El último grito

"Soy diferente"

15.10.17 | 16:29. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

“Soy diferente”. Eso es lo que está de moda hoy en día; “ser diferente”. Ves el programa First Dates y de repente llega un tío que se sienta frente a Sobera y le dice, “yo es que soy diferente”. Y, al final, te enteras de que su diferencia radica en que tiene la espalda cubierta por un tatuaje y un piercing en el escroto, como si entre los 7.000 millones de personas que habitamos la tierra no hubiese nadie más con la espalda llena de tatuajes y un piercing en los huevos. Pero la gente quiere ser diferente. “Yo soy diferente”, dice una chica; “me encanta pasarlo bien, reírme, estar de cachondeo”, como si al resto de la humanidad le gustase pasarlo mal, llorar y clavarse palillos en las uñas. Pero la gente quiere ser diferente, distinguirse, creerse especial, no por nada, sino por el exterior, por la fachada, por el enlucido, ya sea gracias a una docena de tatuajes, a unas ropas estrafalarias o a la cantidad de metal incrustado en el cuerpo.
Ser diferente mola. Eso sí; ser diferente mola cuando se es minoría. Cuando se es minoría, ser diferente es genial. Vas por la calle con tus piercings en los pezones y las nalgas al aire por encima de unos pantalones cagones y lo petas. La gente te mira y te crees alguien. Sigues siendo el mismo paleto lleno de complejos de siempre, pero bajo tu tupe de vértigo o con tu lengua partida en dos a modo de serpiente pareces menos gilipollas. “Cuando salgo por la calle” -dice otro fiera- “las viejas me miran asustadas”. Y uno piensa; joder tío; vaya mérito el tuyo; solo por eso merecerías una beca Fulbright. Me río yo de Fleming y su estúpida penicilina.

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Presunta humanidad

19.09.17 | 11:10. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

Puedo imaginarme fácilmente la escena. Una pareja con dos hijos se prepara para tomar las tan esperadas vacaciones de verano. Todos están emocionados, ilusionados, felices, contentos. Han aguardado todo un largo año de trabajo para disfrutar de unos más que merecidos días de descanso en la playa. Pronto, se pondrán en camino, así que cogen las maletas del armario y comienzan a meter camisetas, pantalones, bañadores, … Todos sonríen. Incluso Toby, el perro de la familia, parece feliz mientras camina de un lado a otro de la casa como loco moviendo el rabo. Una vez que ya han metido todo lo necesario -y mucho más-, la pareja baja las maletas por las escaleras y las mete en el maletero del coche. Todos se introducen en el vehículo y comienzan la marcha. En los asientos de atrás, los dos niños y el perro miran atentamente la película proyectada en el DVD situado en el reposacabezas delantero. Después de unos cien kilómetros, los niños se quedan adormilados. El coche para la marcha lentamente y se detiene en la orilla de la carretera. Entonces, la pareja sale del vehículo y abre la puerta trasera. Toby sale, menea el rabo, olisquea y comienza a hacer sus necesidades. La pareja se introduce en el coche a toda velocidad, cierra las puertas, acelera y sigue la marcha, mientras Toby los observa alejándose sin comprender absolutamente nada.

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Deberes para vacaciones

02.07.17 | 13:03. Archivado en Sociedad

Por fin, ha llegado el verano, y con él, las vacaciones del colegio. Este es, sin duda, un momento crítico para muchos padres, que no pueden ajustar su horario laboral al horario vacacional de sus hijos. Equivocadamente, algunos de esos padres solicitan a la administración más días de clase en los colegios, cuando lo que deberían reclamar es más días de vacaciones en sus empresas para poder disfrutar de la vida familiar con sus hijos. Esto es como cuando alguien cuelga en Facebook la foto de un jornalero trabajando al sol y dice que los demás no pueden quejarse de la ola de calor en su trabajo de oficina. Los derechos, hasta donde yo sé, nunca se piden a la baja. De lo contrario, no se defiende al jornalero, sino al explotador. Pero, aparte de esto, hoy me gustaría hablarles de otro asunto que también preocupa a los padres: los deberes de vacaciones.
El aprendizaje, al contrario de lo que algunos puedan pensar, no es algo exclusivo de las escuelas. Por supuesto, también se produce en las escuelas, pero no es exclusivo de ellas. El aprendizaje está presente en cualquier lugar y en cualquier momento de la vida. El aprendizaje surge, fundamentalmente, de las experiencias. Por eso, la vida es el mejor escenario para aprender y, si uno está atento, cualquier aspecto que vivamos nos sirve para adquirir un aprendizaje. Porque el aprender, en la mayoría de las ocasiones, está en la actitud del que aprende más que en otra cosa.

