El secuestro del Alakrana
25.11.09 @ 14:29:22. Archivado en Política
Al parecer, la estancia en el barco durante el secuestro del Alakrana no fue tan dulce como nos contaron nuestras autoridades. Ahora que los marineros ya pueden relatar lo sucedido, hemos podido conocer la cruda realidad. Y la cruda realidad es tan mala como nos habíamos imaginado. Gracias al diario del patrón del barco, Ricardo Blach, escrito tras la liberación y camino de las Islas Seychelles, hemos podido saber que las experiencias vividas durante el secuestro fueron traumáticas. Entre los recuerdos más terribles de Ricardo Blach está el de la visión de Larisa Salinska, la joven cocinera del barco Ariana también secuestrado, que había sido violada y que se desangraba tras haber abortado. Cuenta Ricardo que después de recibir los medicamentos que había negociado para que pudiese ser atendida, el negociador de los piratas cogió los medicamentos y los tiró al agua mientras se reía. También recuerda el patrón del Alakrana la historia de Natalia Loss, la esposa del jefe de máquinas del Ariana, que lloraba y le suplicaba que se llevara a su hija de doce años. Asimismo, Ricardo Blach también relata en su diario las humillaciones constantes, como los piratas consumían drogas y alcohol a todas horas, o como uno de los piratas le mostró una grabación de móvil donde se veía como mataba a sangre fría a una persona sacándola del coche.
En cuanto al aspecto político sobre el secuestro, lo más dramático no ha sido la lenta actuación del gobierno en pagar el rescate, ni la imagen de desorganización y lucha entre los distintos ministerios implicados, ni la ausencia pública del presidente del gobierno, ni el desconcierto judicial con los piratas detenidos, ni la escasa atención que se les prestó a los familiares hasta que éstos no empezaron a movilizarse. Lo más dramático es la sensación percibida durante los 47 días de secuestro de que algunos políticos estaban más preocupados de los costes o provechos electorales que de la triste situación de los marineros cuyas vidas corrían peligro.
En cuanto a los piratas somalíes –aparte de la corrupción que sufren como seres humanos por diversas razones-, no son más que el pútrido y triste reflejo de un país desgobernado, corrupto y consumido por guerras entre grupos de poder. Hay quien señala que la situación de Somalia que “obliga” a que algunas personas se dediquen a la piratería es culpa de los países ricos por dejar abandonada aquella parte de la Tierra. Pero un tema tan complejo no se puede resumir con una frase tan simple. A veces, para solucionar algunos problemas de orden mayor en países con tradición bélica interna, no basta con ayudas económicas o con alianzas de civilizaciones. A veces, la única forma de conseguir que un estado recupere su equilibrio es la intervención militar bajo el mandato de la ONU. Y aunque algunos no quieran oír hablar de este tipo de cosas refugiándose en una humanidad de mayor nivel que los que opinan de otro modo, mucho peor es dejar desangrarse a un país y a sus habitantes, y provocar que lo único que florezca en ellos sean niños de la guerra.
En definitiva, el secuestro del Alakrana ha dejado en evidencia que tenemos un gobierno débil que no sabe actuar ante situaciones de crisis. Pero sobre todo, nos ha vuelto a mostrar que en aquellos lugares donde no existe la esperanza sólo cabe la degeneración más absoluta. Mientras no seamos conscientes de ello y pongamos remedio, el problema de la piratería u otros similares seguirán repitiéndose hasta el infinito, reflejándose en víctimas inocentes y reales que poseen rostros, nombres y apellidos.
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