Prestaciones sociales
10.02.10 @ 17:34:11. Archivado en Política, Economía
Durante el verano pasado, un amigo mío que tiene una pequeña empresa de tapicería, se enteró de que un trabajador que trabajaba en otra tapicería cercana había sido despedido. Como en ese momento necesitaba un ayudante con experiencia, decidió llamarlo. La respuesta fue de lo más curiosa. El hombre en cuestión le dijo que, efectivamente, había sido despedido hacía un mes y medio, pero que –por eso de cobrar sin trabajar- iba a seguir en el paro unos cuantos meses más, que mejor lo llamara en el mes de noviembre, que ya para entonces estaría disponible. Por supuesto, no lo llamó.
Cada mes, el Estado nos retiene de nuestras nóminas una cantidad nada despreciable de dinero para, entre otras cosas, llevar a cabo prestaciones sociales, y todos los ciudadanos estamos más que encantados con que, con nuestra aportación, se ayude a los más necesitados. Sin embargo, no sé hasta qué punto es legítimo que un trabajador que está en el paro y rechaza una oferta de trabajo merezca alguna prestación social. Lo mismo podría decirse de aquellas familias que se han hipotecado hasta las trancas ellas solitas para llevar un ritmo de vida muy superior a sus posibilidades. O de aquellos jóvenes que ahora se encuentran en la calle y sin estudios porque decidieron dejar el instituto y se pusieron a trabajar en la construcción cobrando una pasta mientras se reían de sus compañeros que estudiaban alguna carrera. O de aquellas familias que se compran una televisión de plasma de mil euros pero que luego no tienen dinero para vestirse. Y qué decir de todos aquellos empresarios que han llevado a la ruina a su empresa y a sus trabajadores por dilapidar los beneficios pegándose la vida padre con yate en Marbella y piso en Miami. O de aquellos empresarios que no declaran todo lo que ganan a Hacienda y, aprovechándose de ello, tienen becas para sus hijos, mientras otros trabajadores con nómina no tienen derecho a ellas.
Un conocido mío se jactaba hace años de todo el dinero que ganaba, del cochazo que se había comprado, del dúplex que tenía, y se reía de mi sueldo de funcionario. Ahora que las cosas no le van tan bien, ya no se ríe tanto, e incluso está pensando en prepararse unas oposiciones. De alguna manera, uno tiene la sensación de que no es justo que ciertas personas reciban prestaciones sociales cuando su situación de necesidad no procede de una desventaja social, sino del despilfarro que han cometido. En nuestro país, sobra mucha boca para pedirle al estado, y sobran demasiados ladrones que le roban dinero a las arcas públicas porque el dinero de todos no es en realidad de nadie. No nos importa comprarles la Wii, la Play y la Nintendo a nuestros hijos, pero luego pedimos ayudas para comprar los libros de los niños porque la educación está muy cara. Por eso, uno está a favor de las ayudas sociales, sí, pero siempre con mucha cautela y mirando muy bien quiénes las van a recibir, porque todo ese dinero que se destina a deshacer los desaguisados de otros no cae del aire, sino que procede del sueldo, del sudor y del dolor de espalda de otros muchos sacrificados trabajadores.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
autor
Contacto


