El último grito

Amor, feministas y descerebrados

29.01.17 | 11:39. Archivado en Cultura, Sociedad, Televisión, Educación

Yo no lo vi, pero según he podido comprobar con posterioridad, el programa de “El Hormiguero” en el que se entrevistaba a una futura astronauta dio mucho juego. Según parece, la chica -Alyssa Carson-, que solo tiene quince años, ha tenido desde su infancia el sueño de vivir en Marte. Debido a su esfuerzo, su sacrificio y su constancia -con 15 años habla ya 5 idiomas- la NASA ha decidido prepararla. En principio, la misión consistiría en vivir en Marte dos o tres meses, un tiempo considerable teniendo en cuenta que solo para llegar al planeta rojo se calculan unos nueve meses. Como podemos imaginar, la preparación para realizar una misión semejante debe ser extraordinaria. Sin embargo, lo que invadió las redes sociales no fueron comentarios acerca de los cinco idiomas que habla la chica, o su preparación física para realizar la misión, o la enorme preparación psicológica o de conocimientos físicos y químicos que deberá adquirir. Lo que invadió las redes sociales fueron comentarios sobre sus orejas. Tal como lo oyen; sus orejas. Como no podía ser de otro modo, en un país plagado de ignorantes, muchos de los telespectadores comenzaron a hacer comentarios jocosos en las redes sobre las enormes orejas de la chica. Y, paradójicamente, lo hacía gente -he visto sus fotos- con cara de mandril, o con dientes de conejo, o con pelos de puercoespín. Y, todos sin excepción, con cerebro de gusano. Para resumir; estamos rodeados de ciudadanos a los que no les impresiona el esfuerzo o la preparación de una cría de 15 años pero sí sus orejas. Y es que en España las coñas nos vuelven locos. Es nuestra seña de identidad por el mundo.

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Acoso escolar

22.01.17 | 12:25. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

Después de las noticias del suicidio de una menor en Murcia y el vídeo de una agresión a un alumno en la misma comunidad, el tema del acoso escolar ha vuelto a invadir los medios de comunicación. El acoso escolar en España es un problema difícil de tratar. Para empezar, debemos reconocer que los españoles somos un país bastante inculto y embrutecido. Por ejemplo, tenemos una cultura muy permisiva con el maltrato animal o con las novatadas en las facultades o institutos. Sin ir más lejos, las novatadas en la mili son todo un clásico en nuestras costumbres, orgullo de infinidad de hombres. Muchas personas niegan nuestros problemas culturales, y me critican muy a menudo por denunciar siempre en mis artículos que España es –en general- un país inculto. Sin embargo, negar la realidad no los hace mejores y, sin duda, no nos ayuda a solucionar los problemas. Negar la realidad, de hecho, hace que jóvenes de trece años se suiciden. Por eso, para abordar el fenómeno del acoso escolar debemos reconocer esa parte embrutecida de nuestra cultura más rancia y penalizarla. Porque, nunca lo olvidemos, el acoso no nace en la escuela, se ejecuta en la escuela, que es algo muy diferente. El acosador acosa en la escuela, pero también en el parque, en la calle y en cualquier otro espacio. Así que, al hablar de acoso escolar, lo primero que debemos tener en cuenta es que el acoso es un problema social, no un problema educativo. Es un problema social que afecta al plano educativo.
En cuanto a ese ámbito educativo, lo más importante es la prevención. Los programas de prevención

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Primero domestica; después, hacer los deberes

09.10.16 | 12:17. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

Cuando empecé a trabajar en educación -hace ya muchos años-, recuerdo que algunos padres me criticaban duramente por no enviar deberes para casa. Incluso, en ocasiones -como suele hacer el español medio, que no sabe de nada pero cree entender de todo- cuestionaban mi profesionalidad cuchicheando entre ellos o protestando formalmente ante al director. Al igual que entonces, sigo pensando que el tiempo que se dedica en el aula a enseñar debe ser suficiente para aprender y que, si no da tiempo, entonces hay que replantearse los programas de estudio, no los deberes. Obviamente, soy defensor de realizar algunas rutinas en casa por parte de los alumnos, como la lectura diaria, los trabajos en común como la realización de murales o vídeos o, lógicamente, terminar las actividades que debían ser terminadas en el aula pero que -por pereza o dejadez- no se terminaron a tiempo. Seguramente, muchos de los padres que me criticaban por entonces son hoy defensores acérrimos de no enviar deberes a casa, algo normal en un país donde todo el mundo tiene derecho a opinar por el simple hecho de tener lengua, aunque luego a esa lengua no le acompañe el raciocinio.
Como he dicho, los tiempos han cambiado. Hace un par de décadas, uno podía dar clase a un grupo de alumnos y daba tiempo a terminar prácticamente todo lo que uno tenía programado para esa jornada. Hoy en día, sin embargo, los primeros quince minutos de clase se dedican a comprobar qué alumnos han traído los deberes o qué alumnos han realizado las tareas del día anterior. Eso cuando traen los libros.

