El último grito

Una justicia que abandona a las víctimas

24.10.16 | 09:38. Archivado en Política, Sociedad

Hace ya unos cuantos años, cuando estudiaba Empresariales, tenía una profesora de Derecho muy estricta. Recuerdo que en una ocasión, durante una clase, la profesora nos dijo que la aplicación de la justicia tenía dos objetivos principales: por un lado, castigar al delincuente y, por otro, buscar su reinserción. Yo pregunté entonces dónde se encontraba un –para mí entender- tercer objetivo fundamental de la justicia; la prevención del delito con la finalidad de que no hubiese más víctima de ese delincuente. La profesora me contestó que aquella no era una función de la justicia. Y nada más. Aunque ya lo imaginaba, en aquel momento tuve la certeza de que muchos de los que se dedican al derecho jamás se plantean las normas, solo se dedican a aplicarlas sin plantearse siquiera su funcionalidad o validez, algo que va en contra de la propia esencia de la justicia. Como pueden imaginar, en más de una ocasión fui invitado a abandonar el aula.
Cuando la justicia no protege a la víctima, apoya al delincuente. Esta es una realidad que creo que mucha gente comparte.

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Primero domestica; después, hacer los deberes

09.10.16 | 12:17. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

Cuando empecé a trabajar en educación -hace ya muchos años-, recuerdo que algunos padres me criticaban duramente por no enviar deberes para casa. Incluso, en ocasiones -como suele hacer el español medio, que no sabe de nada pero cree entender de todo- cuestionaban mi profesionalidad cuchicheando entre ellos o protestando formalmente ante al director. Al igual que entonces, sigo pensando que el tiempo que se dedica en el aula a enseñar debe ser suficiente para aprender y que, si no da tiempo, entonces hay que replantearse los programas de estudio, no los deberes. Obviamente, soy defensor de realizar algunas rutinas en casa por parte de los alumnos, como la lectura diaria, los trabajos en común como la realización de murales o vídeos o, lógicamente, terminar las actividades que debían ser terminadas en el aula pero que -por pereza o dejadez- no se terminaron a tiempo. Seguramente, muchos de los padres que me criticaban por entonces son hoy defensores acérrimos de no enviar deberes a casa, algo normal en un país donde todo el mundo tiene derecho a opinar por el simple hecho de tener lengua, aunque luego a esa lengua no le acompañe el raciocinio.
Como he dicho, los tiempos han cambiado. Hace un par de décadas, uno podía dar clase a un grupo de alumnos y daba tiempo a terminar prácticamente todo lo que uno tenía programado para esa jornada. Hoy en día, sin embargo, los primeros quince minutos de clase se dedican a comprobar qué alumnos han traído los deberes o qué alumnos han realizado las tareas del día anterior. Eso cuando traen los libros.

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Lunes, 18 de junio

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