El último grito

El ocio en la infancia

24.03.18 | 18:46. Archivado en Educación

En la época en la que transcurrió mi infancia, nuestros padres tenían la insana costumbre de enviarnos a jugar a la calle sin ninguna herramienta. Después de comer, te decían: “venga; vete a jugar”, y tú salías a toda velocidad por la puerta de tu casa sin ningún instrumento en las manos. Como mucho, algunas veces llevabas una pistola de petardos, una muñeca de plástico o un balón de fútbol, pero poco más. Por aquel entonces, los niños éramos más salvajes, más primitivos y -aunque no tuviésemos ningún artilugio para jugar- enseguida nos entreteníamos haciendo un arco de flechas con un paraguas roto, o construyendo una cabaña de madera con las ramas de unos árboles, o cazando grillos, o inventando historias para recrearlas o jugando al escondite hasta bien entrada la noche. Eran tiempos donde las máquinas no estaban destinadas al ocio y donde los aparatos no sustituían a las personas.
Hoy en día la situación del ocio en los menores es muy diferente. Posiblemente, un poco más triste. Los niños de hoy en día apenas saben jugar entre ellos. Y, mucho menos, jugar solos sin la presencia de una máquina. La situación ha llegado a tal extremo que algunos colegios están comenzando a incluir programas en los recreos para enseñar a los niños a jugar en el patio. Decirle a un niño de hoy en día “sal a jugar” sin darle un móvil o una tableta es como lanzarlo en mitad de un desierto vacío.

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