Ibarra, la extrema derecha y la crispación
24.02.08 @ 12:53:30. Archivado en España
Esta mañana escuché el final de la entrevista que le han hecho en la SER, en el programa “A vivir que son dos días”, a Juan Carlos Rodríguez Ibarra. El expresidente de Extremadura repitió hasta la saciedad que no se debía votar el PP porque sus dirigentes son la extrema derecha. Al parecer ya no son la derecha extrema, como sutilmente les han calificado durante estos años.
Según él los votantes de izquierdas son muy críticos y por eso son proclives a no votar al Pose si hay algo que no les gusta. Sin embargo, él les animaba a hacerlo porque, ponía como ejemplo, él era de Sabina y, aunque no todo lo que hacía Sabina le gustaba, por eso no dejaba de ser de Sabina o de Serrat. Es decir, la izquierda debería votar al Psoe aunque no le gustase la política que había hecho en determinados asuntos. En cambio el votante de derechas no debería votar al PP porque eso era consolidar en la dirección de ese partido a la extrema derecha.
La entrevista se realizó a las nueve de la mañana, por eso es posible que Ibara, que al parecer ahora da clases de análisis periodístico en la universidad, no hubiera leído todavía los periódicos del día y por eso no sabía que El Mundo y La Razón decían que el PP había identificado a dos concejales del Psoe y un portavoz de IU entre los exaltados que el pasado viernes intentaron agredir a dos cargos de la Comunidad Madrileña. Estoy seguro de que un demócrata como Ibarra no habría dudado en reprobar el comportamiento de estas personas, incluso es posible que calificara estas acciones de extrema izquierda y hasta es posible que viera una deriva hacia la extrema izquierda en determinados comportamientos de algunos dirigentes de su partido.
Es posible que hubiera dicho todo eso, pero lo más probable es que acusara al diario El Mundo de mentir, como así hizo a lo largo de la entrevista, encuadrando a Pedro J. Ramírez también dentro de la extrema derecha. Se ve que a Ibarra le cuesta distinguir entre derecha y extrema derecha. O quizás no, quizás el veterano político distingue perfectamente entre una y otra, pero insulta a sabiendas a la dirección del PP porque quiere continuar con la criminalización de ese partido siguiendo las directrices del Psoe a lo largo de estos cuatro años. Después, cuando les dicen que con esas consignas y esas declaraciones alientan a los exaltados a reventar actos del PP y a atacar a sus dirigentes, ponen cara de no haber roto un plato y replican que es indigno acusarles de tal cosa cuando ellos están radicalmente en contra de esos actos.
La entrevista a Ibarra tuvo aún otra perla. Preguntado por la situación en Cuba dijo que allí estaban mejor que en España porque Fidel Castro dejaba el poder en vida, mientras que aquí hubo que esperar a que Franco muriese. La entrevistadora no acertó a preguntarle si hubiera preferido que Franco hubiese estado en el poder cuarenta y nueve años, como Fidel, es decir, hasta 1.988, con tal de que se hubiera ido voluntariamente. Y tanto el entrevistado como la entrevistadora pasaron por alto el hecho de que no parece iniciarse en Cuba una transición democrática, sino que lo que hay es una continuidad del aparato y el régimen comunista actual, ahora sin Fidel, seguramente porque su enfermedad le impide seguir apareciendo como el garante de la revolución cubana. Fue una pena porque seguro que Ibarra nos habría dado una interpretación interesante, dada la fascinación de ciertos demócratas españoles con las dictaduras de izquierdas.
En fin, volviendo a España, supongo que, a pesar de todo esto, el Psoe seguirá diciendo que cuando Zapatero se confesaba con Gabilondo reconociendo que les interesaba la tensión y que él mismo empezaría a dramatizar no se refería a crear crispación. ¡Qué va! Zapatero no. Ya sabemos que aquí sólo crispa el PP. Que es cierto que también lo hace, pero no sólo él. A la vista está.
Por cierto, que quien, a mi juicio, salió peor parado de los comentarios a micrófono “cerrado” tras la entrevista de Cuatro, ha sido Gabilondo, porque si ya estaba más que entredicho su imparcialidad y su imagen de hombre moderado y enemigo de la crispación, en esa conversación se puso en evidencia.
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Avelino Vallina
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