Adiós, amigo mío
20.06.07 @ 11:09:24. Archivado en Sobre el autor
Apareció en nuestras vidas con a penas un mes de vida. Pesaba setecientos cincuenta gramos. No era ni tan siquiera un kilo de piel y hueso. Recuerdo que nada más verlo en casa todos nos volvimos locos para ponerle un nombre bonito y gracioso. Al final fue mi madre la que propuso el nombre que el nuevo miembro de la familia llevaría con honor.
Los primeros días fueron duros. Apenas podía dormir porque Dalton, que así le puso mi madre, necesitaba sentir que le estaban tocando. Quizás echaba de menos el abrigo materno. Así que me pasaba noches enteras despierto con un perrito que me cabía en una mano pegado al cuerpo, con un miedo tremendo a aplastarlo sin querer. Por eso no dormía. En mitad de la noche lloriqueaba y se ponía muy inquieto. Eso quería decir que tocaba hacer pipí o cacota, así que lo llevaba hasta el baño pequeño, en donde en el plato de la ducha habíamos instalado un improvisado retrete perruno, que constaba de unas arenas especiales y unos periódicos viejos. Era todo un ritual. Además, para que se aprendiera bien el camino le obligaba a ir andando. En más de una ocasión no llegamos a tiempo y bueno, para lo pequeño que era iba bien cargadito.
Cuando quería ir a algún sitio y llevaba a Dalton, tenía que salir siempre como mínimo media hora antes de casa. Era todo un espectáculo ver a esa bolita con patas desplazarse a trompicones. Todo el mundo quería jugar con Dalton, y a él le iba la marcha así que se volvió un perro muy juguetón. Como era tan pequeñito no podía caminar mucho tiempo seguido porque se hacía pupita en las almohadillas, así que yo siempre llevaba una mochila para meterlo dentro de vez en cuando. Ahí dentro era aún más gracioso porque asomaba la cabecita y todos querían meter la mano.
Dalton tenía un buen amigo, Fox, que era como su mentor. Era un fox terrier que quería a Dalton con locura. Se hicieron casi inseparables. Aunque Fox, como era el mayor, siempre supo mantener a Dalton a cierta distancia. Fox le enseñó casi todas las cosas de perros a Dalton. Le enseñó a levantar la patita para hacer pipí, a buscar cosas enterradas, a pedir comida dando la patita... Dalton era todo un imitador de Fox.
Cuando Dalton ya tenía un añito, pesaba tres veces más que su amigo. Eran una de las parejas perrunas más peculiares. Lo bien que se lo pasaban jugando juntos. Los llevábamos a la playa de Poniente, en invierno, para no molestar a nadie, y no había quien los sacara del agua. Eran nadadores profesionales. Luego cuando por fin lográbamos sacarlos del agua, se retorcían en la arena, tipo croqueta, y telita después para cepillarlos.
Creo que no os lo había dicho antes pero Dalton era un Alaskan Malamute, perteneciente al grupo cinco, los perros nórdicos. Según tengo entendido, procedente de buena familia. Era todo un "gigoló", tanto que en un determinado momento de su vida tuvimos que castrarlo. Su comportamiento después no varió mucho. Siguió siendo un perro muy juguetón y alegre, pero más dócil, más prudente y más obediente.
Dalton fue un perro de mundo. Viajó por España casi tanto como yo. Me lo llevaba allá donde podía tenerlo. Nos fuimos juntos de acampada a Llanes, a Santa Marina de Ballota, vivió conmigo en Madrid... Siempre feliz y contento. Haciendo amigos allá donde iba.
Sólo siento no haberle podido dar más de lo que le dí en todos los sentidos. Haber jugado mucho más con él. Haberlo llevado a muchos más sitios. Haberle dado muchos más mimitos. Pero sobre todo, lo que más siento, es no haber podido estar allí, ayer por la noche, cuando falleció. De lo que no me arrepiento lo más mínimo es de haberlo querido tanto como a uno más de la familia. Él sabía que le queríamos. Creo que ha tenido una buena vida canina.
Allá donde estés, Dalton, en el cielo de los perritos o en cualquier otro lugar, gracias por tu compañía, por tu nobleza y por la lección de vida que nos has dado.
Comentarios:
He tenido en mi vida 7 perros(tengo 63 años)y para mi es como si hubiera perdido 7 miembros de la familia, les he querido tanto(y aun les quiero)
Ahora mi hija tiene un san Bernardo y mi otro hijo un chuchito precioso enrazado que lo abandonaron recien nacido en nuestra calle y ya tiene 12 años.
aunque esto suene fuerte. en fin, piensa en todos los momentos buenos que habéis tenido juntos y sobre todo en el recuerdo que ha dejado, en esa cosilla que te hace recordarlo...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Guillermo Gutiérrez Gómez
autor
Contacto