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Amor, feministas y descerebrados

29.01.17 | 11:39. Archivado en Cultura, Sociedad, Televisión, Educación

Yo no lo vi, pero según he podido comprobar con posterioridad, el programa de “El Hormiguero” en el que se entrevistaba a una futura astronauta dio mucho juego. Según parece, la chica -Alyssa Carson-, que solo tiene quince años, ha tenido desde su infancia el sueño de vivir en Marte. Debido a su esfuerzo, su sacrificio y su constancia -con 15 años habla ya 5 idiomas- la NASA ha decidido prepararla. En principio, la misión consistiría en vivir en Marte dos o tres meses, un tiempo considerable teniendo en cuenta que solo para llegar al planeta rojo se calculan unos nueve meses. Como podemos imaginar, la preparación para realizar una misión semejante debe ser extraordinaria. Sin embargo, lo que invadió las redes sociales no fueron comentarios acerca de los cinco idiomas que habla la chica, o su preparación física para realizar la misión, o la enorme preparación psicológica o de conocimientos físicos y químicos que deberá adquirir. Lo que invadió las redes sociales fueron comentarios sobre sus orejas. Tal como lo oyen; sus orejas. Como no podía ser de otro modo, en un país plagado de ignorantes, muchos de los telespectadores comenzaron a hacer comentarios jocosos en las redes sobre las enormes orejas de la chica. Y, paradójicamente, lo hacía gente -he visto sus fotos- con cara de mandril, o con dientes de conejo, o con pelos de puercoespín. Y, todos sin excepción, con cerebro de gusano. Para resumir; estamos rodeados de ciudadanos a los que no les impresiona el esfuerzo o la preparación de una cría de 15 años pero sí sus orejas. Y es que en España las coñas nos vuelven locos. Es nuestra seña de identidad por el mundo.

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Acoso escolar

22.01.17 | 12:25. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

Después de las noticias del suicidio de una menor en Murcia y el vídeo de una agresión a un alumno en la misma comunidad, el tema del acoso escolar ha vuelto a invadir los medios de comunicación. El acoso escolar en España es un problema difícil de tratar. Para empezar, debemos reconocer que los españoles somos un país bastante inculto y embrutecido. Por ejemplo, tenemos una cultura muy permisiva con el maltrato animal o con las novatadas en las facultades o institutos. Sin ir más lejos, las novatadas en la mili son todo un clásico en nuestras costumbres, orgullo de infinidad de hombres. Muchas personas niegan nuestros problemas culturales, y me critican muy a menudo por denunciar siempre en mis artículos que España es –en general- un país inculto. Sin embargo, negar la realidad no los hace mejores y, sin duda, no nos ayuda a solucionar los problemas. Negar la realidad, de hecho, hace que jóvenes de trece años se suiciden. Por eso, para abordar el fenómeno del acoso escolar debemos reconocer esa parte embrutecida de nuestra cultura más rancia y penalizarla. Porque, nunca lo olvidemos, el acoso no nace en la escuela, se ejecuta en la escuela, que es algo muy diferente. El acosador acosa en la escuela, pero también en el parque, en la calle y en cualquier otro espacio. Así que, al hablar de acoso escolar, lo primero que debemos tener en cuenta es que el acoso es un problema social, no un problema educativo. Es un problema social que afecta al plano educativo.
En cuanto a ese ámbito educativo, lo más importante es la prevención. Los programas de prevención

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La bolsa o la vida

15.01.17 | 13:37. Archivado en Política, Sociedad, Economía

Según el sentir popular, los médicos y los enfermeros españoles –hombres y mujeres- son de los mejores del mundo. Y es cierto. La preparación universitaria de nuestros médicos y de nuestros enfermeros es, por norma general, muy superior en calidad –y en años- a la de médicos y enfermeros de otras partes del mundo. Pero, además de toda esta preparación teórica, nuestros médicos y nuestros enfermeros están tremendamente preparados gracias a su experiencia en el campo de batalla. Trabajar en un hospital español hoy en día es como trabajar en un hospital de campaña de la I Guerra Mundial: enfermos tirados en camillas por los pasillos, pasillos repletos de gente que grita de dolor, ancianos anclados a sillas de ruedas por falta de camillas, niños llorosos, colapso en la sala de urgencias, falta de personal, horas y horas de espera, suciedad, comida precaria, televisión de pago, etc. Por si todo lo dicho anteriormente fuera poco para poder desarrollar una profesión decentemente, los médicos y enfermeros españoles deben enfrentarse cada día a agresiones o insultos por parte de pacientes o familiares de pacientes. El año pasado, por ejemplo, las agresiones a médicos aumentaron un 5%, alcanzándose un total de 361 agresiones. Es cierto que cuando a uno no le atienden correctamente

