Divide y vencerás
25.02.11 @ 09:51:09. Archivado en Política, Sociedad
Hasta dentro de, quizá, un par de años, no sabremos si las revueltas en los países árabes conllevarán una mejora de las libertades y la consecución de democracias o, al final, los grupos radicales islámicos impondrán un nuevo orden y una nueva ley aún más perjudicial para la población. Pero, sea como fuere, siempre resulta llamativo, incluso gratificante, ver a toda una sociedad reclamando en la calle los derechos que le pertenecen. Según todos los analistas, en los países árabes las revueltas se han debido a dos problemas fundamentales; el paro y la corrupción. Hay quien se pregunta cómo puede ser que en algunos países de Europa –entre ellos España- donde la corrupción y el paro son también problemas graves no haya habido movimiento social alguno, sin llegar lógicamente a esos extremos.
Si hacemos una radiografía resumida de la situación en España podemos encontrar que un 20% de paro es una cifra bastante inquietante. Asimismo, también podríamos afirmar que la corrupción en nuestro país es elevada, incluso que, debido al mantenimiento sostenido de esa corrupción –que es, en muchos casos, dinero robado al estado-, los ciudadanos españoles perdemos en la mejora de infraestructuras o en ayudas sociales, por ejemplo. También podemos afirmar que la situación futura de los jóvenes es, cuanto menos, bastante preocupante. Del mismo modo, podemos decir que la moralidad de nuestra clase política es excesivamente laxa, por no decir nula, al igual que su capacidad para solucionar las crisis. También podemos afirmar que, teniendo en cuenta la inyección de 30.000 millones de euros del estado español a las entidades financieras a principios de 2009, a cada español le correspondería dar unos 650 euros a esas entidades que luego te cobran comisiones hasta por respirar dentro de sus oficinas. Visto el panorama, ¿por qué nadie se mueve entonces?
A mi juicio, las causas del inmovilismo de los ciudadanos españoles son dos: la primera de ellas es que en España se vive de puta madre. En nuestro país hay ayudas y subvenciones para todo el mundo sin ningún tipo control. De este modo, mientras unos trabajan duramente otros reciben compensaciones quedándose en sus casas cómodamente sin dar palo al agua; un mal endémico que nuestro país arrastra desde el siglo XVIII, donde se comenzó a forjar la compensación a los vagos, que no a los necesitados. La otra causa, obedece a esa máxima del emperador Julio César, “divide y vencerás”, o la más reciente de Maquiavelo, “divide y reinarás”. Si atendemos a las escasas manifestaciones que ha habido en el último año, podremos darnos cuenta de que aquí cada uno va a lo suyo; los mineros protestan un día, los policías otro, los maestros van por una parte, los padres de alumnos por otra muy distinta y en contra de los anteriores, los empresarios se preocupan de sus habichuelas, los transportistas por la gasolina y los bancos por seguir amasando fortuna. Esto, aparte de poner en evidencia lo poco sociales y solidarios que somos, es una muestra de nuestro propio y rancio carácter; en España todo el mundo piensa que trabaja más que nadie y que cobra menos que todos. Por eso, si podemos robarle al estado y arrimar el ascua a nuestra mísera sardina, mejor que mejor. En definitiva; la envidia, esa envidia que nos ha llevado de ser una potencia mundial a estar en la Champions League de la estupidez, la incultura y la necedad más absoluta.
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