Negando la Navidad
16.12.09 @ 15:29:48. Archivado en Cultura, Sociedad, Religión
Al parecer, los padres de alumnos catalanes han pedido a su Consejero de Educación que cambie el nombre de las vacaciones de Navidad por el de “vacaciones de invierno”, y que a las vacaciones de Semana Santa se las llame “vacaciones de primavera”. Lola Abelló, vicepresidenta de la Federación de Asociaciones de Madres y padres de Cataluña opina que un cambio de nomenclatura sería muy útil si con eso se consigue "racionalizar el calendario escolar”, que es algo así como pretender cambiarle el nombre al tocino para que engorde menos. Hasta donde yo sé, para hacer un calendario más racional no hace falta cambiar un nombre, hace falta cambiar el calendario. En realidad, la intención que parece subyacer en todo esto es la de desligar las vacaciones de las festividades religiosas, no tanto porque se quiera repartir más eficazmente los días libres a lo largo del curso escolar, sino porque molesta el nombre religioso.
En la última década, debido a la diversidad religiosa existente, se ha ido instaurando en todos los centros educativos la llamada “tolerancia religiosa”. Sin embargo, hay gente que entiende que para respetar a otras religiones hay que prescindir de la propia o, en su defecto, desterrar todo aquello que huela a la religión mayoritaria. Por eso, y a pesar de que muchos de nuestros recuerdos infantiles más entrañables están ligados a la Navidad –quién no recuerda el nerviosismo bajo las mantas para intentar escuchar un ruido con el que descubrir la llegada de los Reyes Magos a nuestra casa-, en algunos centros educativos, primero se quitaron los belenes, luego se prohibieron los villancicos, luego los festivales de navidad y, dentro de poco, se prohibirá decir la palabra Jesús, por si acaso a algún alumno le sale urticaria.
Es cierto que en la actualidad no existe un fervoroso sentimiento católico y que nuestra Constitución define a nuestro país como un estado aconfesional, pero –se quiera o no se quiera- hay alrededor de 37 millones de ciudadanos bautizados en el Catolicismo en España y, en caso de declararse de alguna religión, 8 de cada 10 ciudadanos se declararía católico, y no de los Hare Krishna. Pero eso, al fin y al cabo, no tiene mucha importancia. Lo realmente importante es que el cristianismo en España tiene una historia de casi dos mil años y que fue declarada como religión oficial en el siglo IV, bajo el mandato del Emperador Teodosio. Es cierto que a lo largo de estos dos mil años la Iglesia Católica –al igual que otras- ha cometido auténticas barbaridades. Sin embargo, también es cierto que nuestros principales valores como sociedad y como individuos, así como la mayor parte de nuestra cultura, tienen su origen en la tradición cristiana.
A mí, particularmente, no me causa ningún problema que los musulmanes celebren su fiesta del cordero, ni me molestan los cánticos de los Hare Krishna, ni quiero que le cambien el nombre a la Januca judía. Al contrario, siento un profundo respeto por sus tradiciones, siempre y cuando no sean impuestas ni vulneren los derechos de nadie. Por eso, también siento una profunda lástima por aquellos que no saben quiénes son ni de dónde vienen, por aquellos que desprecian sus orígenes y, sobre todo, por aquellos que confunden un villancico con la inquisición. Porque un país que no respeta, ni aprende, ni evoluciona en su historia, sino que la niega o la enmascara o la elimina por decreto ley, es un país que no merece respeto. Para los demás, Feliz Navidad.
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