíos y samaritanos.

En nuestras costumbres culturales propias del pueblo sucede lo mismo o algo parecido, hoy menos que antes; pero a la mujer todavía no se le toma en serio para contarles cosas importantes. Pareciera que todavía no es digna de recibir los secretos del varón, incluso es de poco fiar porque se la considera muy buena para hablar, y se dice que suelta todo, habla mucho y es "copuchenta". A veces, uno se encuentra que la mujer no es considerada digna de recibir confidencias. Se piensa que varón debe tomarla en cuenta sólo para distraerlo, consolarlo y hacerlo feliz. Se transforma a la mujer como una mujer objeto. El varón todavía considera que las cosas importantes él debe tratarlas en forma aparte, con sus amigos; por ejemplo, las cosas del trabajo, de la política, son cosas serias que prefiere tratarlas con sus amigos.

Una mujer samaritana, enemiga de la raza judía, es elegida por Jesús como la persona a la cual comunica su revelación. Las palabras de Jesús con la samaritana nos recuerda su encuentro con Nicodemo, un varón importante; las palabras de Jesús se refieren nada más y nada menos, al sentido más hondo de su misión: renacer para ser "verdaderos adoradores en espíritu y en verdad". Despierta nuestro interés saber por qué Jesús le dice a la samaritana:"llama a tu marido". Uno puede pensar, por experiencia propia, que uno quiere comunicar y compartir con otros las cosas importantes que se nos comunican a cada uno; como que esas cosas las tomamos como algo muy propio que uno quiere compartir con los demás y no con cualquiera. Acordémonos de Eva. Ella compartió el fruto prohibido, como algo importante y perteneciente a ella, por lo manifestado en tentación por el demonio, acerca del árbol de la ciencia del bien y del mal. Eva compartió el fruto con Adán, y la samaritana no ve el momento de escapar a la ciudad para contar al marido este encuentro sabroso con Jesús.
Pero ella responde a Jesús que no tiene marido. Y Jesús lo sabe y lo reafirma: "Es verdad lo que dices que no tienes marido, has tenido cinco maridos, y el que tienes ahora no es tu marido...".
¿Qué significa para el cristiano tener marido?
El verdadero marido es el que asume a la mujer como una compañera, para siempre. Compañera no significa solo tener la misma casa y la misma cama, sino compartir las ideas, la educación de sus hijos, toda la vida, la vida toda de su compañera y viceversa, por parte de la mujer, toda la vida de su marido. Se toma en cuenta la vida toda de su pareja, compañera o compañero de vida.
La mujer en América Latina está todavía oprimida no porque solo sea tratada mal: violencia intrafamiliar, sino porque es dejada de lado; no colabora, muchas veces, en las cosas del varón o marido. Todavía la mujer, en muchos casos y situaciones de vida, no es considerada co-creadora. El varón o marido no piensa, muchas cosas y decisiones, con su mujer o esposa; el varón o marido, no concibe con ella sus anhelos y planes a futuro. Dicho más claramente, entre nosotros, todavía la mujer o esposa no co-crea con el esposo o su varón:

"A la conocida marginación de la mujer como consecuencia de atavismos culturales (prepotencia del varón, salarios desiguales, educación deficiente, etc.) que se manifiesta en su ausencia casi total de la vida política, económica y cultural, se agregan nuevas formas de marginación en una sociedad consumista y hedonista. Así se llega al extremo de transformarla en objeto de consumo, disfrazando su explotación bajo el pretexto de evolución de los tiempos (por la publicidad, el erotismo, la pornografía, etc. )". (Puebla 834).

"En las familias, la mujer se ve recargada además de las tareas domésticas por el trabajo profesional y en no pocos casos debe asumir todas las responsabilidades, por abandono del hogar por parte del varón".(Puebla 837).

Jesús hizo ver a la samaritana lo que debía ser el marido o varón con ella: el interlocutor, el que habla con ella de las cosas más suyas y más importantes, personalizado todo en un verdadero diálogo.
Una forma de pecado hoy, además de la falta de formación y educación de varones y mujeres en un compromiso de vida para siempre, es la falta de diálogo, en el matrimonio de los esposos, lo cual acarrea incomprensión, que es enemiga y rival serio de la amistad. Se crea un abismo más y más ancho entre los matrimonios.

La gracia de Jesús es ésta, esencialmente: una nueva capacidad de quererse; de entenderse, de amarse verdaderamente; esto significa: en pensar que el otro es capaz de colaborar conmigo.
San Pablo, en una frase de su texto de hoy, tiene una frase llena de consuelo: "pues el amor de Dios ya fue derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos dio". (Romanos 5,5).
Por eso, el pecado es división, manifestándose visible y dolorosamente en los esposos.
La conversión de cada uno en el matrimonio: en el esposo y en la esposa, es hacerse capaz de amar. Y el Espíritu Santo rompe el individualismo de quienes se comprometieron a amarse por toda una vida: para siempre, haciéndolos capaces de asumir al otro y a la otra con un amor siempre creciente: siempre el otro para la otra y viceversa, con un amor grande, como Cristo ama a su Esposa, la Iglesia. El matrimonio es imagen del amor de Cristo por su Iglesia (Efesios 5).
Y la muestra más nítida de la conversión es precisa: comprometerse en hacer crecer y cundir el diálogo entre los esposos, y de que también el esposo y la esposa y viceversa, hagan cada vez más verdadero y real el encuentro de amor entre ambos. Cada esposo, cada esposa debe ser siempre una Buena Noticia para su compañero o compañera, en un matrimonio de amor para siempre. Que nunca permanezcan indiferentes e irresolutos ante lo que avizora pérdida del primer amor. Éste debe ser cada vez más, como el primer amor, y cada vez más en crecimiento. Está prohibido, tanto para el varón como para su mujer, el acostumbrarse y permitir que entre ambos tenga cabida la rutina.

El Encuentro de Jesús con la samaritana, que nos ha mostrado la acogida y el valor que debe tener la mujer, nos ha llevado a anunciar desde la mujer, el Evangelio, también del matrimonio cristiano. Ambas cosas van muy ligadas y deben ser un motivo y una tarea importante en nuestra cuaresma, vía nuestra pascua. Que así sea.

Pbro. Eugenio Pizarro Poblete+

P. S. En este escrito he tenido en mi memoria y en mis manos los apuntes y libros de mi Profesor y Doctor en Sagrada Escritura, Padre Carlos Mesters, quien me enseñó, en un Curso de Teología Pastoral y Biblia, realizado en Brasil, a unir la fe con la vida, y la vida con la fe. Doy gracias a Dios.


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