Modelos (¿y modelas?) para nuestros hijos
11.06.08 @ 20:26:21. Archivado en España
Hace tiempo que me apetecía escribir algo sobre ciertos personajes populares que cada cierto tiempo nos asaltan desde las páginas de la prensa o se nos cuelan a través del televisor cuyos méritos parecen repartirse a partes iguales entre sus dotes como cantantes, o similar, y sus adicciones a las drogas y los escándalos. No creo que sea necesario citarlos con nombre y apellidos y, si lo es, lo siento mucho porque no estoy dispuesto a hacerlo porque precisamente lo que quiero es criticar la publicidad gratuita y deplorable que se les da en los medios de comunicación.
Me llama mucho la atención cómo algunos jóvenes con ingresos millonarios, que la mayoría no nos atrevemos ni a soñar, aún cuando soñamos con el premio de la lotería primitiva, no saben qué hacer con ese dinero salvo metérselo por la nariz, la garganta o las venas en forma de productos que les convierten en auténticos guiñapos incapaces de respetar a los demás, ni, desde luego, de respetarse a sí mismos.
No obstante, con ser eso deplorable, no tendría otra importancia que la de ver cómo una persona arruina su vida y cómo, sin tener ningunas dotes de adivino, todos sabemos de manera muy aproximada cómo va a terminar, si no fuera porque los medios de comunicación nos ilustran repetidamente sobre las actuaciones, comportamientos y adicciones de estos individuos, a los que no se privan de mostrar en los estados más lamentables de pérdida de lo que es el mínimo respeto por uno mismo.
Hoy he leído en el periódico que la llamada reina de soul (no puedo entender como a un personaje que tiene unos comportamientos públicos tan lamentables se la puede llamar reina de nada) ha firmado un contrato para ser la imagen y la musa de otro personaje cuyo nombre tampoco voy reproducir y que no sé qué hace o qué vende pero sí sé, si la noticia es cierta, que sólo tiene un objetivo en esta vida, que no es otro que ganar dinero a costa de quien sea y como sea, y que no tiene ningún respeto por sus clientes porque si lo tuviera no elegiría tan mal a las personas que van a representar su marca.
La noticia también decía que la persona que había recomendado a la “reina” es la conocida esposa de un exjugador del Real Madrid, la cual, además de por su dotes de no-cantante, no-modelo y su proverbial indigencia mental, también es conocida por los ridículos nombres que ha elegido para sus hijos. Niños a los que estoy seguro de que no tendría ningún problema en dejar al cuidado de su recomendada, dadas sus más que reconocidas costumbres y aficiones.
Es lamentable que empresas y medios de comunicación se empeñen en meternos por los ojos a unas personas cuyas vidas, no ya privadas, sino públicas, ya que muestran sus penosos comportamientos a los ojos de todo el mundo, no son sólo censurables, sino que ofrecen un pésimo modelo para nuestros jóvenes.
Si esta sociedad no estuviese gravemente enferma no permitiría estas prácticas. Y no se trata de censurar a los medios de comunicación o de impedir que las empresas tengan libertad para firmar contratos con quienes lo deseen. No. Se trata de que, si fuéramos sólo medio normales, esas personas nos producirían tal rechazo que los medios de comunicación y las empresas que tuvieran relaciones con ellos serían los primeros en verse perjudicados en sus intereses.
Lo más triste, además, es que la mayoría, si no todos, de esos personajes caerían rápidamente en el mayor de los olvidos si no se les diera la relevancia pública que se les da y que no merecen en absoluto, por muy bien que canten o por excelentes compositores que sean. Todos sabemos de qué está hecha la fama y que, como ellos, existen miles; y también sabemos que son las empresas que han gastado mucho dinero creando esos "ídolos" las que no están dispuestas a soltar la presa hasta que no hayan recuperado multiplicada por cien su inversión. Da igual que con ello trasladen ejemplos despreciables y abominables a su público, la mayoría adolescentes con la falta de madurez suficiente como para adoptar como patrones de conducta las actuaciones más aberrantes y deleznables.
Sigamos así, que vamos muy bien. De vez en cuando nos preguntamos por los modelos que esta sociedad presenta a nuestros hijos, nos quejamos de la violencia que se puede ver en el cine o nos ponemos exquisitos con los videojuegos o con el uso de juguetes bélicos, y una vez lavada y perfumada nuestra conciencia seguiremos como si tal cosa, chapoteando en las alcantarillas sin necesidad siquiera de taparnos la nariz porque el hedor es tal que nuestro olfato está ya anestesiado.
Comentarios:
Así nos luce el pelo.
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Avelino Vallina
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