Un Nobel para todos
15.10.09 @ 10:29:01. Archivado en Política
En líneas generales, la paz se define, en sentido positivo, como un estado de tranquilidad o de quietud y, en sentido opuesto, como un estado de inquietud, violencia o guerra. Sin embargo, la paz es un término bastante abstracto, un concepto que nunca es absoluto y, en muchas ocasiones, un término incluso contradictorio. De hecho, el concepto de paz –ya que forma parte de un dualismo inviolable-, va unido invariablemente al concepto de guerra.
Para poder hablar de paz en un sentido estricto, debemos tener en cuenta también otros conceptos, como el concepto de justicia y el concepto de libertad. Sin justicia y sin libertad es difícil entender la paz en su sentido más puro. Teniendo esto en cuenta, podemos encontrarnos con países donde existe una paz encubierta, es decir; estados dictatoriales donde la paz es impuesta por un grupo poderoso y armado pero en el que no existe ni justicia ni libertad. En dichos estados, como en algunos países africanos o asiáticos, se vive una paz ficticia, ya que a los disidentes se les hace desaparecer conduciéndolos –eso sí- a la paz eterna. Del mismo modo, también podemos encontrarnos con países donde una justicia mal entendida conduce a una falta de libertades, lo cual propicia que no exista una paz verdadera. En estos estados existe lo que podríamos denominar una violencia latente. Eso es, por ejemplo, lo que sucede en nuestro país, donde la violencia social aumenta a pasos agigantados a causa de un mal funcionamiento de la justicia y de una mala interpretación del concepto de libertad.
Por otra parte, la paz también puede ser obtenida mediante la guerra. Esto puede parecer contradictorio, pero, de hecho, muchos autores definen la paz como el periodo entre dos guerras. Así, por ejemplo, la intervención militar en países donde no existen libertades sociales o donde se masacra a una minoría étnica de manera sistemática, puede conducir a crear cierta paz futura en dichos países. Esto, por ejemplo, es lo que sucedió en Europa tras la intervención de los EEUU en la II Guerra Mundial. Lo mismo podríamos decir de muchas de las revoluciones sucedidas a lo largo de la historia, que siendo hechos violentos, condujeron a la consecución de libertades y de paz.
De todos modos, el concepto de paz ha ido variando a lo largo de los siglos. En este siglo que nos toca vivir, por ejemplo, la paz ha quedado reducida a voluntades o buenas intenciones. Nadie quiere liberar ni aplicar justicia ni intervenir. Para ser un hombre de paz hoy en día basta con enviar millones de euros a países donde sus habitantes se mueren de hambre a causa de las guerras y de la dictadura, pero, al mismo tiempo, sin determinar cuál va a ser el modo en que se va a repartir esa ayuda económica; da igual si se gasta en leche como en adoctrinar a niños para combatir en guerras.
Sea como fuere, yo estoy contento de que el Premio Nobel de la Paz haya sido otorgado este año al presidente Obama. Dárselo a él es como dármelo a mí, porque yo también tengo muy buenos deseos y palabras para el mundo. Es cierto que el mundo no ha cambiado en nada desde su llegada al gobierno, pero suena mejor. Lo mismo que le sucede al propio Premio Nobel de la Paz, que suena bien, pero que en la práctica no sirve para nada.
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