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La tiranía de la igualdad en educación

25.09.16 | 12:28. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

Hace unos días, en un programa de televisión, pude observar un suceso que me dejó absolutamente perturbado En la escena en cuestión había dos grupos de niños jugando a un concurso dentro de un aula. Cada grupo iba acumulando estrellas dibujadas en la pizarra a medida que ganaba puntos. En total, un grupo llevaba cuatro puntos y el otro, dos. Ante la siguiente pregunta, el equipo que iba perdiendo acertó y consiguió su tercera estrella. Entonces, uno de los alumnos del grupo ganador -un alumno con baja tolerancia a la frustración-, creyendo que habían ganado no solo el punto sino el juego, se levantó y empezó a dar pataletas y a protestar de manera muy beligerante, gritando y gesticulando excesivamente, golpeando paredes y libros. Mientras su rabieta iba en aumento, una de las niñas del grupo que iba perdiendo se levantó y -así porque sí; sin permiso de nadie- le quitó una estrella al grupo que iba ganando, con lo que ambos grupos quedaron con el mismo número de estrellas. Entonces, el docente -o lo que fuera aquello-, loco de contento, les preguntó a los alumnos si les parecía bien que dejasen el juego así, es decir, en empate, ya que la alumna que se había levantado por voluntad propia había solucionado el conflicto y, al final, nadie ganaba ni perdía. Todos contentos.
Posiblemente, desde el punto de vista educativo, no pueden cometerse más errores en menos tiempo. El número de errores cometidos son tantos y de tal magnitud que requerirían varias páginas para explicarlos correctamente.

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Feliz de ser hombre

17.09.16 | 20:57. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

Soy feliz siendo hombre. Y no soy feliz porque admire las enormes cualidades del sexo masculino: soy feliz siendo hombre porque ser mujer me resultaría del todo insoportable. Sinceramente, no puedo imaginar lo que una mujer normal puede llegar a soportar por culpa de ser mujer en un país medio desarrollado como el nuestro. Y no me refiero solo al ámbito profesional, como se pudiera pensar, donde una mujer cobra mucho menos que un hombre por realizar el mismo trabajo y tiene que soportar en ocasiones el acoso sexual de algún superior y el acoso laboral de alguna superiora, que de todo hay. Me refiero al simple hecho de caminar por la calle.
Hace muchos años, durante mi adolescencia y juventud, recuerdo que las madres y padres pedían a los chicos de la familia que acompañasen y cuidasen de las chicas cuando salían de fiesta o iban a la discoteca. Hoy en día -treinta años después- la situación sigue siendo muy similar: los padres y madres piden a sus hijos o sobrinos que cuiden de sus hijas cuando salen de fiesta. Y es que el simple hecho de salir por la calle supone hoy en día para la mujer una actividad de alto riesgo.

