Sin voz ni voto
24.03.10 @ 09:22:26. Archivado en Política
Me encanta esa escena de la película “El gran dictador” donde el incomparable Charles Chaplin – Hynkel en la película o el dictador de Tomania- juega con el globo terráqueo a su antojo como si fuese un bailarín. Para recrear a los protagonistas más siniestros de la película, Charles Chaplin se inspiró en personajes como Hitler o Mussolini. En Cuba, donde también existe una dictadura, el disidente cubano Orlando Zapata moría el pasado 23 de febrero tras haber pasado 85 días en huelga de hambre como protesta por su encarcelamiento, por la situación política en Cuba y por el trato recibido en prisión. Guillermo Fariñas, otro de los disidentes cubanos, solidarizándose con su causa, lleva ya 30 días en huelga de hambre y sed, y su futuro no es muy esperanzador.
La aparición de ambos casos en los medios de comunicación ha provocado que muchos personajes famosos de nuestro país hayan salido públicamente a mostrar su apoyo a ambos disidentes y a criticar al régimen castrista. Los artistas –ese grupo de personas a los que les encanta hacer ostentación pública de su ideología y de manifestarse en los momentos y lugares más inoportunos- también se apresuraron a unirse fervientemente a la causa de ambos disidentes y a criticar al régimen cubano. El actor Willy Toledo, en cambio, haciendo uso de su derecho a la libertad de expresión, puso en duda la condición de disidente político de Zapata y denunció que la prensa magnifica cualquier hecho negativo ocurrido en Cuba. Por poco, imitando a Castro, muchos otros artistas estuvieron a punto de cortarle las pelotas –metafóricamente- y de lincharlo a él también por sus declaraciones. Paradójico.
En África, casi 16.000 niños mueren de hambre cada día. Uno tras otro. Esa cantidad equivale a todos los menores de cinco años de La Rioja, por ejemplo. En total, unas 24.000 personas diariamente en todo el mundo. En España, en la fastuosa Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, setenta indigentes ocupan a diario sus mármoles y cristaleras buscando cobijo y seguridad, como si de una cárcel de lujo se tratase. Todos ellos, y otros tantos millones en situación de pobreza, se mueren de hambre y de olvido, sin que ningún artista haya levantado todavía el dedo en forma de ceja ni haya firmado manifiesto alguno.
La situación política en Cuba es absolutamente condenable, a pesar de que muchos de los artistas que hoy se manifiestan en su contra no hace tanto aplaudían al régimen castrista. La protesta de los disidentes supone un clamor mundial, y sus actos ocupan portadas de informativos y tertulias. Los niños de África, los indigentes de la Terminal 4, los pobres del mundo, con su sola existencia, también suponen una crítica contra el sistema político y económico mundial. Sin embargo, su voz apenas es audible. Ellos, sin entrar en comparaciones entre una situación y otra, también son presos de la dictadura política y económica que sufrimos en este mundo; de la dictadura de los bancos, de la dictadura de ciertas empresas, de la dictadura de los políticos que consienten o fomentan esta situación mientras ellos se blindan sus pensiones, de la dictadura de ciertos artistas que solo se manifiestan cuando hay razones políticas de por medio mientras engordan sus cuentas. Todos ellos, de algún modo, son como el Hynkel de la película de Chaplin, solo que en vez de jugar con un globo terráqueo de plástico juegan con uno donde viven personas de carne y hueso.
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