Maneras de gobernar
22.10.11 @ 14:32:50. Archivado en Política
Por si aún no se habían dado cuenta, estamos en crisis. Eso es lo que nos repiten constantemente nuestros amados y enriquecidos gobernantes. Estamos en crisis, y como estamos en crisis —dicen ellos—, los ciudadanos debemos contentarnos o, como mínimo, comprender ciertas medidas políticas de austeridad que tienen que tomar, aunque les duela muchísimo. Porque, aunque no lo parezca, los políticos lloran a moco tendido mientras nos aumentan la edad de jubilación o nos cierran plantas de hospitales. Como los cocodrilos.
Dentro de ese falso discurso sobre una crisis que en realidad nos afecta a los mismos de siempre, nuestros políticos nos dicen que debemos sacrificarnos, que debemos apretarnos el cinturón hasta que se nos salten los ojos, que debemos barrer la parte de la acera próxima a nuestra casa y echarle agüita fresca a las plantas de los jardines públicos para ahorrar unas perrillas en los servicios de limpieza y mantenimiento. Nos dicen, a fin de cuentas, que en España hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que ahora tenemos que pagar nuestra codicia. No cabe duda de que más de uno ha vivido por encima de sus posibilidades, pero la gran mayoría de los españoles solo hemos intuido esa riqueza en cuerpos ajenos. Y es que, por mucho que los políticos repitan el mensaje una y otra vez, la realidad es testaruda y los números —los incorruptibles números— nos dicen que la renta per cápita española es de las más bajas de toda Europa y que nuestra política social da risa si la comparamos con Alemania, Holanda o Noruega.
Y es que aquí, en España, en realidad, quienes se han enriquecido de lo lindo han sido la élite del boom inmobiliario y la élite financiera y política. Nadie más. Pero, por si acaso algún político quiere hablar de líderes, sí somos líderes europeos en otras cosas, como en paro, en corrupción y —después de Italia y Grecia— en economía sumergida, una economía que representa cerca del 25% del PIB, concentrándose especialmente —qué casualidad— en la construcción, los profesionales autónomos, las empresas inmobiliarias y el turismo.
Pero a pesar de todos los datos, como si fuésemos tontos —que lo somos— nuestros gobernantes nos dicen que no queda más remedio que tomar serias medidas de ajuste; bajar salarios, subir impuestos, recortas servicios públicos y eliminar ayudas sociales. Sin embargo, ninguno de ellos habla de recortar ayudas a las entidades financieras, de encerrar en la cárcel a los culpables de la pésima gestión de la crisis, de la CAM, de las indemnizaciones en Caixanova Galicia, de eliminar organismos duplicados y triplicados o de bajarse los enormes sueldos que disfrutan, algo que no hay que corregir en época de crisis, sino en época de bonanza.
Para saber lo que nos jugamos deberíamos conocer algunos datos y ser un poco más exigentes con nuestros gobernantes. Existe, por ejemplo, un estudio de la Universitat Pompeu Fabra que calcula que el fraude fiscal —mayoritariamente de rentas altas, empresarios y burguesía— en el Estado español asciende a 80.000 millones de euros anuales. Mantener algunas prestaciones de ayudas a parados o a jubilados no pasa de los 3.000 millones.
Dicen nuestros políticos que no todos son iguales, que hay formas y formas de gobernar, pero todavía no hemos encontrado ninguno con arrestos suficientes para ponerle el cascabel al gato.
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