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Yo soy español, español

28.05.16 | 17:57. Archivado en Cultura, Política, Sociedad, Educación

Desde hace unas semanas, he decidido comportarme como un español medio. Es decir; he decidido pensar solo en mí y en mis huevos toreros. Para ser sincero, ahora que me comporto como un español medio, tengo que reconocer que soy muchísimo más feliz. Por ejemplo, ahora que soy un español medio, aparco donde me sale del pijo. Me importa un mojón si ocupo dos sitios de aparcamiento o un campo de fútbol entero, igual que hacen la mayoría de las personas que me encuentro cada mañana cuando llego a mi puesto de trabajo. Por supuesto, no pongo los intermitentes. Incluso he arrancado el mando de los intermitentes de mi coche por si algún día me entra la estúpida tentación de pensar otra vez en los demás. Cuando paso por una rotonda, por ejemplo, me encanta ver la cara de los otros conductores que tienen que esperar para salir porque no tienen ni pajolera idea de por dónde voy a ir.
Como español medio, también he decidido eliminar palabras de mi vocabulario. Después de ver los programas más vistos de la televisión española, he comprobado que se puede vivir perfectamente con apenas unas 200 palabras. Para ello, he incorporado un montón de latiguillos y frases sueltas que parecen funcionar muy bien y que valen para todo: “mazo”, “marrón”, “sí o qué”, “la patata”, “¿hola?” … Además, como español medio, todo lo que hablo lo hablo ahora a voces, para qué la gente de cinco mesas más allá del restaurante pueda oírme. Por supuesto, de las 200 palabras, unas 75 son tacos, que es más o menos una de cada tres.
Como español medio, también he decidido comprarme un taladro. De vez en cuando, a eso de las cuatro de la tarde, lo enchufo y comienzo a hacer algunos agujeros en las paredes. Algunas veces lo hago por las mañanas, aunque a eso de las nueve de la mañana de los sábados y los domingos lo que más me gusta es poner la música a tope al tiempo que paso la aspiradora. Ya, a eso de las doce de la noche, pongo si eso una lavadora. Como español medio, también he decidido quejarme de todo, pero no hacer nada. Por ejemplo, me quejo de la sanidad pública, pero cada vez que puedo le digo a la gente que, ante cualquier cosa, se vaya al hospital para que colapse las urgencias. Por ejemplo, también me quejo de la educación, pero luego desautorizo a los profesores y educo a mi hijo como si fuera Orzowei. También me quejo de la administración pública, pero siempre que puedo me escaqueo del trabajo o finjo que hago algo mientras dejo pasar el tiempo. Como español medio, también he decidido hablar mal de los gobiernos y de los corruptos, esos malditos desgraciados que hunden el país. A cambio de eso, pago todo lo que puedo en negro, me he descargado ya unas cien películas y otros tantos libros, y compro los CD’s de música en el Top Manta de mi barrio. Además, como español medio, también he decidido compartir con los demás la felicidad que me dan mis hijos. Por esa razón, los dejo en la calle tirados hasta las diez de la noche dando balonazos y gritos. Y en los restaurantes, les digo que se vayan a dar vueltas hasta las otras mesas para que así puedan interactuar con otros comensales. Y eso sí, sobre todo y por encima de todo, he decidido crear mi propia Hacienda pública, mi idioma y mi propia bandera.
En fin, que todavía estoy descubriendo poco a poco las costumbres típicas que nos han convertido en uno de los países más civilizados y cultos del mundo. Y es que no me extraña que aquí vengan tantos millones de turistas, porque entre que nadie cumple las normas y todo es trapicheo, la verdad es que en España se vive como Dios.
www.tonigarciaarias.com
@tonigarias
Facebook Toni García


La dulce ignorancia: sobre el abandono escolar

08.05.16 | 10:12. Archivado en Cultura, Política, Sociedad, Educación

Uno de cada cinco alumnos en España deja de formarse tras acabar la ESO. Esa es la principal conclusión que podemos extraer de los datos publicados el miércoles pasado por la oficina comunitaria de estadística Eurostat. Según esos datos, España renueva otro año más el poco gratificante título de ser el país de la Unión Europea con la tasa más alta de abandono escolar, con casi un 20% en 2015. De esta forma, España tiene el mayor porcentaje de jóvenes de entre 18 y 24 años que tienen, como mucho, una educación secundaria y que actualmente no siguen estudiando ni formándose. Para hacernos una idea de dónde estamos, basta decir que España duplica la media de la tasa de abandono escolar de la UE, que está situada en un 10%, y que además nuestro país se encuentra aún lejos del objetivo fijado por Bruselas para 2020, que está en el 15%.
Con respecto al sexo, los hombres siguen demostrando una menor implicación e interés por los estudios. Así, el 24% de los hombres en España abandona sus estudios tras la Educación Secundaria Obligatoria, mientras que en el caso de las mujeres el porcentaje se sitúa en el 15,8%.
Otro de los datos curiosos publicados por Eurostat es que, en nuestro país, también ha descendido el porcentaje de aquellas personas entre 30 y 34 años que han finalizado estudios superiores. Este porcentaje se sitúa en un 40,9% en 2015, mientras que en 2014 registró un 42,3%.

