Responsabilidad democrática
18.11.11 @ 20:10:06. Archivado en Política
Con frecuencia nos quejamos de nuestros políticos. Y no nos faltan razones. En la mayoría de las ocasiones nuestros políticos se muestran como seres incoherentes, sin moral, egoístas, insensibles, ocupados únicamente en mejorar sus privilegios y sus patrimonios, ociosos, vagos y, en infinidad de casos, absolutamente ineptos. Si cogemos a nuestros políticos con cargos públicos uno por uno y les pasamos un test de capacidad y honorabilidad, posiblemente no se salvasen de la quema más que unos pocos. Sin embargo, para ser del todo justos, la culpa no es solo de ellos.
Hace unos días causó cierto revuelo una frase de Emilio Butragueño en la que afirmaba que el estadio Santiago Bernabéu era el lugar con más visitas de Madrid y que el Museo del Real Madrid recibía al año más visitas que el mismísimo Museo del Prado. Quizá sea un poco exagerado, pero no por mucho. De hecho, de seguir con la tendencia, el Museo del Real Madrid se convertirá dentro de unos años en el “monumento” más visitado de todo nuestro país, un acontecimiento del que sentirse muy orgullosos. Y es que si tenemos en cuenta que uno es lo que come tanto a nivel físico como a nivel mental o moral, ya podemos hacernos una radiografía del cerebro medio del español. Sin ir más lejos, uno puede comprobar muy a menudo como los niños desde muy pequeños son capaces de nombrar la alineación entera del Real Madrid o del F.C.Barcelona con sus extranjeros de nombres impronunciables pero –en cambio- no son capaces de memorizar el nombre de tres artistas españoles de cualquier siglo incluidos novelistas, poetas, pintores, arquitectos, bailarines, escultores o músicos. Y es que una sociedad transmite lo que se es y la nuestra –la sociedad española- trasmitimos fútbol y cotilleo a nuestras generaciones futuras.
Mucha gente dice con frecuencia –e incluso con cierto orgullo- que ni entiende ni le interesa la política, y eso me parece muy bien. Por el contrario, a este tipo de personas sí suele interesarles y suelen entender de los problemas de tal o cual baronesa, del bodorrio de tal o cual duquesa, de los cuernos de tal o cual princesa o de los goles de tal o cual estrella de fútbol. Y eso, repito, está bien. Lo que sucede es que la vida particular de las baronesas, duquesas, futbolistas o princesas –aunque sean del pueblo- poco o nada nos va a afectar en nuestras particulares vidas, y sus desgracias o sus dichas no van a hacer que nos bajen los sueldos o que nos aumenten la edad de jubilación o que tengamos o no mejoras en las prestaciones sociales. Por eso, no estaría de más que parte del tiempo que dedicamos a aborregarnos lo dedicásemos a cultivarnos o, cuando menos, a estar informados de lo que realmente nos afecta. Es nuestro deber como ciudadanos.
La mayoría de nuestros políticos son como son porque nosotros somos como somos. Y nuestro nivel de cultura y de exigencia es tan precario que poco les podemos exigir a los demás. Muchas personas dicen que no existe una democracia real. Y puede que sea cierto. Lo que sucede es que la democracia somos todos, y para exigirles profesionalidad y ética a los demás primero tenemos que exigírnoslas a nosotros mismos. Y para eso, ya no estamos todos dispuestos.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
autor
Contacto


