Corrupción cero
05.11.09 @ 10:17:54. Archivado en Política
Los partidos políticos no son corruptos; las que son corruptas son las personas. A veces, según la inclinación política de cada cual, se nos olvida fácilmente este aspecto. Si analizamos los escándalos de corrupción en la historia moderna de España –algo que daría para llenar la mismísima biblioteca de Alejandría- observaríamos que ha habido casos de corrupción en todos los partidos; de izquierdas, de derechas, de centro, nacionalistas e independientes. Sin embargo, lo que sí se puede afirmar con rotundidad es que los partidos políticos –y, en concreto, sus directivas- son los responsables directos de no controlar a quienes cobijándose bajo unas siglas buscan única y exclusivamente su propio beneficio económico.
Dice el famoso refrán que “en todas partes cuecen habas”, pero eso no es más que un modo de enmascarar nuestra propia miseria. En España –como en todo el arco Mediterráneo-, la corrupción no es un hecho aislado; aquí, la picaresca, el robo encubierto, el aprovecharse del dinero público para lucrarse, es una cuestión de genética, algo puramente cultural. Frases como “yo también lo haría si pudiera”, justificando a aquellos que aprovechando su estatus se forran a costa del dinero del Estado, lo he escuchado mil veces. Y ese, sin duda, es el sentir de muchos conciudadanos, ladrones en potencia que no se enriquecen porque no pueden. Y, por esa razón, la corrupción es percibida por la ciudadanía española como un mal menor, como algo que se da ya por hecho en todos los ámbitos de la administración. Sin embargo, esa permisividad social dice bastante poco en nuestro favor.
Hay un hecho innegable: todos los Estados necesitan dinero para poder progresar. Pues bien; a causa de todo ese dinero robado de las arcas públicas, de todos esos trapicheos mafiosos de gentuza sin escrúpulos, de todas esas comisiones, de todo ese tráfico de influencias, de todos esos sueldazos que hay que pagar a políticos ladrones o, sencillamente, incompetentes, se están dejando de realizar infinidad de mejoras en sanidad, en educación o en infraestructuras. Por culpa de políticos, constructores, banqueros y empresarios corruptos, mafiosos, estafadores y explotadores –los que están saliendo y los muchos que aún quedan por salir-, muchos ciudadanos no pueden acceder a una vivienda; muchos ciudadanos se ven obligados a trabajar 10 horas por un miserable sueldo de 800 euros; muchos ciudadanos tienen que acudir a organizaciones no gubernamentales para poder vestirse o alimentarse.
Parece que robar el dinero de uno es más delito que robar el dinero de todos, pero no es así. Una parte importante de políticos, de empresarios, de banqueros y de constructores nos han estado robando sistemáticamente desde hace décadas, y ahora deben pagar por ello. No es de recibo seguir manteniendo a toda esta gentuza, ni es aceptable que sean las clases medias las que paguen los excesos de otros a base de subidas de impuestos y de rebajas salariales. Contra la corrupción no debe existir tolerancia alguna, porque la riqueza de los corruptos se ha forjado a base del sudor, los madrugones y el hambre de todos nosotros.
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