Gordas y estúpidas cigarras
02.02.10 @ 10:53:35. Archivado en Política, Economía
Cuenta la fábula de la cigarra y la hormiga que, mientras la cigarra se lo pasaba bomba tirado a la bartola admirando la cantidad de comida que había su alrededor sin mover ni un solo dedo, la hormiga trabajaba sin descanso para llenar su despensa a la espera de que llegase el frío invierno. Y, cómo no podía ser de otro modo, el frío invierno llegó. Entonces, mientras la pobre y estúpida cigarra se moría de hambre y de frío, la hormiga disfrutaba de su gran despensa al abrigo de su cuevita.
Pues bien; en la cuevita del estado español no hay dinero suficiente. Así como lo oyen. Todo lo que teníamos se ha evaporado en un año y medio, lo que significa que alguien no ha hecho bien los deberes. Las cuentas de la Seguridad Social han arrojado este año un saldo positivo, sin embargo, el superávit se ha reducido en un 41% respecto al año anterior. Así las cosas, el Gobierno español se ha dado cuenta de que no puede seguir negando la realidad con palabras huecas y se ha puesto manos a la obra. Para poder llenar la cuevita otra vez, una de las medidas que se propone el Gobierno es aumentar la edad de jubilación de los 65 hasta los 67 años. Eso se debe principalmente a que, dentro de cuatro décadas, los mayores de 64 años representarán el 31% de la población, y, con los pocos trabajadores que quedarán en edad de trabajar, no se puede asegurar el sistema de pensiones. Según estos datos, podría dar la impresión de que los españoles no queremos procrear, pero no es cierto. La realidad es que en España los sueldos son tan miserables que a ver quién es el guapo que se atreve a tener dos o tres churumbeles, y, además, mientras en otros países de Europa la baja maternal para criar a un hijo puede llegar al año completo, en España la baja es de cuatro ridículos meses.
Durante décadas de riqueza, el estado español ha recaudado millones y millones de euros a través de impuestos directos e indirectos, así como de las exageradas retenciones fiscales. Sin saber cómo, ahora nuestros gobernantes nos dicen que todo ese dinero no está, se ha esfumado. Como siempre, su inutilidad como gestores la pagaremos todos los españoles con dos años más de trabajo a nuestras espaldas. Pero lo más curioso del asunto es que sea precisamente el Partido Socialista el que proponga esta medida, el mismo partido que se jacta de hacer una política social o de defender a los trabajadores, cuando lo único que ha hecho ha sido despilfarrar el dinero público en medidas absurdas y no atreverse ni un solo momento a gravar a las grandes fortunas o a las grandes empresas, sino a las nóminas de los trabajadores asalariados y de los autónomos.
Visto lo visto, el problema de España no son los sueldos de los funcionarios ni el gasto en infraestructuras, sino el sueldo que hay que pagarles a nuestros políticos, muchos de los cuales pueden jubilarse con 40 años y a los que hay que mantener sin dar palo al agua toda la vida. Si sumamos los sueldos y las pensiones que cobran los ministros, los diputados, los presidentes de las comunidades autónomas, sus consejeros, los alcaldes, los concejales y todos los cargos políticos intermedios de este país, podríamos ver hasta qué punto suponen un auténtico agujero negro para nuestra economía, mucho más si tenemos en cuenta que gracias a ellos ocupamos los puestos más bajos en educación, sanidad o economía de todo el mundo. Y es que en los sillones de nuestras instituciones sobran demasiadas cigarras; inútiles y gordas cigarras que ahora llaman llenas de frío y de hambre a las puertas de nuestras pequeñas cuevitas de hormiga.
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