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Educación Emocional para todos

21.03.16 | 17:16. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

El pasado fin de semana presenté mi último libro "Educación Emocional para todos", publicado por la Editorial LoQueNoExiste. Se trata de un libro de divulgación dirigido al público en general, con un breve apartado específico para padres, docentes y cualquier persona relacionada con la educación de los menores.

¿Qué es la educación emocional?
De una manera sencilla, podemos decir que la educación emocional es la educación encaminada a la enseñanza y aprendizaje del conocimiento y gestión de las emociones. Aunque el concepto pueda parecer moderno, en esencia no lo es. Desde la aparición del ser humano, la educación emocional siempre ha estado presente, solo que dependiendo de la época y del entorno social, dicha educación era tratada de un modo o de otro, muchas veces de manera equivocada, ya que lo que se hacía era enseñar la represión de dichas emociones.
Hoy en día, sin embargo, la educación emocional comienza a tener mayor relevancia debido al hecho de que en la actualidad la neurociencia está comenzando a demostrar que el ser humano es principalmente un ser emocional; un ser emocional que racionaliza sus emociones, pero un ser emocional a fin de cuentas.

¿Por qué es importante la educación emocional?
En un lenguaje coloquial, se puede decir que la educación emocional es importante por dos razones fundamentales:

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Sobre el acoso escolar

31.01.16 | 13:05. Archivado en Educación

Tras el suicidio de un niño de 11 años por un presunto caso de acoso escolar y la aparición en prensa de su carta de despedida, estos últimos días se está hablando mucho sobre el acoso en los colegios e institutos. Si soy sincero, no puede sentir más que una enorme tristeza al escuchar la mayoría de estos comentarios, ya que sobre este asunto existe una enorme hipocresía social. Como docente –varios años en colegios de difícil desempeño-, he vivido situaciones extraordinarias sobre este asunto, desde padres que acuden al colegio para denunciar un caso de acoso escolar porque un alumno ha chocado contra su hija hasta padres que ven como algo normal los insultos y las peleas entre su hijo y otros compañeros. Mucho más si se trata de un partido de fútbol, donde los padres son los primeros que insultan al profesor de educación física y animan a sus hijos a partirle la pierna al contrario… Precisamente, esos mismos padres que luego denuncian al profesor si se le ocurre zarandear a su hijo cuando éste se comporta de manera inconveniente.
Cuando la actitud negativa de un menor no se corta en cuanto comienza a aparecer, a medida que crece también crece su nivel de violencia, chulería y agresividad. Con la frase “son críos”, muchos padres justifican actitudes en niños pequeños como robar, clavarle un lápiz a un compañero, pegarse en el patio o dibujar pollas en la pizarra. Sin embargo, el hecho de que un niño sea un niño no le hace más inocente a la hora de juzgarle. De hecho, varios estudios de universidades americanas afirman que un niño de seis meses es capaz de hacer juicios morales, con lo que ya comienza a distinguir entre el bien y el mal. Sin embargo,

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Lo normal y lo deficiente

06.12.15 | 10:57. Archivado en Cultura, Política, Sociedad, Educación

Hace unos días fui al dentista. Nada más llegar a la clínica, la enfermera me condujo a la sala de espera donde había ya un par de personas esperando. Unos minutos más tarde de mi llegada, llamaron de nuevo a la puerta. Al abrir, entró una familia compuesta por un padre, una madre y un niño. Los tres se sentaron a mi lado y se dispusieron a esperar. El niño en cuestión tenía sobre unos trece años y padecía Síndrome de Down. Durante el tiempo en que estuve en la sala de espera, el padre estuvo hablando con el hijo de las actividades que había realizado en el colegio ese día. De vez en cuando, el niño le daba palmaditas en la espalda al padre con cariño, el cual respondía también dándole cariñosas palmaditas en la espalda a su hijo. Justo antes de dirigirme a enfrentarme con el dentista, padre e hijo quedaban abrazados sobre el sofá viendo la televisión. A pesar de que la experiencia de ir al dentista nunca es agradable, salí de la clínica feliz; contento de ver a aquella familia y admirado por la buena educación que aquellos padres le habían ofrecido a su hijo. Sin embargo, la alegría me duró poco.
Nada más salir de la clínica me fui directamente a coger mi coche. De repente, unos gritos me sobresaltaron. En un principio me pareció que se trataba del berrido de unos animales salvajes –búfalos o bueyes- pero al girar la cabeza me di cuenta de que en realidad eran seis jóvenes de entre doce y catorce años que estaban situados frente a una tienda de abierto 24 horas. La ropa de las dos chicas de la manada

