La inmigración y las señas de identidad de la izquierda
08.02.08 @ 20:35:47. Archivado en España
Es muy interesante ver cómo la izquierda va perdiendo lo que antaño fueron sus señas de identidad más relevantes. Ciñéndonos a España, llama la atención comprobar cómo IU y el PSOE, por citar a los más representativos, sienten una tremenda fascinación por los partidos nacionalistas cuya ideología debería estar en las antípodas de la suya. Y digo debería porque tanta fascinación y tanto apoyo a las políticas más regresivas de dichos partidos me hacen dudar respecto de dónde están esos partidos de izquierdas.
Otro ejemplo lo tenemos en la enseñanza y en la defensa que hacen de soluciones ajenas al esfuerzo y al mérito. Tratan de igualar a todo el mundo por abajo. Todos somos iguales y, por tanto, todos tenemos derecho a conseguir lo mismo con independencia de lo que hayamos hecho para conseguirlo. Esto no es propio de la izquierda, que siempre defendió el esfuerzo y el mérito para salir adelante, en contra de los privilegios del dinero o de la clase social. En esta nueva etapa, parecen haber renunciado a utilizar criterios de capacidad y mérito una vez que el Estado es capaz de proporcionar determinadas ventajas que ya no son exclusivas de las clases altas. Han recorrido en este caso un camino contrario al de las clases dominantes. Mientras éstas se han dado cuenta de que los privilegios de clase o las ventajas que da el dinero no bastan, que deben invertir mucho dinero en la formación de sus hijos y no dudan en enviarlos a estudiar a otros países a carísimas universidades privadas y les pagan masters que les cuestan millones de pesetas; nuestra izquierda defiende una educación en la que prima sobre todo conseguir el título acreditativo, sin que importen los conocimientos adquiridos. Con la excusa de no discriminar a los que, por distintas razones, no son capaces de seguir el ritmo de la mayoría, se discrimina a éstos obligándoles a seguir el ritmo de aquellos. Como consecuencia inevitable el nivel medio disminuye alarmantemente.
La izquierda debería comprender que el mayor daño que pueden hacer a los que supuestamente defienden es privarlos de una buena y exigente (valga la redundancia) educación, porque éste será el único patrimonio que tendrán para abrirse paso en la vida. No poner todos los medios para que cada cual alcance aquellos objetivos de los que sea capaz no es igualitario, sino tremendamente discriminatorio. La igualdad consiste en tratar igual a los que son iguales, pero es discriminatorio tratar igual a aquellos que no lo son.
Un análisis similar se puede hacer respecto a su postura con los inmigrantes. Su reacción ante la propuesta del PP ha sido lamentable en los términos, como ya viene siendo habitual. Sólo han sido capaces de acudir al lugar común, al insulto y a ladescalificación genérica. No digo yo que la propuesta del PP sea la panacea, y es cierto que peca de excesiva generalidad en algunos puntos, pero, al menos, es una propuesta seria. Por supuesto no ha habido ni un solo argumento, ni una alternativa en las críticas que ha recibido. También aquí acuden a la demagogia de condenar todo lo que suponga exigir algún esfuerzo o imponer alguna obligación. Ya están las leyes para eso, dicen. ¿Basta con eso? A la vista está que no. En los últimos doce años no se ha hecho nada en materia de inmigración. Las personas han ido llegando y se han ido abriendo camino como han podido o sabido. Unos se han integrado y otros no, pero no ha habido ningún proyecto ni ninguna planificación al respecto. ¿Hemos de esperar a que estalle el conflicto como en Francia? Parece más lógico aprender de las experiencias de otros países para tratar de hacerlo mejor. Desde luego, es mejor hacer algo aunque no sea del todo acertado, porque lo que está claro que es un error y no dará buenos resultados es no hacer nada.
¿De verdad cree la izquierda que lo progresista y lo que conviene a los inmigrantes es no exigirles unos mínimos conocimientos de nuestra lengua y de nuestras costumbres? En años no tan lejanos, en España, se hicieron programas de alfabetización de adultos para erradicar el analfabetismo, ¿si eso era bueno para los españoles por qué no ha de serlo para los inmigrantes? Si aún estamos procurando, incluso por la vía legal, prohibir determinadas costumbres poco recomendables como arrojar cabras desde el campanario de la iglesia o cualquier otra diversión que implique el sufrimiento de un animal, si todo eso nos parece deplorable y queremos y luchamos para erradicarlo de nuestra sociedad ¿hemos de admitir costumbres poco recomendables sólo porque quienes las practican son inmigrantes y vienen de otras culturas? No se trata de imponerles ninguna carga excesiva, abusiva o discriminatoria. Se trata de exigirles un esfuerzo por integrarse en el país en el que viven, permitiéndoles que conserven las costumbres que pueden convivir con las nuestras, pero prohibiendo aquellas que no tienen cabida en nuestra sociedad. Como todo esto tiene mucho que ver con la cultura y la educación, hemos de exigirles que integren a sus hijos e hijas en nuestro sistema educativo de manera plena, sin admitir excepciones que suponen de hecho un modo de discriminación en algunos casos. Y también se debe poner a disposición de los adultos planes de educación a los que deberían asistir aquellos que no tengan una instrucción mínima. Esto no es discriminatorio, más bien al contrario, les ayudaría a la larga porque la educación es fundamental y no sólo en los primeros años de la vida, también después, sobre todo si no se tuvo la ocasión de recibirla en su momento. Todo lo que se gaste en educación se ahorrará en cárceles (no sé de quién es la cita). Hay pocas cosas que hagan más por la persona que la educación. ¿Por qué razón no es la izquierda la primera en proponer esto? ¿Prefieren a las personas sin instrucción? ¿Creen que siendo complacientes con ellos y no planteándoles ninguna exigencia les están haciendo algún favor o sencillamente los prefieren ignorantes porque creen que así serán más fácilmente manejables? Eso era lo que la izquierda achacaba a las clases poderosas, que no querían personas instruidas que pudieran pensar por sí mismas ni progresar en la vida. ¿Es eso lo que desea ahora la izquierda?.
Quizás fuese bueno que perdiesen las elecciones a ver si alguno volvía a su casa con tiempo para leer a sus clásicos. Estar rodeados de la "gauche divine" que forman tantos artistas millonarios quizás les ha hecho perder la perspectiva, si es que alguna vez la han tenido.
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Avelino Vallina
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