Que tristes son las salas de personal.
29.09.06 @ 18:04:51. Archivado en Sobre el autor
En mi constante lucha por crear un mundo mejor, hoy quiero hablaros sobre las salas de personal. Esta mañana he bajado un ratito a la sala a descansar, y todo es tan frío, silencioso y de color crema, que en tres minutos ya estaba de vuelta en mi puesto.
Yo le pondría un poquito de gracia, unas plantitas, un poquito de música... Ya no digo una televisión, que podría dar lugar al alargamiento involuntario de los descansos, ¡pero un poquito de vidilla señores directores de empresa!.
Nosotros, los empleados, también tenemos nuestro corazoncito, y cuando por algún motivo tenemos que visitar los despachos o salas de los altos mandos, nos sentimos un poco desdichados. ¿Qué hemos hecho mal en la vida para tener que sufrir en la sala de descanso de personal?.
Bueno y siguiendo con el caso. No sólo la sala es triste, sino que encima las expendedoras de comida seca envasada al vacío no funcionan como todos esperaríamos. Eso quiere decir, que después de que la máquina te tragase tu euro, después de haberle dado varios puñetazos y patadas, y haber gritado tú solo como un inútil durante varios minutos, no consigues nada. ¡El bocata de pollo trufado no sale! . Pero no se queda atrapado sin caer, que también puede suceder, sino que la dichosa maquinita no se inmuta. Es totalmente increíble. Te pones a buscar algo de dinero suelto por todos los bolsillos. Sabes de sobra que no tienes, pero no quieres quedar mal delante de toda la gente que está sentada en la sala mirándote y partiéndose de risa interiormente, y que ya saben que el aperitivo te está saliendo caro. Total, sacas la cartera y tienes un billete de cinco euros. De nada te sirve porque no hay máquina de cambio. Preguntas a un par de personas si tienen cambio de cinco euros y desistes, aunque ves que un tercero se te queda mirando como queriendo decir algo, como diciendo, yo tengo cambio. Tú le miras pero ya todo da igual. Vuelves a tu puesto con un euro menos, sin haberte llevado al estómago el bocata de pollo trufado, humillado y echando pestes.
Sí amigos, sí. La sala de descanso puede cansarte.
Además, siempre hay un grupillo de empleados que son asiduos de la sala. Da igual a qué hora vayas, ahí estarán. Te preguntas cada vez que los ves ¿les pagan por estar aquí de cháchara?. Creo que voy a dejar de bajar a la sala de personal, estoy empezando a comprobar que me sienta mal.
También hay quien se lleva su tarterita con la comida. Me parece genial. La calientan en el microondas y tan contentos. Pero los que no estamos contentos somos los demás. Resulta que la persona en cuestión se puso a calentar unos escalopines al cabrales. Hombre, digamos que no es un olor agradable si te estás tomando un cafetito a media tarde. Te da la sensación de que se te está cortando la leche antes de llegarte al estómago.
En fin Serafín. Seguiremos protestando, jeje. La vida nos obliga a protestar, no queda más remedio. Saludos a todos los arbustos.
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Guillermo Gutiérrez Gómez
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