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Mi amigo Donald

20.11.16 | 12:40. Archivado en Política, Sociedad

No creo que pudiera ser amigo de Donald Trump. Y no me refiero solamente a la distancia física e ideológica que nos separa. Su forma pública de ser no me gusta. A lo mejor, en la intimidad de su casa, es un tío genial, pero no lo creo. Sus palabras y modales públicos me resultan en muchas ocasiones desagradables. Sin embargo, a pesar de que algunas de sus frases contienen connotaciones machistas o racistas, también es cierto que parte del mensaje que transmite no deja de ser verdad, aunque pueda resultar políticamente incorrecto. Que algo sea políticamente incorrecto no quiere decir que no sea cierto. De hecho, con respecto a la inmigración, un porcentaje importante de latinoamericanos y personas de países musulmanes están de acuerdo con Trump en que la inmigración ilegal es nociva porque perjudica a los que legalmente están en el país. Y lo mismo sucede con su opinión sobre el tráfico de drogas. Pero todo ello sería tema para otro artículo.
Como digo, no creo que nunca llegase a ser amigo de Donald Trump. No me acaba de caer del todo bien. Sin embargo, para juzgar su política, sé que debo esperar un tiempo prudencial. Hay, en cambio, quien no opina de este modo. Tras su elección como Presidente de los EE.UU., una marabunta de norteamericanos se ha echado a la calle para protestar por su elección. Esa gente –y muchos de los que les apoyan tanto en España como en el resto del mundo- dicen que Trump es un indecente, un inmoral, un machista, un sinvergüenza y que no puede ocupar la presidencia del país. Al parecer, estas personas dicen que ellos sí son buenos, morales y decentes.

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Una justicia que abandona a las víctimas

24.10.16 | 09:38. Archivado en Política, Sociedad

Hace ya unos cuantos años, cuando estudiaba Empresariales, tenía una profesora de Derecho muy estricta. Recuerdo que en una ocasión, durante una clase, la profesora nos dijo que la aplicación de la justicia tenía dos objetivos principales: por un lado, castigar al delincuente y, por otro, buscar su reinserción. Yo pregunté entonces dónde se encontraba un –para mí entender- tercer objetivo fundamental de la justicia; la prevención del delito con la finalidad de que no hubiese más víctima de ese delincuente. La profesora me contestó que aquella no era una función de la justicia. Y nada más. Aunque ya lo imaginaba, en aquel momento tuve la certeza de que muchos de los que se dedican al derecho jamás se plantean las normas, solo se dedican a aplicarlas sin plantearse siquiera su funcionalidad o validez, algo que va en contra de la propia esencia de la justicia. Como pueden imaginar, en más de una ocasión fui invitado a abandonar el aula.
Cuando la justicia no protege a la víctima, apoya al delincuente. Esta es una realidad que creo que mucha gente comparte.

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Primero domestica; después, hacer los deberes

09.10.16 | 12:17. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

Cuando empecé a trabajar en educación -hace ya muchos años-, recuerdo que algunos padres me criticaban duramente por no enviar deberes para casa. Incluso, en ocasiones -como suele hacer el español medio, que no sabe de nada pero cree entender de todo- cuestionaban mi profesionalidad cuchicheando entre ellos o protestando formalmente ante al director. Al igual que entonces, sigo pensando que el tiempo que se dedica en el aula a enseñar debe ser suficiente para aprender y que, si no da tiempo, entonces hay que replantearse los programas de estudio, no los deberes. Obviamente, soy defensor de realizar algunas rutinas en casa por parte de los alumnos, como la lectura diaria, los trabajos en común como la realización de murales o vídeos o, lógicamente, terminar las actividades que debían ser terminadas en el aula pero que -por pereza o dejadez- no se terminaron a tiempo. Seguramente, muchos de los padres que me criticaban por entonces son hoy defensores acérrimos de no enviar deberes a casa, algo normal en un país donde todo el mundo tiene derecho a opinar por el simple hecho de tener lengua, aunque luego a esa lengua no le acompañe el raciocinio.
Como he dicho, los tiempos han cambiado. Hace un par de décadas, uno podía dar clase a un grupo de alumnos y daba tiempo a terminar prácticamente todo lo que uno tenía programado para esa jornada. Hoy en día, sin embargo, los primeros quince minutos de clase se dedican a comprobar qué alumnos han traído los deberes o qué alumnos han realizado las tareas del día anterior. Eso cuando traen los libros.

