Nuestra convivencia en peligro
12.03.07 @ 20:52:35. Archivado en España
No me gusta ser alarmista y quisiera seguir teniendo la confianza que siempre he tenido hasta ahora en que España era definitivamente un país avanzado política y económicamente y que estaba vacunado contra el uso de la violencia para resolver cuestiones sociales o políticas. Sin embargo tengo que admitir que estos días mi confianza decae.Por todos lados oigo descalificaciones, insultos, unos que apelan a la defensa de España, otros que advierten sobre la aparición de la extrema derecha, todos arrojándose los muertos a la cara y acusándose de no acordarse de unos muertos o de otros. Los políticos, ayudados por sus altavoces mediáticos, han ido transformando poco a poco al adversario en enemigo y los juicios que hacen del comportamiento de sus rivales es acorde a dicha consideración.
Olvidando a los partidos pequeños, algunos de ellos auténticos antisistema, acostumbrados a la inconsistencia no ya política, sino incluso racional, y fijándonos exclusivamente en los dos grandes partidos, hay que reconocer que el panorama no es nada alentador. Juegan con las ideas y los sentimientos de la población como un primate podría hacerlo con una granada de mano, sin pararse ni un segundo a pensar o medir el alcance de su irracional comportamiento. Tan sólo acuden al cálculo electoral: qué me puede dar más votos o qué puede restar más votos al contrario. Así van subiendo día a día el tono de la crispación, de la descalificación y del agravio. Esto es grave y peligroso en cualquier caso, pero lo es especialmente teniendo en cuenta que, si no hay un adelanto de las elecciones generales, aún queda un año para someter todas esas acciones al veredicto de las urnas. ¿Hasta dónde puede subir el tono de la confrontación durante todo un año? Si miramos el incremento que se ha producido en este último año y lo extrapolamos al año que queda por transcurrir, las previsiones dan auténtico pavor.
Y cuando se sube tanto el diapasón del enfrentamiento, cuando se pone toda la confianza en la decisión de las urnas, sin dejar un solo resquicio al acuerdo, ni al entendimiento, ¿se sabrá aceptar de buen grado el resultado electoral o la decepción y la frustración del perdedor obnubilarán su juicio hasta el punto de no aceptar el resultado? Y si la mayoría que obtenga alguno de los dos partidos no es suficiente para formar un gobierno fuerte ¿qué ocurrirá entonces, rotos como están todos los puentes entre los dos grandes partidos?
¿Alguien se atreve a imaginar siquiera que puede ocurrir si, Dios no lo quiera, en los próximos meses ocurre un nuevo atentado con víctimas, sea o no de ETA?
¿A dónde nos quieren conducir los partidos políticos? ¿Sólo yo tengo la sensación de que caminamos hacia el precipicio?
No es tan difícil la formación de masas de ciudadanos violentos. Los estadios de fútbol son un claro ejemplo de cómo ciudadanos pacíficos en un momento dado terminan por transformar su rabia, su frustración y sus miedos en violencia ciega dirigida contra el árbitro, el equipo rival, sus seguidores o contra todos ellos.
Si los políticos siguen jugando alocadamente con los sentimientos de las personas, agitando fantasmas y despertando odios y rencores quizás menos dormidos de lo que deberían, es posible que empiece a aparecer gente que quiera resolver por la fuerza lo que la fuerza no puede resolver de ningún modo.
Es el momento de detenerse a reflexionar. Es el momento de poner sordina a los insultos. Es el momento de que los intelectuales de este país, los de verdad, alcen su voz para construir un pensamiento auténtico al margen de la política de trazos gruesos de nuestros representantes. Es el momento de que los medios de comunicación dejen de pensar en sus cuentas de resultados, en sus datos de audiencia o en el número de lectores y asuman la responsabilidad que les corresponde para calmar los ánimos y exigir responsabilidad a nuestros dirigentes.
Creo que no deberíamos continuar ni un minuto más jugando el juego de nuestros políticos. El mono ya ha dado más de un mazazo a la granada de mano con la que juega alocadamente y si no hacemos nada por evitarlo nuestra convivencia acabará saltando por los aires.
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Si encima se azuza desde el gobierno como está ocurriendo es lo que pasa.
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Avelino Vallina
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