El último grito

Mi amigo Donald

20.11.16 | 12:40. Archivado en Política, Sociedad

No creo que pudiera ser amigo de Donald Trump. Y no me refiero solamente a la distancia física e ideológica que nos separa. Su forma pública de ser no me gusta. A lo mejor, en la intimidad de su casa, es un tío genial, pero no lo creo. Sus palabras y modales públicos me resultan en muchas ocasiones desagradables. Sin embargo, a pesar de que algunas de sus frases contienen connotaciones machistas o racistas, también es cierto que parte del mensaje que transmite no deja de ser verdad, aunque pueda resultar políticamente incorrecto. Que algo sea políticamente incorrecto no quiere decir que no sea cierto. De hecho, con respecto a la inmigración, un porcentaje importante de latinoamericanos y personas de países musulmanes están de acuerdo con Trump en que la inmigración ilegal es nociva porque perjudica a los que legalmente están en el país. Y lo mismo sucede con su opinión sobre el tráfico de drogas. Pero todo ello sería tema para otro artículo.
Como digo, no creo que nunca llegase a ser amigo de Donald Trump. No me acaba de caer del todo bien. Sin embargo, para juzgar su política, sé que debo esperar un tiempo prudencial. Hay, en cambio, quien no opina de este modo. Tras su elección como Presidente de los EE.UU., una marabunta de norteamericanos se ha echado a la calle para protestar por su elección. Esa gente –y muchos de los que les apoyan tanto en España como en el resto del mundo- dicen que Trump es un indecente, un inmoral, un machista, un sinvergüenza y que no puede ocupar la presidencia del país. Al parecer, estas personas dicen que ellos sí son buenos, morales y decentes. Trump, no lo es; ellos, sí. Por eso, pueden salir a la calle para intentar “derrocar” a una persona elegida democráticamente por el pueblo. Esta gente es tan demócrata que la democracia solo funciona si ganan ellos. De lo contrario, la democracia no existe. Eso es lo que piensan muchos mal llamados progresistas y muchos independentistas. Porque ellos sí son morales. Como Bill Clinton, que utilizó un edificio institucional para que le hiciesen una felación. O su mujer, cuya moralidad le permite –quien sabe si por razones políticas más que emocionales.- seguir con un marido que la humilló públicamente. No sé si eso, al final, será más o menos machismo que las propias palabras de Donald Trump.
Me resulta muy curioso –y sobre todo, preocupante- que hoy en día haya un sector de la población –normalmente asociado a grupos progresistas- que considera que ellos tienen la legitimidad moral para decidir qué es bueno y qué es malo, quién debe y quién no debe gobernar. Donal Trump es apoyado por millones de americanos -de los cuales, no todos son blancos, machistas y racistas- sin embargo, por encima de los votos de esos ciudadanos libres hay un poder superior que es el poder de aquellos que dicen que eso está mal, que esa gentuza que ha votado a Trump está equivocada, que ese hombre no puede gobernar a pesar de las urnas, que el resultado solo es legítimo si ganan ellos. Porque, al final, resultan que quienes acusan de fascistas a otros acaban teniendo actitudes verdaderas fascistas. Y los progresistas somos precisamente lo contrario a eso.
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Comentarios
  • Comentario por Un mal llamado progresista 13.12.16 | 22:23

    Como imaginarás, estoy absolutamente en contra de que Donald Trump sea el Presidente de los Estados Unidos. Tampoco tengo que aceptar el resultado por un motivo fundamental: Hillary Clinton fue quien ganó las elecciones, con 2,2 millones de votos más. Sin embargo, el injusto sistema electoral norteamericano le da las llaves de la Casa Blanca al republicano. Así no es como funciona la democracia y yo, como progresista, tengo la obligación moral de protestar por ello.
    Y ya que hablamos de moral, estoy convencido de que frente a un hombre que acusó a los mexicanos de violadores, que no respeta a las mujeres, que se burló de un reportero con discapacidad, que pretende expulsar a toda una religión del país y que prefiere el calentamiento del planeta a que las empresas dejen de ganar un par de miles de dólares (no sigo porque me quedo sin caracteres) me sobra, por lo menos, para reprocharle su actitud.
    Y es que el líder del mundo libre no puede ser considerado el próximo Hitler....

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