El último grito

Bienvenida al mundo real

06.11.11 | 17:54. Archivado en Política
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Los políticos nunca dejarán de sorprenderme. Si hace unas semanas era el candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, el que me sorprendía culpando de la crisis actual a los valores de la derecha –pasándose por el forro la responsabilidad de los ocho años de gobierno socialista-, esta semana me ha sorprendido la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Al parecer, Esperanza Aguirre presentó el pasado miércoles una denuncia en la comisaría de Leganitos porque, según explicó a los medios de comunicación, habían asaltado su casa rompiendo la puerta del portalón de entrada. Absolutamente indignada, la presidenta de la Comunidad de Madrid aseguró que aunque la Guardia Civil había conseguido detener a dos individuos relacionados con tales hechos, ambos habían quedado en libertad sin haber sido siquiera interrogados. Y es que, después de que la Guardia Civil entregase a los dos hombres a la Policía Nacional, fuentes de la Jefatura indicaron a Efe que los dos individuos en realidad no habían sido puestos en libertad, ya que ni siquiera habían sido detenidos formalmente, al no haber cometido delito alguno, sino solo una falta de daños por abrir la puerta de la finca. Este último aspecto se le antojó a la presidenta de la Comunidad de Madrid como inaudito. Señora Esperanza Aguirre; bienvenida al mundo real.
En España, cuando un individuo fuerza la puerta de una casa y se introduce en la vivienda no está cometiendo ningún delito, ya que –gracias a las leyes de este bendito país- eso no significa que vaya a robar. Y es que, para que se produzca el delito, esa presumible intencionalidad tiene que convertirse en acto. Es decir, que cuando una persona entra en nuestra vivienda a eso de las dos de la madrugada tenemos que esperar a que nos robe y nos dé una somanta de palos para confirmar que, efectivamente, venía a robar y no a invitarnos a unas copas. Así de estúpidas son algunas de nuestras leyes. Aunque a la señora Esperanza Aguirre esto le sorprenda, en España eso lo saben cada uno de los 425.000 ciudadanos que anualmente sufren robos en su vivienda; 1.165 personas al día. En algunos de esos casos, incluso se ha llegado a condenar a la persona que ha sufrido un robo en su vivienda y se ha defendido a pagar una indemnización por daños al “presunto” delincuente. Es más; se ha dado el caso en nuestro país de un ciudadano que escuchó ruidos en su casa a las tantas de la madrugada, se levantó de su cama, cogió un cuchillo, se encontró con alguien en el pasillo y lo mató en un forcejeo, y que está actualmente en la cárcel acusado de homicidio.
Y es que España, como ya sabemos, es diferente. Basta con comprobar el incumplimiento sistemático de las normas que se producen en las comunidades de vecinos para trasladarlo al resto de la vida social y darnos cuenta de que en España el que incumple las normas es el que tiene las de ganar. Por eso, este tipo de violencia de baja intensidad va en aumento cada día animada por la impunidad que se deriva de la ineficacia absoluta de nuestras leyes, la inoperancia de nuestro sistema judicial y la ignorancia –fingida o no- de una clase política que vive su vida en un mundo tan irreal como privilegiado.


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