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La tiranía de la igualdad en educación

25.09.16 | 12:28. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

Hace unos días, en un programa de televisión, pude observar un suceso que me dejó absolutamente perturbado En la escena en cuestión había dos grupos de niños jugando a un concurso dentro de un aula. Cada grupo iba acumulando estrellas dibujadas en la pizarra a medida que ganaba puntos. En total, un grupo llevaba cuatro puntos y el otro, dos. Ante la siguiente pregunta, el equipo que iba perdiendo acertó y consiguió su tercera estrella. Entonces, uno de los alumnos del grupo ganador -un alumno con baja tolerancia a la frustración-, creyendo que habían ganado no solo el punto sino el juego, se levantó y empezó a dar pataletas y a protestar de manera muy beligerante, gritando y gesticulando excesivamente, golpeando paredes y libros. Mientras su rabieta iba en aumento, una de las niñas del grupo que iba perdiendo se levantó y -así porque sí; sin permiso de nadie- le quitó una estrella al grupo que iba ganando, con lo que ambos grupos quedaron con el mismo número de estrellas. Entonces, el docente -o lo que fuera aquello-, loco de contento, les preguntó a los alumnos si les parecía bien que dejasen el juego así, es decir, en empate, ya que la alumna que se había levantado por voluntad propia había solucionado el conflicto y, al final, nadie ganaba ni perdía. Todos contentos.
Posiblemente, desde el punto de vista educativo, no pueden cometerse más errores en menos tiempo. El número de errores cometidos son tantos y de tal magnitud que requerirían varias páginas para explicarlos correctamente.

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Feliz de ser hombre

17.09.16 | 20:57. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

Soy feliz siendo hombre. Y no soy feliz porque admire las enormes cualidades del sexo masculino: soy feliz siendo hombre porque ser mujer me resultaría del todo insoportable. Sinceramente, no puedo imaginar lo que una mujer normal puede llegar a soportar por culpa de ser mujer en un país medio desarrollado como el nuestro. Y no me refiero solo al ámbito profesional, como se pudiera pensar, donde una mujer cobra mucho menos que un hombre por realizar el mismo trabajo y tiene que soportar en ocasiones el acoso sexual de algún superior y el acoso laboral de alguna superiora, que de todo hay. Me refiero al simple hecho de caminar por la calle.
Hace muchos años, durante mi adolescencia y juventud, recuerdo que las madres y padres pedían a los chicos de la familia que acompañasen y cuidasen de las chicas cuando salían de fiesta o iban a la discoteca. Hoy en día -treinta años después- la situación sigue siendo muy similar: los padres y madres piden a sus hijos o sobrinos que cuiden de sus hijas cuando salen de fiesta. Y es que el simple hecho de salir por la calle supone hoy en día para la mujer una actividad de alto riesgo.

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Está tó pagao!!

14.06.16 | 19:16. Archivado en Política, Sociedad, Economía

Hace ya varios años, mi padre comentaba que en algunas obras de las que era responsable le era difícil encontrar y contratar a trabajadores. Al parecer, esto se debía, por un lado, a las exigencias desmesuradas de los sindicatos y, por otro, a que, entre las ayudas municipales y el paro, muchas personas cobraban casi igual sentados en el sofá de su casa que trabajando. Por aquellos años, recuerdo que alentadas por políticas sociales erróneas, muchas personas se inscribían en el paro -incluso personas que nunca habían trabajado ni pensaban trabajar jamás- por si podían rascarle algo al estado. Ya sé que este tipo de declaraciones molestan a algunas personas, especialmente a aquellos que jamás han dado un palo al agua y a los que les gusta disponer del dinero de los demás, pero que sea incomodo de oír no significa que no sea rotundamente cierto. Y todos sabemos de lo que hablamos.
Hoy en día, debido a la crisis, la situación ha cambiado, pero tampoco sustancialmente. De cada 10 euros que ingresa el estado en sus arcas, 9 proceden de los sueldos de los trabajadores. En España hay alrededor de 17 millones de ocupados y unos 47 millones de habitantes. Es decir, que cada ocupado sustenta los servicios de 3 personas.

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Viernes, 24 de noviembre

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