La izquierda, Zapatero y el junco
01.05.08 @ 20:38:52. Archivado en España
La izquierda española de los últimos años, quizás desde la restauración de la democracia, defiende la idea de un estado débil y apocado.
Contagiada, quizás, por su propia estrategia para socavar desde la clandestinidad los valores que defendía la dictadura: patriotismo, nación, unidad, defensa ante el enemigo común, etc. ha terminado por creer sus propias patrañas y lo que tenía como fin debilitar a un régimen ha terminado por convertirse en su propia concepción del estado.
Nada que suponga un estado fuerte y unido, o que defienda un concepto de nación o, incluso, nuestra soberanía les merece ninguna estima.
Uno de los episodios que lo muestran más claramente ha sido el del Islote de Perejil. La izquierda, como siempre, se dedicó a poner en solfa la actuación del gobierno y del ejército. Todavía ahora, y con ocasión del apresamiento del Playa de Bakio, se recordó en tono de burla el famoso "Con viento fuerte de levante...". Supongo que, de gobernar Zapatero, el ejército se habría apresurado a acudir al islote con ayuda humanitaria para hacer más confortable la estancia de los militares marroquíes, pues ya sabemos que nuestro ejército sólo colabora en misiones de paz y es la primera y posiblemente única ONG armada del mundo.
La teoría de nuestra izquierda, y de la que Zapatero es el máximo exponente (de la teoría, quiero decir, no de la izquierda, porque a estas alturas todos sabemos ya que no tiene ideología ni de izquierdas ni de nada), consiste en resolver los conflictos dejando que la otra parte se salga con la suya. Si Marruecos toma Perejil, ¿a quién le importa? Es un islote sin ningún valor estratégico, ni económico.
Si una comunidad autónoma decide que es una nación, ¿qué más da? Nación es un término discutido y discutible.
Si unos piratas apresan un pesquero y piden un rescate, se paga el rescate, se trae a los pescadores a casa y a otra cosa. Francia persigue a los piratas y los apresa, pero ya se sabe cómo son los franceses y ahora que el presidente es Sarkozy peor todavía.
La izquierda sólo admite la patria pequeña de los nacionalistas porque es disgregadora de la patria común. Admite sin discusión los mitos ultranacionalistas periféricos porque se oponen a los mitos de la nación común. No hay gesta histórica que no sea disminuida, desmentida o ridiculizada por los que no pueden permitir que asome en los españoles ni un ápice, no ya de orgullo, sino de simple reconocimiento como colectivo con un mismo pasado.
En estos días en los que se celebra el bicentenario del alzamiento del 2 de mayo tenemos buenos ejemplos de ello. Que el pueblo fuera el protagonista no sirve en este caso, porque no pueden admitir que hubiera un sentimiento de identidad común ante el invasor por encima, o a pesar, de políticos, aristócratas o reyes. Si asoma España por algún lado hay que destruirlo. Por eso algunos se empeñan ahora en decir que fue la primera guerra civil española. Es decir, no se levantaron los españoles contra los franceses, sino que fue una guerra de españoles contra españoles. Sí, no es un error, españoles, porque para eso sí podía existir España, siempre que hubiera al menos dos y, por supuesto, enfrentadas.
Ni siquiera la lengua que se habla en todo el estado, que es patrimonio de todos y que constituye un innegable valor, no sólo cultural, sino también económico, es digna de defensa para estas personas.
Poseído por estas ideas Zapatero aplica la política del junco y cuanto más fuerte es el vendaval más se dobla; después, cuando el viento cesa y retorna la calma se yergue de nuevo y, sobrevolando con la mirada los daños causados por la tempestad, afirma solemne: ya dije que no había de qué preocuparse.
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De todas formas, además del clientelismo, el PSOE es una poderosísima máquina de propaganda que es capaz de "quemar" a cualquier político. En su día destrozó a Adolfo Suárez para el que ahora sólo tienen halagos. Después destrozó la de Calvo-Sotelo y más tarde la de Aznar, que cometió muchos errores, pero incomparablemente menos que Felipe González; sin embargo, la figura de éste está perfectamente restaurada y Aznar es un "apestado" para buena parte de la población española.
Es tremendo, pero es así.
Gracias por tu comentario.
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Avelino Vallina
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