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No a la violencia de género

06.12.15 | 10:51. Archivado en Cultura, Política, Sociedad, Educación

El 25 de Noviembre se celebró el Día Internacional contra la violencia de género. Cuando se han cumplido 10 años de la entrada en funcionamiento de los juzgados especializados en violencia sobre la mujer, los expertos aplauden que la ley da una respuesta específica a las víctimas pero advierten de la prevalencia de estereotipos y comportamientos machistas que impiden erradicar esta violencia de manera significativa En lo que va de año, la violencia de género ha dejado ya 48 mujeres muertas y 42 menores huérfanos. Si contamos desde el 2005, ya van 671 mujeres asesinadas. En estos últimos 10 años, unos 300.000 maltratadores han sido condenados en España, una cifra que pone los pelos de punta.
No voy a entrar en si el término de violencia machista o violencia de género es más o menos adecuado. Tampoco voy a entrar en si existen mujeres que hacen denuncias falsas y amenazan a sus pareja con denunciarles o quitarles a sus hijos, porque de todo hay en la viña del señor. Lo que es evidente de manera aplastante es que la violencia la ejercen los hombres sobre las mujeres en todos los ámbitos, países y razas. Las mujeres –por norma general- no violan a hombres, ni abusan de su superioridad laboral para obligarles a tener relaciones sexuales, ni les manosean el culo en el trabajo, ni los acosan. Eso, lo hacen los hombres con las mujeres.
Con respecto a la violencia de género existe una cierta hipocresía social. Lloramos por las víctimas pero no hacemos nada para que no siga habiendo. En ese sentido, hay tres aspectos sobre los que tomar medidas. En primer lugar, la violencia de género de baja intensidad está absolutamente normalizada dentro de la sociedad. Una mujer sola por la calle puede ser víctima de las obscenidades de los obreros del edificio de enfrente, del camarero de turno y del baboso de la esquina. Incluso hay mujeres que lo aceptan como algo normal e incluso deseable. Sin embargo, ese es, sin duda, el germen que normaliza la sumisión sexual y moral de la mujer al hombre. Por muy guapo que uno sea, a ningún hombre le apetece que una desquiciada le vaya detrás diciendo que le va a comer esto o aquello. Sin embargo, los hombres lo hacemos, lo comentamos entre nosotros y -por si no fuera ya repulsivo de por sí- nos reímos.
En segundo lugar,

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El cambio educativo

08.11.15 | 11:42. Archivado en Cultura, Política, Educación

Durante este último año he visto con enorme satisfacción y alegría que se habla mucho de educación. La educación vuelve a despertar el interés de los medios de comunicación, y ya se sabe que todo lo que interesa a los medios de comunicación acaba finalmente interesando al ciudadano, como el libro de Belén Esteban, la operación estética de Kiko Matamoros o las lesiones de Messi o Ronaldo. Se habla mucho de educación, digo; se habla de educación en la prensa y en la radio, en la televisión y en las redes sociales. Habla de educación el presidente del Gobierno, los candidatos a presidente, el intelectual, el escritor, el contertulio, el pintor, el portero, la cajera del Mercadona y hasta el vecino del quinto, que ni siquiera tiene hijos. Habla de educación gente con gran renombre –no quiero citarlos para no provocar discusiones- que creo que jamás ha dado clase en un colegio o en un instituto. Incluso hablan de educación grandes maestros que aprenden a tocar la caja, cosa –sin duda- de gran repercusión en la vida del alumnado. Yo, como no quiero ser menos, también voy a hablar de educación.
Resulta que en los últimos años se habla mucho de que hay que cambiar la educación. Se habla de cambiar la educación como si la educación fuese un trozo de azulejo del cuarto de baño o una lavadora estropeada. Cambiemos la educación, dicen, y da la sensación de que solo hay que ir al Media Mark y comprarnos una nueva.

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Sábado, 27 de mayo

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