La ciudad donde nací
08.10.06 @ 20:05:24. Archivado en Sobre el autor
Por sus calles se respira la humedad con olor a salitre de las olas, que al romper, se unen al aire. Aire limpio y fresco.

Siempre bajo una suave y constante lluvia, que tanto molesta y que tanto se echa de menos cuando falta. Sólo cuando estoy lejos aprecio más lo que Gijón me daba. Veranos de fiesta en Cimadevilla, con aquella sidra que tanto nos animaba. Inviernos húmedos de un frío afilado, ¡cómo me gustaba ponerme el abrigo y pasear por el Muro sintiendo el viento curtir mi rostro!, un rostro que se entristece cada vez que cruza de vuelta el Negrón dirección Madrid.
No sé qué se me remueve en el estómago cada vez que el autobús en el que viajo entra de madrugada en Gijón. Después de casi seis pesadas horas de trayecto, la recompensa merece la pena. Ya se ven las primeras luces a ambos lados de la autopista, indicando que nos aproximamos al casco urbano. Veo a la derecha la casa de mis padres y siempre espero poder verles asomados a la ventana a cualquiera de los dos, o a Dalton.
Toda prisa es poca desde la estación de autobuses hasta mi casa.
Cada vez que voy miles de recuerdos me atrapan, y entro en una profunda nostalgia que no se curará nunca. Es extraño. Estoy en Madrid y echo de menos Gijón, pero al llegar allí, parece que lo echo más de menos aún, y me da la sensación de no poder irme nunca más. Mis ojos, al entrar, se quieren expresar, pero mi cerebro se lo impide. Es poco tiempo el que paso allí y hay que hacerse fuerte para no sufrir.
Tengo claro que mi futuro no está en Gijón. Me duele pensar en ello. Es como tener un viejo amor por el que aún sigues suspirando y sabes que nunca lo tendrás de nuevo. Gijón ha sido mi primer amor. Desde el día en que asomé la cabeza en el Hospital de Cabueñes hasta el día que deje de existir, lo seguirá siendo. Sólo el amor que me pueda dar una mujer, a la que creo que aún no he encontrado (puede que la tenga delante y no saber que es esa mujer, aunque me gustaría que fuera, quienes me conocen saben a quién me refiero), podría hacer que mi corazón se abriese y se volviera a enamorar.
Gijón es espectacular desde que amanece hasta que el Sol se fusiona con el mar. Cuántos atardeceres habré presenciado desde el cerro de Santa Catalina. Cuántas horas habré pasado de risas con mis amigos de toda la vida. Cuántos recuerdos me llevo de sus calles y avenidas, de sus parques, de sus playas y pedreros, del puerto, del mar, del viento, del sonido de las olas, de cientos de horas sentado simplemente mirando al mar. Como quien se queda tonto mirando a su chica, y sin apartar la vista de sus ojos le dice, no me olvides nunca, que yo no te olvidaré.
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Guillermo Gutiérrez Gómez
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