"Burrocracia"
28.10.09 @ 11:19:50. Archivado en Política
La sanidad española está gravemente enferma. Eso, al menos, es lo que se desprende de los datos obtenidos en el último Índice de Consumidores de la Sanidad Europea elaborado por el centro de análisis Health Consumer Powerhouse con el apoyo de la Comisión Europea. Por segundo año consecutivo, la sanidad española está por debajo de la media en la lista europea, y obtiene una puntuación similar a la de muchos países del Este de Europa. Este Índice de Consumidores es una clasificación que se realiza todos los años y que evalúa los sistemas nacionales de Salud de los países de la Unión Europea -además de Islandia, Suiza, Noruega, Croacia, Albania y Macedonia- según los derechos del paciente, la información, los tiempos de espera para tratamientos comunes, los resultados de la atención médica, la generosidad del sistema, el acceso a los medicamentos y la implantación de Internet en la sanidad. En el resultado final, con 630 puntos de los 1.000 posibles, España se sitúa en el puesto 21 –perdiendo tres posiciones con respecto al año anterior-, por detrás de Hungría y muy lejos de Estados como Holanda -primero en la clasificación con 875 puntos-, Dinamarca, Islandia o Austria. Según palabras de los responsables de este informe, parece que en España "todavía es necesario acudir a la sanidad privada si los pacientes buscan la excelencia" y, a pesar de que reconocen que el acceso a las medicinas es "bastante bueno", recalcan que nuestro país "puntúa bajo incluso en categorías fáciles de mejorar", como el respeto a los derechos del paciente o la calidad de los servicios sanitarios on-line.
Aunque el informe pone de manifiesto la precariedad de nuestro sistema de salud, todos aquellos que hemos utilizado en alguna ocasión sus servicios le otorgaríamos, si cabe, una puntuación incluso más baja. La información on-line de nuestro sistema sanitario es prácticamente inexistente, el trato del personal –en muchas ocasiones- es semejante al que se podría recibir en Guantánamo, los tiempos de espera se miden en años luz, la dificultad de realizar las pruebas más cotidianas en un tiempo prudente provoca que se colapsen las salas de urgencia, las ambulancias llegan tarde, mal y arrastro, y, además de todos estos problemas, en los últimos años ha aumentado el porcentaje de pacientes extranjeros que realizan el llamado “turismo de salud”, aprovechando la cobertura que les ofrece el sistema sanitario español y colapsándolo aún más. Y ahora, para más inri, la presidenta de la AISGE, doña Pilar Bardem, al más puro estilo de los asaltadores de caminos, pretende cobrar a los hospitales un canon por poner televisores en las habitaciones, para que los enfermos, además de jodidos, no puedan ni entretenerse.
Según parece, la sanidad pública de nuestro país funciona mal; sin embargo, la privada funciona bien. Y es curioso, porque muchos de los que trabajan en la sanidad privada también lo hacen en la pública. De esto se puede deducir que, al menos algunos, se esfuerzan más cuando su sueldo depende de la calidad que ofrezcan que cuando quien les paga es el Estado; es decir; aquellos que luego sufrimos su desidia. Pero, sobre todo, se puede detectar dónde radica el gran mal que azota nuestras administraciones de cabo a rabo; esto es: la cantidad indecente de gestores, directores y demás familia enchufada y “burrocratizada” cuya incapacidad e ineptitud hunde cada día más al sistema sanitario, al sistema educativo y a cualquier otro sistema que se les cruce en el camino.
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