Un teatro de mentiras
15.01.12 @ 18:12:30. Archivado en Política
La gestión económica de un país no es muy distinta a la gestión economía de una familia. Se maneja mucho más dinero, obviamente, y la ingeniería financiera la hace más compleja, pero a fin de cuentas —como en cualquier economía familiar— todo se reduce a ingresos y gastos. Pues bien, según parece, nuestro país (que es como una gran familia) tiene problemas para ingresar dinero y, por si fuera poco, ha gastado más de lo que tenía, por lo que ha contraído una deuda considerable que hay que pagar. En vista de la extensión de ese enorme agujero, nuestro Gobierno —como haría cualquier padre o madre— ha decidido tomar cartas en el asunto y, para rebajar la deuda, lo primero que ha hecho es contraer los sueldos y subir los impuestos, unas medidas —por otro lado— muy poco originales. Sin embargo, a pesar de tratarse de unas medidas más que previsibles por facilonas, han sido aplaudidas por todos esos inútiles genios de las finanzas europeas; esos genios cuya deficiente capacidad nos ha llevado a la situación de ruina en la que estamos sumergidos en Europa.
Si llevásemos las medidas políticas del Gobierno de Rajoy al ámbito familiar, podríamos decir que lo que ha hecho este Gobierno ha sido ahorrar en comida para seguir gastando en putas. Con esto de la contracción de los sueldos de los últimos años y con las subidas del IPC, los ciudadanos españoles hemos visto como nuestro poder adquisitivo ha bajado una media de un 4% anual. Sin embargo, desde el Gobierno se nos dice que el éxito para salir de la crisis está en aguantar un poco más, que ya queda poco, que ya se ve la luz al final del túnel. De nuevo, la política se convierte en un gran teatro de mentiras.
En realidad, en nuestro país hay dinero. Y mucho. Lo que sucede es que se ha gastado y se está gastando en favor de unos y en contra de otros. De hecho, el ahorro que pueda suponer para el Estado la subida de impuestos es muy inferior a lo que puede suponer perseguir el fraude fiscal de un país líder en economía sumergida. O muy inferior a la inmensa fortuna que el Estado, las Comunidades autónomas y los Ayuntamientos se gastan en subvencionar y enriquecer a ´urdangarines´. Muy inferior a lo que se ahorraría eliminando altos cargos inservibles. Muy inferior a lo que se ahorraría persiguiendo a los grandes holdings que manejan el cotarro de los mercados y las cuentas de ladrones de guante blanco en paraísos fiscales. Muy inferior a todo el dinero que el Estado ha inyectado a los bancos y cajas para que éstos sigan dando primas multimillonarias a sus altos ejecutivos.
Al final, el problema de la crisis económica que sufre Europa no es un problema de dinero, es un problema de moralidad. Las llamadas grandes fortunas y los que ostentan el poder siguen disfrutando de sus privilegios, y lo hacen a sabiendas de que gran parte del dinero del que disfrutan se lo han birlado a la clase trabajadora; esa a la que le cuesta llegar a fin de mes, esa que no ve luces al final del túnel sino facturas de grandes empresas que revientan de beneficios, esa que envejece durante su jubilación con penurias porque los gobernantes del país para el que trabajó convirtieron el oro que ahorró en un gran amasijo de pura chatarra.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
autor
Contacto


