Viviendo en Pandora
27.01.10 @ 10:02:21. Archivado en Cultura, Sociedad
No me ha gustado la película “Avatar”; qué le vamos a hacer. A lo mejor es que no tenía el día, o a lo mejor es que me recordó a “Bailando con lobos” o a “Pocahontas” pero sin tantos bichos. La historia en sí es muy parecida a tantas otras; una crítica social bastante típica plagada de demasiados tópicos donde el ser humano es presentado como el mayor depredador de la naturaleza y donde lo más impactante son los efectos especiales muy por encima del guión. Y es que para coser un guión sobre la diversidad de debilidades del ser humano hay que hilar muy fino. En este sentido, el guión de la película “Crash”, de Paul Haggis, es incomparablemente superior, lo que pasa es que muchas veces preferimos películas como “Avatar” que nos permiten salvaguardar nuestra conciencia que aquellas como “Crash” que nos crean verdaderos conflictos internos. De todos modos, James Cameron es un auténtico maestro del cine y del aspecto comercial del mismo, y la grabación en tres dimensiones es un acierto espectacular. Aún así, me quedo con “Titanic”.
Hay muchas personas que definen “Avartar” como una obra maestra. Muchas personas han ido a ver la película dos, tres e incluso cuatro y cinco veces seguidas. Otros muchos seguidores de este nuevo fenómeno social han escrito en blogs y redes sociales que, tras la visión de la película, sufren de depresión porque les gustaría vivir permanentemente en Pandora, ese lugar maravilloso y casi mágico donde las plantas brillan como luces de neón.
El ser humano es, sin duda, un ser curioso. Sinceramente, creo que tener una depresión después de ver una película es un lujo excesivo. Por otra parte, resulta curioso que muchas personas ensalcen los valores que nos muestra la película –el amor, el respeto por la naturaleza, la conexión con nuestros semejantes, el honor- y luego en sus vidas cotidianas sean unos auténticos borregos que se esclavizan con la moda de turno, o que prefieren las relaciones liberales antes que el compromiso, o que llenan de mierda las playas después de hacer botellón. Y también resulta curioso comprobar cómo los seres humanos de la actualidad adoran la naturaleza o el amor o las relaciones entre semejantes y, después de llorar a moco tendido viendo una película, se vuelven a casa para jugar tres horas seguidas a la Play sin hacerle caso siquiera a la persona que tienen al lado.
Los amaneceres, los atardeceres, los anocheceres, el sol, la luna, las plantas, los animales de nuestro planeta Tierra son semejantes a las que aparecen en Pandora. En realidad, los seres humanos vivimos en Pandora –ese lugar mágico donde todos los seres vivos están conectados entre sí-, sólo que no sabemos apreciarlo. Hemos sido nosotros mismos los que hemos creado este modo de vivir tan absurdo, donde los amaneceres en una pantalla de cine son más hermosos que en la orilla de una playa. Nos encantan esas películas tipo “El señor de los anillos” o “Avatar” donde todo es mágico y donde se ensalzan los valores más importantes de la vida, pero no sabemos ver lo mágico que hay en nuestras vidas ni salimos a la calle para gritarle al mundo que queremos un mundo mejor. Y es que lloramos por ser “avatares” pero ni siquiera llegamos a seres humanos.
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